POR CORREO ELECTRONICO HE RECIBIDO ENLACE A ESTOS CUATRO ESCALOFRIANTES VIDEOS, yo al menos no tenia constancia de que un aborto se ejecutara de esta manera tan brutal.
EL GRITO SILENCIOSO
Amalia tras leer varios artículos de Don Alejo, me ha pedido que publique este que le ha parecido interesante
ARTICULO DE DON ALEJO FERNANDEZ PEREZ DE MERIDA
DOMINGO, DIA DEL SEÑOR ?
El Papa Benedicto XVI nos ha recordado que el principal enemigo de la Iglesia católica esta dentro de ella. Somos los católicos seglares, sacerdotes y otras jerarquías que vivimos de espaldas al Evangelio. El ejemplo de vida que damos ahuyenta y escandaliza en gran manera a creyentes y no creyentes.
EL Señor, el séptimo día, descansó, tras crear al mundo, leemos en el Génesis. Desde entonces hombres y animales deben descansar un día a la semana. En los tiempos bíblicos quienes incumplían esta ley eran castigados incluso con la muerte. Pero
¿Qué es el domingo o los días declarados festivos por la Iglesia para el hombre de hoy? En un mundo cada día más secularizado y más alejado de Dios nos encontramos que:
a. La Iglesia permite que la Misa pueda ser dicha el Domingo y el Sábado. También el día festivo y el anterior lo cual facilita bastante su cumplimiento, pero
b. Los domingos y festivos, Familiares y amigos nos dedicamos especialmente al ocio y diversiones: Caza, pesca, deportes, turismo, chalet, campo, etc. Al Señor le hemos olvidado en nuestras vidas. No cuenta.
c. En cualquier catecismo encontramos lo que la Iglesia y el Señor nos dice respecto a los domingos ( Ver Catecismo de la Iglesia Católica 1166 al 2195) Resumiendo : Cada siete días hombres y animales deben descansar y recuperarse; dar culto exterior visible público y regula al Señor, es una fiesta universal de precepto. En estos días se debe practicar la caridad con nuestros hermanos necesitados, estimular nuestra formación religiosa. La oración en comunidad une espíritus y almas. Fomenta el conocimiento y concordia entre los fieles, visitamos a enfermos y familiares, etc.
d. Exponemos a continuación el resumen sobre el domingo del “Catecismo de la Iglesia Católica” que, junto con la Biblia, debería ser nuestro libro de cabecera. Ver
http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P7O.HTM
2189 Guardarás el día del sábado para santificarlo‟ (Dt 5, 12). „El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor‟ (Ex 31, 15).
2190. El sábado, que representaba la coronación de la primera creación, es sustituido por el domingo que recuerda la nueva creación, inaugurada por la resurrección de Cristo.
2191 La Iglesia celebra el día de la Resurrección de Cristo el octavo día, que es llamado con toda razón día del Señor, o domingo.
2192 „El domingo ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto„ (⇒ CIC can. 1246, 1). „El domingo y las demás fiestas de precepto, los fieles tienen obligación de participar en la misa‟(⇒ CIC can. 1247).
2193 „El domingo y las demás fiestas de precepto... los fieles se abstendrán de aquellos trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del Señor o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo„ (⇒ CIC can. 1247). 2 2194 La institución del domingo contribuye a que todos ( camareros, deportistas, vendedores,…) disfruten de un „reposo y ocio suficientes para cultivar la vida familiar, cultural, social y religiosa„ (GS 67, 3).
2195 Todo cristiano debe evitar imponer, sin necesidad, a otro impedimentos para guardar el día del Señor. (Propietarios de bares, cines, teatros, futbol,…No trabajarían si los católicos no fuesen a comprarles o venderles)
Capitalismo y marxismo, por diferentes razones, tienen una meta común: Los primeros, liquidar el domingo como día del Señor para poder seguir comprando, vendiendo y divirtiéndose; y los otros hacer del domingo un día cualquiera para borrar al Señor de nuestras vidas. “La lucha por abolir el domingo se repite allí donde olvidamos el verdadero sentido del hombre, del mundo, de la historia y de Dios. Juan XXII dijo que “…descansar los domingos ayuda a superar la tentación materialista, y permite a las familias y a las sociedades contar, cada semana, con un día enteramente dedicado a los valores más elevados de la existencia humana, a Dios y al cultivo de las riquezas del espíritu”.
