PODREMOS LEER LAS ORACIONES PRONUNCIADAS EN
ESE DIA
27
Septiembre 2007
PREPARARNOS
PARA ORAR
De nuevo comenzamos, nuestra oración semanal un
curso más. Nuevamente vamos a estar todos unidos, un ratito
cada jueves junto al Señor, como verdadero hermanos.
Vamos a ir conociendo un poco más en profundidad, cada
jueves, como orar, como abandonarnos al amor de Dios.
La oración es un diálogo íntimo, profundo,
con el Señor: hablar con Dios como se habla con el mejor
de los amigos. Tenemos pues que acercarnos a la oración,
a la luz de la amistad, porque la oración es ante todo,
una amistad que se dice, una amistad que se expresa. Pero la oración
es mucho más que un dialogo con palabras; es sobre todo
un dialogo de vida. En ella Dios nos da y nosotros nos ofrecemos
a Él.
Ciertamente cuando comenzamos a orar quedamos atrapados a menudo
en nosotros mismo, por nuestras necesidades, y hablamos a Dios
de nosotros¸ le pedimos cosas, incluso explicaciones sobre
los acontecimientos que nos suceden. En estos momentos estamos
demasiado centrados y concentrados sobre nosotros mismos e incluso
buscamos poner a Dios a nuestro servicio.
Dios quiere que se le ame gratis, no quiere que se le ame porque
nos da algo fuera de sí, sino porque se nos da a sí
mismo. Luego, cuando invocamos a Dios para que nos de algo, no
invocamos a Dios, invocamos lo que queremos que nos mande. Cuando
decimos: Dios, dame dinero, dame bienestar, dame salud, no queremos
que el mismo Dios venga hasta nosotros, sino lo que pretendemos
es que esa riqueza, esa salud o ese bienestar son las que vengan
a nosotros. Invocamos lo que queremos que venga a nosotros, pero
no invocamos Dios. Queremos tener el arca llena y vacía
la conciencia. Dios no llena el arca, sino el corazón.
Para orar y orar bien, es necesario desasirnos de nosotros mismos
y mirar solamente a Dios. La oración es la expresión
del amor. Allí donde falta amor, la oración se hace
imposible. Se aprende a orar, como se aprende a amar. La oración,
la verdadera oración, esta toda ella orientada hacia Dios,
y este deseo de orientar nuestra oración hacia Dios, es
efecto solamente de la conversión. Por eso no podemos separar
nunca, oración y conversión.
La mayor dificultad de la oración es que no sabemos experimentar
el amor de Dios hacia nosotros. Dios nos ha amado el primero,
así pues la oración es la repuesta a este amor que
Dios nos muestra. Y Dios nos habla, nos manifiesta su amor en
lo más profundo de nuestro corazón.
Una de las primeras condiciones para orar, es precisamente la
misma que se requiere para que nuestras relaciones sean de calidad:
saber abrir nuestro corazón a los demás y saber
acogerlos. Quién no necesita a nadie, quién hace
su vida encerrado en sus propias posibilidades, no escuchará
a nadie, y menos a Dios.
Es cierto que el Señor nos manda orar siempre. La oración
es la vida del alma. Dejar de orar es dejar de amar, darse de
baja en la vida. No obstante, orar no es decir oraciones sin interrupción,
sino hacer que el deseo de nuestro corazón no cese de estar
orientado hacia Dios. Orar es desear a Dios.
ORACION.-
Señor,
en el silencio de este tarde
quiero aprender a orar.
Hoy
quiero mirar el mundo
con ojos llenos de amor;
ser paciente, comprensivo,
humilde, suave y bueno.
Ver detrás de las apariencias a tus hijos,
como los ves Tú mismo, para, así,
poder apreciar la bondad de cada uno.
Cierra
mis oídos a toda murmuración,
guarda mi lengua de toda maledicencia,
que sólo los pensamientos que bendigan
permanezcan en mí.
Quiero
ser tan bien intencionado y justo
que todos los que se acerquen a mí,
sientan tu presencia.
Revísteme
de tu bondad, Señor,
y haz que durante mi vida
sea un autentico reflejo tuyo.
LECTURA.- (Mt. 6, 5-14)
REFLEXION
¿Dejo cada día durante algún tiempo mis
ocupaciones para ponerme ante Dios en el silencio de mi corazón?
¿Me dirijo a Dios por amor o por interés personal?