Hoy, cumplir debidamente con el domingo supone ir contracorriente de la sociedad. Será difícil y duro, pero es posible contando con la gracia del Señor. Si los no creyentes han podido crear su ambiente con la ayuda del diablo, ¿no podrán los cristianos crear el suyo con la ayuda de Cristo? Muchos católicos siguen con rigor creciente el camino evangélico; pero no podemos olvidar que desde Lutero hasta hoy estamos contemporizando y levantando tanto la mano en el cumplimiento de nuestras obligaciones, que propios y extraños nos están perdiendo el respeto y burlándose impunemente de la Iglesia.
En la crisis económica y, sobre todo, religiosa y moral que estamos atravesando no hay alternativas: O somos católicos o somos otra cosa. En los Evangelios leemos: “O con Cristo o contra Cristo” , “Nadie pude servir a dos señores” y "Conozco tus obras y no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Por eso, porque eres tibio, porque no eres frío ni caliente estoy para vomitarte de mi boca” El tiempo de discutir se acaba y, al final, “se nos juzgará por… nuestras obras”
Mérida (España), 30 de julio de 2010
Alejo Fernández Pérez
ARTICULO DE DON ALEJO FERNANDEZ PEREZ DE MERIDA
MENTIR. MENTIRAS
La mentira, el mentir existe desde el principio de la creación. Empezó con un tal Satanás, engañando a Adán y Eva con una manzanita que les aseguró contenía propiedades milagrosas, y tantas, que los haría iguales a Dios.
Si vamos a hablar de Dios, advirtamos a los no creyentes que este escrito no es para ellos; a no ser que duden y deseen honestamente encontrar la verdad.
Adán y Eva picaron en el anzuelo y a partir de ese momento Yahvé los convirtió en los hombres y mujeres de hoy. Tan igualitos, que si queremos comer tenemos que levantarnos temprano, ir al duro trabajo – los que lo tienen- pasar enfermedades, pelearnos con nuestros vecinos y familiares, matarnos entre si para tener la finca más grande, el coche más potentes y más dinero que ningún otro, etc.
Para conseguir ese fin disponemos de armas poderosas: La mentira es una de las más potentes. Como todas las armas tiene su parte mala. Hay que ser muy inteligentes y estar bien entrenados para que resulte efectiva, y casi siempre, rebota y nos pueden alcanzar sus efectos. Es como escupir al cielo, la saliva termina cayéndonos en la cara.
Desde el principio de los tiempos la mentira, el engaño, los bulos, los cuentos, los enredos, los infundios,…se consideran practicas nefastas, y los mentirosos son perseguidos por la sociedad y castigados por las leyes. Su uso continuado y propagado por los gobernantes hace tambalear los fundamentos de toda sociedad, degradándolas y arruinándolas. Por ello, todas las religiones la consideran “pecado”, falta grave contra los mandamientos de Yahvé, y la Justicia de todos los pueblo las persiguen y castigan especialmente cuando causan daños graves a los demás
Pero aquí está, entre nosotros, y cada día más extendida y peligrosa, pues las palabras engañosas pueden llegar simultáneamente a todas las partes del mundo de forma inmediata. Como las bombas atómicas sus radiaciones y efectos pueden cubrir continentes enteros y causar crisis económicas, originar guerras, elevar los precios de las materias primas, causar hambrunas, enfrentar a los seres humanos entre sí y convertir al mundo entero en un verdadero infierno.
Los políticos de cualquier país suelen ser las personas que más utilizan las mentiras ,cuyos efectos se pueden dejar sentir rápidamente en millones de personas. Parte de la culpa hay que achacársela a unos ciudadanos que les exigen imperiosamente: Queremos una casa digna ¡ya! , trabajos para todos bien pagados y fijos ¡ya!, ¡ Educación y médicos gratis ¡ya! …Y claro, el político de turno no va ser menos que los que más prometen…y prometen, y prometen. ¿Después…? Lo de siempre
Francamente grave se está mostrando la engañosa política socialista- digamos mejor la de ZP- en España. La mentira, la propaganda engañosa, las medias verdades, la ocultación de datos, los eslóganes y pancartas revolucionarios, el uso torticero de las palabras,…han alcanzado tal nivel que se han convertido en estudios universitarios. Los marxistas convirtieron a la mentira – 2ª KOMINTERN- en una de sus armas más peligrosas. Con razón Stalin afirmaba que «de todos los monopolios de que disfruta el Estado, ninguno será tan crucial como su monopolio sobre la definición de las palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario». No hay más que ver el destrozo que ha causado ZP en el diccionario español con su talante, democracia, mayoría, matrimonio, paz, nación, patria, y mil palabras más que ya nadie sabe lo que significan.
“La mentira es letal en los países totalitarios fascistas, marxistas o sus primos, en los que se refleja muy bien adónde puede llevarnos un estado que lo controle todo, desde la educación, la cultura y la ciencia a las publicaciones y los medios de comunicación. Otorgarle un poder tan omnímodo a quien no puede hacer valer sus razones más que mediante un aparato coactivo irresistible es peligrosísimo”.
Lo realmente malo de la mentira es cuando esta se convierte en ideología y penetra en la mente de personas sencillas trasformándolas en autómatas. Tras la caída del muro de Berlín, que acabó con todas las ideologías, hoy no nos quedan más que políticos y ciudadanos despistados que solo piensan en el voto, que les dará el poder, y con el poder la caja, y con la caja la gloria, la fama y el ser considerados como dioses, dioses que a los tres días exigirán obediencia dogmática y adoración. Quienes se nieguen a adorarlos serán arrojados a los infiernos de la soledad política, laboral y económica.
La verdad es una virtud, contraria al pecado de la mentira. Desde hace tres mil quinientos años apareció en los Diez Mandamientos, que junto a los Evangelios de Cristo han creado la única forma original de comportarse los humanos en la tierra, y el mejor de los caminos para seguir viviendo eternamente. Y esto lo siguen creyendo todos los cristianos- miles de millones- desde que Cristo, el Hombre-Dios paso por el mundo, dividiendo su historia en antes y después de Cristo.
Pero ¿Qué es la verdad? El mejor y más famoso de todos los hombres, Cristo, nos lo ha dicho “ Yo soy el camino, la verdad y la vida” Luego la verdad absoluta y eterna es una persona, Jesús. No es una idea, argumento o razonamiento. Es el creador de todo lo visible e invisible. Millones de cristianos de todos los tiempos lo han creído y así lo siguen creyendo. ¿ Y los que no tienen fé, los no creyentes, los materialistas? Los creyentes tenemos la obligación de rezar por ellos. Recordar que los misterios de todas las Iglesias no son mayores que los misterios con lo que convivimos en la tierra.¿ Quién sabe lo que es la materia, la electricidad, el nacimiento de un niño,…?
Este Dios en el que muchos no creen, es el único Dios que se considera Padre Nuestro y nos ha llamado hijos. Como en la “Parábola del hijo pródigo” nos espera todos los días, y en cuanto no vea llegar arrepentidos, correrá hacia nosotros ,nos abrazará y nos cubrirá de besos. ¿Nos merecemos tal Padre?
Mérida (España), 23 de septiembre de 2010
Alejo Fernández Pérez
Si te ha gustado el texto tienes la posibilidad de leer mas articulos del autor pinchando sobre el siguiente enlace.
Vimos en el artículo anterior, que lo primero
para la educación de los hijos era el amor entre la pareja
y después el amor a los hijos.
Hoy vamos a ver como ese amor hacia
ellos, es necesario que vaya también acompañados de
gestos. Las palabras son solo palabras y se la lleva el viento.
Es muy necesario que ellos se den cuentan de nuestro cariño
hacia ellos
Ahí está la clave de toda educación. Y de todo
influjo en los seres humanos. Los niños, que son mucho más
listos de lo que creemos, lo saben muy bien y distinguen perfectamente
entre las palabras bonitas y la gente que les quiere de veras. Pero
los adultos parece que no queremos enterarnos. Y un día nos
sorprendemos al ver que los pequeños se han quedado con todo
aquello, menos lo que esperábamos.