¿Estoy convencido de mi conversión cuando oro?
¿Veo en las peticiones del Padre nuestro la luz que me
permite ver con claridad lo que debo pedir a Dios?
PLEGARIA.-
Padre
nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
COMPROMISOS.-
Esta noche nuestro compromiso, es que cuando oremos, nos vamos
a desentender de todo y vamos a tener en cuenta solo a Dios. Que
nuestra oración sea una conversación con Dios.
Nos comprometemos a comprender y asimilar, que cuando leemos,
nos habla Dios y cuando oramos hablamos nosotros a Dios.
Decíamos
el jueves pasado que la oración era una conversación
con Dios. Pero para conversar con alguien es necesario, primero,
sentirlo cerca de nosotros. Y he aquí, como nosotros, la
mayoría de las veces no experimentamos a Dios. Y todo es,
porque, cuando hablamos con Él, nos parece ausente, lejos
de nosotros, como si nuestras palabras cayesen en el vacío.
Dios, no es para nosotros una realidad abstracta, sino una persona
con la que se puede verdaderamente conversar. Dios tiene un corazón
que late como nuestro corazón. Más aún Dios
va de camino con nosotros, nos acompaña a todos lados.
Para orar y orar bien, no es suficiente con que Dios se dirija a
nosotros, es absolutamente imprescindible que seamos sensibles a
su presencia, que lo sintamos muy cerca de nosotros.
Para conocer a Dios, para experimentarlo cerca de nosotros es necesario
comenzar por amarle, más aún, es necesario hacernos
amor, porque Dios es amor, y por esto, se da, se ofrece enteramente
a nosotros.
El mayor problemas que se nos presenta, en el momento de orar, es
precisamente el ser sensibles a este amor de Dios hacia nosotros,
el sentirnos amados por Dios.
A medida que nos volvemos amor; tenemos la experiencia de Dios.
Por lo tanto, aprender a orar, es aprender a amar. Para vivir con
Dios, para entrar en comunicación con Él, no es suficiente
reflexionar; es sobre todo saber darnos, ofrecernos. Dios se nos
da, pero en la misma medida que nos damos a Él y a los demás.
Pero el amor no se reduce a hacer cosas por alguien; es entrar en
comunión con él, alegrarnos de su presencia, vivir
sus problemas y sus necesidades.
La oración es asunto del corazón. Es ahí, en
el corazón donde Dios nos habla y donde tenemos que dirigirnos
a Él. Para orar es necesario entrar en el corazón.
El corazón es, en primer término el centro de nosotros
mismo. Es el centro donde se originan las operaciones más
personales de nuestras decisiones, de libertad y de amor. El corazón
es la raíz más profunda de todos nuestros comportamientos.
Pero con frecuencia, y mucho más de lo que nos parece, hacemos
nuestra vida a partir de lo exterior, de lo que se dice, de lo que
hacen los demás, de la moda del momento. Y en lugar de vivir,
somos vividos; no somos sino el antifaz de nosotros mismos. Para
encontrar a Dios y entrar en comunicación con Él,
es necesario comenzar por ser nosotros mismos. Dios es la verdad
y para entrar en comunión con Él, es necesario ser
verdad. Ser verdaderos, ser nosotros mismos, es la primera condición
para orar. Pero por desgracia huimos de nosotros mismos con mucha
frecuencia. Y como Adán intentó esconderse de Dios
tras los árboles, así también nosotros buscamos
ocultarnos de Dios, presente en nuestro corazón.
Es cierto que la voz de nuestro corazón no para de gritarnos
la presencia de Dios. Pero con frecuencia no le prestamos mayor
atención; nos hacemos los sordos.
El mayor peligro de nuestra vida de oración es la perdida
de deseo, es el desaliento frente a las dificultades. En ese preciso
momento, no tenemos ningún deseo de orar. Es la presencia
de la muerte en nuestra vida. En estos momentos tenemos que escuchar
la voz de Dios que nos dice, como en el Evangelio. Levántate
y anda. Esta noche el Señor nos invita a levantarnos, a ponernos
en camino, Esta noche Él viene en nuestra ayuda, nos invita
a vivir, nos invita a amar. Pensad esta noche, que Dios, siempre
será para nosotros, portador de un mensaje de vida. Y todo
esto, gracias a la oración.