Rosario Bofill acaba de contar en un precioso libro -Tiempo de Dios-
una experiencia que seguro que comprenderán y compartirán
muchas madres de familia.
Un día, cuando sus hijas eran ya mayorcitas, quiso comprobar
qué había quedado de su educación en los años
infantiles. Durante ellos, Rosario se había esforzado por
meter en las cabecitas de sus hijas algunas frases que: esperaba
fuesen, para ellas, fundamentales. Palabras como «gracias»
o «perdón” se las repitió tercamente en
aquellos años, confiando en que quedarían impresas
en la blanda cera de sus almas infantiles. Pero cuando quiso comprobar
qué había quedado de todos aquellos consejos, comprobó
que sus hijas no recordaban ni una sola de aquellas frases que ella
esperaba fuesen decisivas. De pronto, una de las niñas dijo:
«Lo que yo sí recuerdo muy bien son los calcetines.»
Ahora la sorprendida fue la madre. «¿Qué pasaba
con los calcetines?» La pequeña lo explicó:
«Tú venías por la mañana a despertarnos.
Nosotras estábamos aún llenas de sueño y de
pereza y sacábamos sólo un pie entre las sábanas.
Entonces tú nos ponían un calcetín. Luego sacábamos
el otro pie y nos ponías el otro, mientras nosotras nos íbamos
despertando. De eso sí tenemos un buen recuerdo.»
La madre se quedó pensando que las palabras eran sólo
palabras y se las llevaba el viento. Y que, en cambio, un gesto
de amor queda para siempre.
Hemos creído demasiado, me parece, en las ideas y poco en
las vivencias, olvidando que el hombre es mucho más que su
cabeza. Y no hemos querido entender -tal vez porque las palabras
son más cómodas que las acciones- que a todos nos
sale por un oído lo que por el otro nos entra y que, en cambio,
permanece lo que nos entra por los ojos y se queda en el corazón.
Tal vez por ello han fracasado o se han quedado cortos la mayoría
de los cambios y las revoluciones: porque la mayoría de los
reformadores se quedaban muy satisfechos cuando habían redactado
preciosos textos que recogían sus ideas, pero no se planteaban
a fondo la reforma de las personas.
Así nos sucedió con el Concilio: se hicieron preciosos
textos y constituciones doctrinales. Pero los cristianos siguieron
sin cambiar. Por eso medio fracasaron casi todas las constituciones
políticas: porque después de enunciarse muy bien todos
los derechos, los ciudadanos seguían siendo egoístas,
ambiciosos, violentos o autoritarios como antes de ellas. Por eso
muchos padres se preguntan dónde aprendieron sus hijos tantas
cosas que ellos no les enseñaron.
Por eso, en cambio, los que se dedicaron a sembrar las infancias
de sus muchachos de gestos de amor saben que, antes o después,
cuando pase el tiempo de las palabras, cuando el viento se lleve
las ideologías que alguien les prendió con alfileres,
lo que les quedará en el recuerdo serán aquellos gestos,
el cariño con que pusieron unos calcetines, la ternura que
hubo durante una enfermedad, el amor silencioso de las horas oscuras.
Cierro ahora mis ojos, ¿y
qué queda de mi infancia? Nada recuerdo de los verbos irregulares,
seguro que no sé resolver los quebrados, me atascaría
en la lista de los ríos de Europa. Pero no he olvidado ni
uno de los rostros de los que me quisieron y me enseñaron
a ser feliz.
EL
PADRE NUESTRO
Antonio Martín
Los cristianos conocemos
bien la oración que Cristo nos enseñó.
Un día el sacerdote escritor José Luis Martín
Descalzo, ideó esta oración “al revés”.
Si la leemos con atención, descubriremos algunas ideas de
mucho interés.
Hijo
mío que estás en la tierra, preocupado,
solo, tentado. Yo conozco de sobra tu nombre y lo pronuncio santificándolo,
porque te amo.
No estás solo, sino habitado por mí, y juntos construiremos
ese Reino del que
tu vas a ser heredero.
Me gusta que hagas mi voluntad,
porque mi voluntad es que tú seas feliz, ya que la gloria
de Dios es el hombre vivo.