ORACION.-
Padre,
que hermoso es estar en tu presencia, orando, dándote gracias
y aclamándote, porque eres nuestro Dios, y estás
presente esta noche en medio de nosotros.
Tú nos conoces a cada uno de los aquí presentes
por nuestro propio nombre, conoces toda nuestra historia personal.
Te has manifestado en el hijo, Jesucristo, como palabra liberadora.
Tú tienes para cada uno de nosotros la palabra exacta,
la palabra de vida.
Por Jesús, el salvador del mundo, te hemos conocido y con
Él te adoramos en todo tiempo y lugar, pero muy especialmente
esta noche y en esta Iglesia.
Jesús, nos ha enseñado a hablar contigo, ha buscarte,
donde de verdad te encuentras, no solo en estos templos de piedra
y ladrillo, sino mucho más en el fondo de la vida de cada
persona que nos rodea.
El mundo, es tu templo, cada persona es tu templo, y, en esos
templos es donde de verdad quieres que te adoremos y te reconozcamos,
LECTURA .- (Mc. 12, 28-34)
REFLEXION.- ¿Soy, yo sensible a la presencia de Dios?
¿Cuándo oro, estoy aprendiendo a amar a los demás?
¿Vivo mi vida a fundándola en lo que me rodea, o
la vivo según me dicta mi corazón?
¿Cuándo oro, soy yo mismo, o estoy utilizando una
careta ante Dios?
PLEGARIA.-
Nos
unimos, Padre, a los hombres y mujeres, que en estos momentos
están en contacto y hablando contigo para alabarte y bendecirte
como te mereces.
Además te pedimos en nuestra oración por todos aquellos
que aún sin conocerte están construyendo tu Reino.
Hay hombres y mujeres de buena voluntad, que son un modelo de
compromiso, aunque no hayan sido impactados por la fe.
Hay vecinos en nuestra comunidad, que aunque estén un poco
alejados de la iglesia, apoyan y ayudan desde su silencio, muchas
veces más que nosotros.
Te pedimos que nunca nos consideremos los mejores y que coincidamos
en el amor y en el servicio, por encima de toda mentalidad e ideologías
partidistas.
Únenos a todos en la oración y en el empeño
de establecer tu Reino en esta tierra, a pesar de la pluralidad
de ideas y de criterios, porque tú Señor, eres un
misterio de unión y de cariño.
COMPROMISO Esta noche nos comprometemos ante ti, Señor, a
transformar nuestra oración en amor, pues si nuestra oración
no es amor de nada nos vale.
Nos comprometemos a amar a los demás, con un amor verdadero
y profundo, pues sabemos que si no amamos a los demás,
por muy duro que nos resulte, tampoco te amamos a ti.
Seguimos, un jueves más, intentando penetrar con
más profundidad en nuestro contacto con Dios, en nuestra
comunicación con Él, es decir en nuestra oración.
La oración, no es solamente ver y escuchar a Dios, en la
Iglesia, en nuestro corazón o en los demás, tenemos
que ver y escuchar a Dios en toda la creación. Dios nos
habla a través de todas las cosas. Efectivamente, Él
ha creado todo. Todo es signo, todo es Palabra de Dios. Tened
en cuenta que crear no es hacer las cosas una vez por todas. La
creación es una acción permanente. Dios nos ha creado,
pero no se aleja de nosotros; se queda presente; nos tiene y sostiene
en sus manos.
Todas las cosas, por hecho de ser, tienen relación con
Dios. Las cosas de este mundo, como perecederas, no nos deben
retener nunca; todo lo contrario, si sabemos escucharlas ellas
nos remiten a Dios. Ellas son los signos de Dios, y los signos,
como todo sabéis, siempre nos acercan, siempre nos llevan
a lo que significan, precisamente por eso son signos. Por eso
cada vez que nos acercamos a cualquier cosa, tenemos que ver en
ella a Dios, el signo de Dios, la palabra de Dios. Precisamente
por eso no podemos quedarnos en el signo, no podemos pararnos
en él, tenemos que continuar hasta lo que significa. Dios.
Pero todo esto es muy difícil, y más en nuestros
tiempos... ¿Por qué?.. Porque nos falta el sentido
de la contemplación. Estamos tan atrapados por el trabajo,
por el éxito, por todo lo que nos rodea, que solo miramos
todas estas cosas que Dios ha creado, incluyendo la mayoría
de las veces también a las personas, a la luz de la utilidad
y la eficacia. Nuestra mirada se ha vuelto una mirada fría,
y bajo esta mirada ni las personas ni las cosas, son miradas por
nosotros como un misterio, como un signo, como palabra de Dios.
Todo es para nosotros un instrumento, todo queda reducido a un
estado de objeto inerte, expuesto a nuestra tasación, destinado
a ser transformado y utilizado. Nos estamos dejando llevar por
la corriente materialista. Para nosotros las personas valen más
por lo que tienen que por lo que son. Le damos más importancia
al tener que al ser. Si me vales para algo, si me puedo aprovechar
de ti, si me eres útil para algo, te admito, si no, eres
un estorbo, para nada me vales.
Hemos perdido el sentido del misterio. Pasamos unos al lado de
los otros, sin mirarnos, cada uno obsesionado por los intereses
del momento. Es preciso que reencontremos el sentido de la admiración.
Tenemos que acoger a todos los hombres y a todas las cosas con
ojos nuevos con los ojos de Dios. Es necesario saber mirar todo,
con la mirada de Dios.
Dios nos habla también por medio de los acontecimientos
de la vida. Dios dirige y gobierna todo, y todo se vuelve llamada
de Dios. Toda experiencia sensible es una llamada que Dios nos
hace para retornar a Él. El problema que se nos plantea
es el de saber descifrar, discernir este sentido divino de los
acontecimientos. La primera de las condiciones para sentir a Dios
en la contemplación del universo, es el silencio, pero
un silencio que nos abre a los acontecimientos de la vida. Un
silencio de escucha y atención. Si leéis atentamente
el Evangelio, observaréis que es verdaderamente llamativa
la insistencia con la que nos invita a la vigilancia, a estar
en vela. De alguna forma San Marcos hace de la vigilancia, el
testamento de Jesús. La vigilancia es en primer lugar la
aptitud del que está en vela.
Pero la vigilancia exige una disponibilidad interior; el silencio
y el recogimiento.
Vigilar es aprender a escuchar, y escuchar es abrirse al otro;
es la aptitud del discípulo, la aptitud de aquél
que se deja instruir por otro. Escuchar, es saber acoger. Dios
no cesa de venir a nosotros, pero no se impone jamás. Se
da a quién lo busca, a quién presta atención
a su presencia. El problema del encuentro con Dios, nunca es de
Dios, pues todo como he visto nos habla de Dios, nos invita a
amarle, nos llama a volver a Él. El problema de nuestro
encuentro con Dios, radica en nuestra capacidad de esperarle,
de prestarle atención. Por tanto acoger en nosotros la
palabra de Dios, en todo lo que nos rodea, es transformarnos nosotros
mismos en alabanza. No podemos guardar para nosotros aquello que
sentimos dentro de nosotros y por eso tenemos que comunicárselo
a los demás, con nuestras palabras, con nuestra aptitud
y con nuestro ejemplo, y así llegar a dejar que Dios se
exprese a través nuestra. ORACION.-
¡Tarde
te amé Belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé
¡
El caso es que tú estabas dentro y yo estaba fuera.
Y fuera te andaba buscando, y yo, deforme como era,
me abalanzaba sobre la belleza de tus criaturas.
Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Me tenían prisionero, lejos de ti, aquellas cosas que sin
ti no existirían.
Me llamaste, me gritaste y desfondaste mi sordera.
Relampagueaste, resplandeciste y tu resplandor disipó mi
ceguera.
Exhalaste tus perfumes, respiré hondo y suspiro por ti.
Te he paladeado, y me muero de hambre y de sed.
Me has tocado, y ardo en deseos de tu paz.
LECTURA.- (1Tes. 5,12-22)
REFLEXION.-
¿Considero las cosas y las personas como un instrumento
a mi servicio?
¿Escucho a Dios en todos los acontecimientos de
la vida?
¿Escucho la palabra de Dios, a través de
todo lo creado?
¿Veo a Dios en los que me rodean?
¿Intento con mis actos y mi forma de actuar transmitir
a Dios a los demás?
PLEGARIA.-
Padre,
te queremos.
El encuentro de cada jueves contigo nos entusiasma.
Desde que te estamos conociendo,
sabemos que no hay amor
tan limpio y generoso como el tuyo.
Gracias a la fe, valoramos este amor evangélico.
Sabemos que se construye día a día
con silencios y palabras,
con gestos de acogida y de comunión,
con sacrificio y mucha sensibilidad.