Cuenta siempre conmigo y tendrás el pan
para hoy; sólo te pido que sepas compartirlo
con tus hermanos.
Sabes que perdono tus pecados
antes, incluso, de que los hayas cometido.
Por eso haz tú lo mismo con los
que te ofenden.
Y también, para que nunca
caigas en la tentación, aférrate fuerte
a mí y yo te libraré
del mal, querido y pobre hijo mío.
Todos sabéis
que el Padre Nuestro ha sido comentado en miles de ocasiones por
santos y escritores, pero esta es realmente original y nos ayuda
a reflexionar sobre lo que Dios, en lo que podemos alcanzar, nos
está diciendo de continuo a cada uno.
EDUCACION
Y FAMILIA
ANTONIO MARTIN
Todos sabéis
que en nuestras diócesis de Mérida-Badajoz se celebrara
un Congreso sobre la familia, durante los días 7, 8 y 9 de
Noviembre terminando este congreso el día 9 con una concentración
de las familias de toda la diócesis.
Con
este motivo, voy a intentar en diferentes escritos, tocar algunos
temas, variados, referentes a la familia y que quizás tengamos
un poco en el baúl de los recuerdos. Intentaré recopilar
toda la información que este dentro de mi alcance para ponerla
a vuestra disposición.
¿Qué es lo primero para educar en una familia?
Seguro que muchos pensarán que lo primero para educar
en una familia, sería el cariño a los hijos. Esto
es muy importante e imprescindible para la educación, pero
no es lo primero.
Lo primero no es el cariño a los hijos. Lo primero es el
cariño de los padres entre sí. El amarse de verdad,
el vivir el uno para el otro Y en ese ejemplo, en ese espejo es
donde nuestros hijos encontrarán los mejores referentes para
su vida. No es que esto sea lo único. Pero sí lo primero
y la condición de posibilidad de cualquier otra consideración.
En este punto, quisiera reflexionar sobre una cuestión que
me parece de especial importancia y que tiene que ver, y mucho,
con ese quererse de los padres.
Hoy resulta importante la realización personal. Especialmente
en el terreno profesional. Y esto no sólo para el hombre.
Afortunadamente, también lo es para la mujer.
Pero el asunto se complica, y mucho, cuando se piensa que el único
camino de búsqueda de esa realización sólo
se encuentra en el trabajo y por separado, para cada uno de los
cónyuges.
No existe la realización personal en un matrimonio. Lo que
existe, o debería existir, es la autorrealización
de los dos, simultáneamente, y en el seno de su propia familia.
El camino de la afirmación personal de uno se tiene que dar,
como resultado final, en el otro. Porque el matrimonio, formar una
familia, es algo más que vivir bajo el mismo techo.
Hay muchos que dicen que los protagonistas de la educación
y de las familias son los hijos. No estoy de acuerdo. Los protagonistas
de una familia son los padres. Los protagonistas de la educación
también son los padres.
El cariño, la autorrealización, un proyecto de vida
común entre los padres es el punto de partida que debe darse
para pensar, después, en cómo educar a un hijo.
El niño de navidad
Por Antonio Martín Batuecas
SE ACABÓ LA NAVIDAD
Es
momento de ver si la Navidad que acabamos de vivir, ha pasado
como tantas otras al baúl de los recuerdos. Los belenes,
los adornos, el árbol de Navidad, ya están
guardados en los armarios hasta el próximo año.
Nos quedan, junto con un montón de dulces que no
hemos podido acabar, algunos kilos de más y, si hemos
sido buenos, algún que otro regalo que nos trajeron
los Reyes. Incluso el niño que nos nació acabamos
de dejarlo en el Jordán ya crecido y bautizado.
Pero ¿qué hay de ese niño que debió
nacer en nuestro corazón? ¿Qué hay
del gozo de que el mismo Dios se hiciese carne para volver
a restaurar nuestra imagen y semejanza con Él? ¿Qué
hay de la alegría de la redención que promete
ese niño?
Ese niño que nos nació debemos alimentarlo,
debemos cuidarlo, debemos llevarlo a médico cuando
esté enfermo. Ese niño debe cambiarnos la
vida. Debemos estar pendiente del mensaje de Cristo.