Sabemos también que esta palabra tan hermosa, amar,
es muy difícil de conjugar en la vida diaria.
Tú la has elegido para definir tu identidad:
nos has amado el primero.
Tu amor tierno y sorprendente
está por encima de toda comparación.
Padre, bendice a todas las familias
a todos los hombres, a todos los pueblos,
pero de una forma especial, a nuestro pueblo
y a los que cada jueves venimos a acompañarte.
COMPROMISOS.-
Nuestro compromiso de esta noche, Señor, es muy
simple, pero muy difícil. Nos comprometemos a saber escuchar
en silencio. Nos comprometemos a aprender a conocerte y a escucharte
a través de todas las cosas, pero sobre todo en los demás.
Nos comprometemos a verte y escucharte en ellos.
El jueves pasado, veíamos que todo nos habla de Dios.
Todo nos dirige hacia Dios. Pero no podemos acercarnos a Dios como
nos acercamos a un objeto cualquiera. Tenemos que arrimarnos a Dios,
como nos arrimos al fuego: dejándonos quemar.
Hemos repetido muchas veces, y no nos cansaremos de insistir, que
nuestra aptitud delante de Dios ha de ser, ante todo una aptitud
de escucha, de disponibilidad. La misma aptitud de María
en el momento de la Anunciación: “He aquí la
esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra.
Dios viene a nosotros y tenemos que dejarnos transformar por Él.
Tenemos que amar y dejarnos amar. Dios es amor, y porque es amor,
tienes un respeto absoluto por nosotros, jamás nos dirá
“”quiero””, sino sencillamente “”
si tú quieres””. Amar a alguien es vivir de un
modo que se le reconozca, como es, y no por lo que nos gustaría
que fuese.
Dos preguntas, nos hace Dios esta noche a los aquí presentes.
La primera la que Jesús le hace a Pedro: “¿me
amas?, la segunda la que San Juan precisa en su primera Epístola:
“Si alguno dice que ama a Dios y no ama a su hermano, es un
mentiroso.”
Jesús nos pide que amemos a todos, incluso a nuestros enemigos.
Por eso si para orar es necesario amar, quizás sería
bueno que repasásemos un poco nuestra manera de amar, de
nuestro compromiso con nuestros hermanos.
Para muchas personas, amar es sentir una emoción y una atracción
muy fuerte hacia alguien. Es evidente que esta atracción
es muy importante en la pareja y también, aunque de otra
manera en la amistad, pero eso no es la esencia del amor, pues entonces
solo podríamos amar a algunas personas, a aquellas por las
que sentimos alguna atracción. Para otras personas el amor,
es apropiarse de la persona amada. Es servirse de la persona como
un objeto. Esto es porque mezclamos el amor con el egoísmo.
Amar es todo lo contario, no es tomar, es dar. Dar todo, mi inteligencia,
mi corazón, mi vida, todo hasta el límite, Dice Jesús
que no hay mayor prueba de amor que dar la vida por lo que se ama.
En el amor no puede haber distinciones, tenemos que amar a todas
las personas aunque muchas no nos sean simpáticas. Jesucristo
no nos pide que cambiamos nuestra antipatía por simpatía,
eso sería casi ir contra la naturaleza, pero lo que si nos
pide, que deseemos el bien de todos nuestros hermanos sean cuales
sean nuestros sentimientos hacia ellos.
También tenemos que amar aunque no seamos correspondidos.
El amor es gratuito por naturaleza, si no, es un comercio. “Te
doy, si tú me das”.
Amar, para cualquier ser humano es, pues decidir dar la vida por
los demás de manera libre y gratuita, día tras día,
de palabra y de obra. Si esto es el amor para cualquier ser humano.
¿Qué es el amor para un cristiano? Es, por supuesto,
lo mismo. Amor verdadero no hay más que uno. Pero amar cristianamente
es amar como Cristo nos amó, más aún, amar
con el corazón de Cristo, con la vida de Cristo.
El problema para millones y millones de seres humanos es hoy en
día no saber o no creer que Dios es amor y que Él
nos ama infinitamente. Hace dos mil años, Jesús vino
para decírnoslo, pero Él no está, ahora, aquí
físicamente entre nosotros. Entonces, ¿Quién
tiene que repetir hoy que Dios es amor? Nosotros, por pequeños
y débiles que seamos. Porque aceptar ser cristiano, es decir,
discípulo de Jesucristo, es, entre otras cosas, tomar el
relevo de Jesús e intentar, con Él y en Él,
volver a hacer visible y sensible para los demás, el amor
infinito que Dios nos tiene a los hombres.