Volveremos a la rutina del trabajo diario a los madrugones,
al estrés, la fatiga. El cansancio y las ganas de
volver al hogar serán las mismas que antes…
pero al llegar a casa estará esperando un niño
que nos nació y que decidimos darle cobijo.
No podemos ver este nacimiento como un juguete de los Reyes
Magos, como una mascota. Ese niño, nos dará
malas noches, nos cambiará los planes, nos sacará
de nuestra vida cómoda, nos hará abandonar
cosas que hasta ahora pensábamos necesarias…
pero también nos conquistará con su sonrisa,
nos consolará con su ternura, nos alegrará
con su cariño y nos amará hasta el extremo.
Los que hemos acogido a Jesús, no podemos seguir
como si esta Navidad no hubiese ocurrido nada.
Hoy he visto al Señor.
Félix María Martin Puerto
Para
los creyentes la presencia del Señor en nuestras vidas es
real. Creemos que nos ve y nos oye y le hablamos con naturalidad
en nuestros ratos de oración. Y no estamos locos que sabemos
lo que queremos. Ese convencimiento procede de nuestra fe porque
a Dios no se le ve con los ojos. Tampoco es probable que oigamos
voces interiores o entremos en éxtasis. Al Señor se
le oye con el corazón, en el silencio y con la reflexión
tranquila de sus palabras. Y pensando en nuestras cosas, en nuestros
seres queridos, en nuestros defectos y virtudes, se nos ocurrirán
cosas que podemos hacer mejor, personas a las que podemos ayudar,
nos daremos cuenta de tanto por lo que estar agradecidos y tanto
por lo que pedir perdón. Cuesta estar en silencio, pararse
a pensar y reflexionar pero vale la pena. No podemos esperar acontecimientos
extraordinarios porque el Señor no se manifiesta así.
A Jesús lo encontramos en la rutina, en el día a día,
en el trabajo, en las tareas de la casa, en el cuidado de nuestras
familias, en la misa (por aburrida que se nos haga), en el pan y
el vino. Todo muy normalito.
Sin embargo, a veces el Señor nos hace un regalo, como
ese caramelo que se encuentra un niño sin esperarlo. Lo
que era un día más, una misa más, una Navidad
más, se convierte en algo extraordinario. Y ese día,
ves al Señor más claro que nunca. Y sus palabras
se hacen realidad con más certeza que nunca. Y cuando te
pasa eso, te apetece contarlo, te satisface compartir tu alegría
con otros y deseas que los demás también lo vean,
que no se lo pierdan.
Pues, creo que esto nos pasó a muchos el día de
Nochebuena en la misa del gallo en Calamonte. Aquello no fue una
misa más. Ese día el Señor se manifestó
de forma especial. Las lecturas nos hablaban de alegría
por el nacimiento de Dios y la alegría se veía en
los rostros de los que estábamos allí. Y no era
por la comida y la bebida, ni por los regalos, ni las vacaciones.
Nos hablaban de que el Niño uniría a todos los pueblos
de la tierra en una gran familia y allí se vivió
esa unidad. Nadie se sintió solo. Fuimos una familia. Todos
sintieron el cariño de los demás. Nos acordamos
de los enfermos y sentimos de corazón que no estuvieran
allí y sin decirlo con los labios les consolamos: ánimo,
vuestro dolor también es nuestro, no es indiferente, en
lo que podamos os ayudaremos, aunque sólo sea rezar. Y
recordamos a los que ya no están con nosotros y vimos alguna
lágrima y dijimos: yo sé cómo te sientes,
te acompaño en tu dolor, ten confianza porque tu ser querido
ya está con Dios. Y las voces y los instrumentos del coro
sonaron como nunca porque estaban cantando al Niño Dios.
Y muchos dijeron “Feliz Navidad” sabiendo lo que decían.
Y luego en casa, al leer la bendición de la mesa que nos
dieron, pensamos: pues es verdad, el Niño Jesús
nos hace mejores, nos acerca a los demás, nos vuelve alegres.
Muchos cristianos de todos los tiempos, desde los pastores que
lo encontraron primero a los
que estuvimos en la misa del gallo, han dicho: hemos visto al
Señor. Cada uno que lo piense. Y si lo pide con fe podrá
decir un día de estos: yo también lo veo.