Amar para un cristiano, es entrar a formar parte, libremente, de
esa gran corriente de vida entregada a Dios y a los hermanos.
Conocer el amor, es conocer a Dios. Quién no sepa lo que
quiere decir amar, escuchar, acoger no encontrará jamás
al Señor, ni su oración será hablar con Dios.
Pensad esta noche, que estaremos cerca de Dios, en la misma medida
que estemos cerca de las personas que sufren y tiene necesidad de
nosotros.
ORACION.-
Dios,
Tú que eres amor,
para bendecirte con sentido,
deberíamos estar enamorados de ti.
Entonces
nos sobrarían las palabras
para expresar nuestro amor y nuestra admiración.
Queremos
decirte, sin embargo, que sentimos algo
que no nos deja vivir tranquilos: tu llamada.
Sabemos
que nos persigues,
que nos esperas a la salida del trabajo,
que te haces el encontradizo en los demás,
que nos acompañas silenciosamente
donde quiera que andemos.
Estás
junto a nosotros, locamente enamorado.
Dios nuestro,
¿Cómo
es posible que nos quieras tanto
y te intereses por cada uno,
como si fuéramos el primer amor que descubres?
Señor.
Si nosotros te amáramos de verdad,
nunca cesaríamos de hablar contigo.
LECTURA.- (1Jn. 3,10-18)
REFLEXION.-
¿Qué es para mí amar?
¿Separo amor y oración?
¿En qué se diferencia mi amor, de cristiano
comprometido?
¿En qué medida estoy yo cerca de los demás?
PLEGARIA.-
Padre
Santo, te bendecimos con todo nuestro ser.
Has querido sembrarnos en los surcos del mundo
para que seamos cosecha de tu amor.
Te has adelantado amándonos primero.
Nosotros también te amamos mucho
y te damos gracias por elegirnos como hijos.
Jesús, tú Palabra renovadora, nos asegura
que nada te agrada tanto como el amor.
Tú eres amor y nos convocas a vivir en el cariño
auténtico.
Todo el mundo busca esta experiencia.
Nadie es feliz lejos del amor.
Padre santo, el amor puro y de calidad viene de Ti,
llega a nosotros como el mayor de los regalos
y se extiende por el mundo en mil gestos de donación.
Padre, te lo pedimos: Consérvanos en tu amor.
COMPROMISO.-
Nuestro compromiso de esta noche es: Amar. Amar con mayúscula,
comprometiéndonos a que nuestro amor, se traduzca en solidaridad,
servicio, respeto y atención a los demás. Nos comprometemos,
como lo primero y más urgente, amarte a Ti, amando a los
demás.
El
jueves pasado veíamos como para orar es necesario amar. Este
jueves meditaremos, como para orar, también es necesario
vivir en la fe.
Muchos de los que seguimos a Jesús, pensamos, que si lo hubiéramos
conocido en su vida humana, que si hubiéramos podido vivir
con Él, hubiera sido mucho más fácil amarle
y comprometerse en su seguimiento. Eso es una ilusión. La
lectura del Evangelio de San Marcos que escucharemos después
nos va a revelar que los apóstoles después de varios
meses de acompañar a Jesús, siguen sin haber descubierto
su verdadera identidad. Tenían que vivir en la fe, como vivimos
nosotros hoy en día. Veían a un Jesús con rostro
cansado de las caminatas, con cara desanimada por la incomprensión
de los suyos. Eso es lo que veían. Solamente lograrán
reconocerlo plenamente cuando reciben el Espíritu Santo.
Nosotros, si estuviera presente físicamente en estos momentos
¿lo reconoceríamos?
Jesús de Nazaret, no está ahora físicamente
con nosotros, por eso no es ese ahora nuestro problema. Nuestro
problema son los hombres que nos rodean.
Los miramos, y no vemos sus verdaderos rostros, porque estamos y
están disfrazados. No vemos más allá de la
carne, no vemos ese otro rostro, que solo una mirada desde la fe,
nos puede revelar, nuestro rostro de hijos de Dios. Porque desde
que Dios en Jesucristo ha tomado rostro de hombre; el hombre en
Jesucristo, tiene la cara de Dios.
Pocas personas van con el rostro al descubierto. En que poco casos,
la cara es el espejo del alma. ¿Por qué somos tantos
los que nos escondemos de nosotros mismos y de los otros? Hombres
enigmáticos, que no revelamos nunca lo que somos. Hombres
paralizados que tenemos miedo a ser nosotros mismos. Corazones enterrados,
vida reprimida que no se expresa más que a golpes de apariencia…..
Pero hay algo peor aún que ponernos mascaras a nosotros mismo,
y es el poner máscara al rostro de los otros, al rostro de
los demás. Todos somos muy rápidos en encorsetar a
los demás. Fulano no es sincero, esa mujer es perversa, ese
joven no hará nunca nada de provecho, y así vamos
poniendo mascaras de mentirosos, de malvados, de perezosos, etc.
Incluso la sociedad, con su poder de información, de formación
de propaganda, de publicidad y de otras diferentes armas, nos va
imponiendo todos nuestros comportamientos.
¿Donde está el hombre en medio de todo esto? ¿El
verdadero, el hombre de carne y hueso? ¿el de vida y Espíritu?
Ese es el rostro que nosotros tenemos que redescubrir, el verdadero
rostro de cada hombre y permitirle expresarse.
Pero los cristianos tenemos que ir aún mucho más lejos,
más allá del verdadero rostro de los hombres intentando
arrancar todas esas máscaras y viendo en sus rostros el rostro
de Dios.
Pero como decíamos al principio, nos encontramos con el mismo
problema de los apóstoles. Nosotros también somos
discípulos de Jesús, también caminamos cerca
de Él y a menudo no lo reconocemos. Porque como los apóstoles
nosotros nos encontramos con:
Rostros fatigados, como el de ese hombre que viene de su trabajo
después de todo el día en su faena, o el de la madre
de familia, que no le queda tiempo para ella, absorbida en las faenas
de la casa.
Rostros desanimados, como el del parado que hace cola buscando empleo
un día y otro y sin conseguir nada, o el del que lucha contra
la injusticia, viendo la indiferencia de los demás
Rostros agonizantes, como el de esa persona anciana que muere sola,
porque no tiene a nadie, o la familia vive lejos y los que estamos
al lado, si asistimos al entierro estamos pensando…que esto
no se alargue mucho
Rostros con gesto de dolor, bajo la tortura, la enfermedad, el hambre….
En todos estos rostros de nuestros hermanos que sufren, debemos
reconocer a Jesús, y así de esa manera ver en sus
rostros, el rostro de Dios.
De esta manera, en nuestra oración, nos vamos acercando a
Dios a través del silencio del recogimiento, del amor a los
demás y veremos en todo lo que nos rodea, pero sobre todo
en los demás el rostro de Dios.
ORACION
A
veces es difícil entender que eres un hombre como yo, y al
tiempo un Dios.
A veces me resultas lejano, tan bueno, tan sabio, tan seguro, tan
comprometido, tan honesto...
Pero
al tiempo te admiro al sentirte tan cercano, tan igual a mí,
tan frágil como yo, con los pies en la misma tierra, con
las mismas ansias e inquietudes, con la misma humanidad, con la
misma sensación de impotencia ante un mundo que puede estar
roto.
Quiero
que mi camino sea tu camino; que mis pasos, aunque vacilen y duden,
sigan tus huellas; que mis opciones sean las que me ayuden a seguir
tu paso en esta vida. Quiero ser un caminante sin otro horizonte
que tu Reino, sin otra meta que tu justicia, sin otra palabra que
tu Evangelio, sin otro amor, que a ti y a todos los demás
hombres.
Ayúdame, Señor, a conocerte en los demás hombres,
a imaginarte, a amar todo lo que tú representas y a ver tu
rostro en todo lo que me rodea.
LECTURA.-(Mc. 9, 2-11)
REFLEXION.-
¿Soy de los que utilizan máscara
ante los demás?
¿Respeto y acepto a los demás
tal como son?
¿Veo el rostro de Jesús en
de los demás hombres?
¿Me preocupo de los que están
a mi lado?
¿En mi oración, siento a
Dios cerca de mí?
PLEGARIA.-
Señor. Quiero amarte en los demás. Quiero ver tu rostro
en la cara de mis hermanos.
Dame
entraña de misericordia frente a toda miseria humana.
Inspírame
el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado.
Ayúdame
a mostrarme disponible ante quien se siente explotado y deprimido.
Que
tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de
libertad, de justicia
y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir
esperando.
Que
quienes te buscamos sepamos discernir los signos de los tiempos
y crezcamos en fidelidad al Evangelio.
Que
nos preocupemos de compartir en el amor, las angustias y tristezas,
las alegrías y las esperanzas de todos los seres humanos,
y así mostremos tu camino de reconciliación, de perdón,
de paz.
COMPROMISOS.-
Nuestro compromiso de esta noche, es verte
a nuestro lado en el rostro de todos los que nos rodean. Nos comprometemos
a ser acogida para todo el que lo necesite y tender nuestra mano
en ayuda de todos, sea cual sea su raza o religión.
Entre
todas las aptitudes que hemos venido comentando durante distintos
jueves, necesarias para nuestra oración, es imprescindible
la Fe. La Fe, es el encuentro con Jesús, y sin fe, no hay
encuentro. Ese encuentro con Jesús es el que nos hace abrir
nuestros ojos, como vemos en los milagros de los Evangelios.
Algunas veces oímos comentar a alguna persona: “Yo
estaba completamente ciego, gracias al encontrarme con fulano que
me abrió los ojos. Ahora mi vida tiene un sentido, no veo
las cosas de la misma manera.”
Eso es exactamente lo que nos pasa a nosotros en el encuentro con
Jesús y que veremos el jueves que viene. Nos cambia la vida.
Pero para eso es necesaria la fe. Pero una fe verdadera, una fe
comprometida. Una fe cristiana.
Hay personas que dicen: Yo tengo fe, soy creyente, creo que hay
algo por encima de mí… Tú crees en un solo Dios,
pero también creen los mahometanos, los judíos y otros
muchos más. La fe cristiana no es eso. Yo estoy bautizado,
he hecho la comunión e incluso he sido monaguillo….
Pues muy bien. Tú puedes haber recorrido gran parte del camino
y haber realizado muchas acciones religiosas, y al final….no
tener fe. A mí me gusta entrar en la Iglesia, cuando no hay
nadie, me recojo y me siento bien…. Eso prueba que eres sensible
y que tienes necesidad del silencio, pero la fe no es un sentimiento.
Para mí, Dios es la mejor explicación sobre el hombre,
sobre el mundo, sobre la vida, sobre la muerte…. De acuerdo,
pero la fe no es solamente la conclusión de un razonamiento.
Entonces, realmente, ¿qué es la fe cristiana? La fe
cristiana es, como nos dice la lectura que escucharemos después,
el encuentro con Jesús de Nazaret y la confianza que ponemos
en Él. “Señor, yo creo en ti”. Reconocemos
en Él al Mesías, hijo de Dios, venido para mostrarnos
y enseñarnos el amor que el Padre nos tiene. Para salvarnos
y para realizarnos como personas. Por eso, la fe, y que nos quede
esto muy claro esta noche, es unirse a una persona y no a una doctrina;
por eso es abrirse a un amor y no tanto respetar unas leyes o unos
mandamientos.
Ante este encuentro con Jesús, quizás muchos de nosotros
nos preguntemos, donde y que día nos encontraremos con Él.
No somos nosotros lo que salimos al encuentro de Jesús, sino
que es Jesús quién sale a nuestro encuentro. Lo que
si tenemos que estar seguros es que Jesús pasa por el camino
de nuestra vida, y lo que es seguro también, que nosotros
solo podremos reconocerlo en determinadas condiciones.
Primero, es necesario ser pobre, pero atención, Jesús
no aplaude la pobreza material, la miseria, aunque diga: Bienaventurados
los pobres. Con estas palabras se refiere a aquellos que esperan
todavía alguna cosa, los que están a la busca de la
verdad… Hay personas, que piensan, que lo saben todo y que
nada tienen que aprender…..Hay personas, que piensan, que
lo tienen todo, y que no necesitan recibir nada de nadie….Hay
personas que son autosuficientes, Se bastan a sí mismos.
Estas personas nunca tendrán un encuentro con Jesús
¿Veis como la primera condición para el encuentro
de Jesús…es ser pobre?
Otra condición que es necesaria, es que Jesús nos
abra los ojos para que podamos reconocerle como Mesías. Nosotros
somos ciegos de nacimiento. Los ojos de nuestra carne, de nuestro
espíritu, de nuestro corazón, son radicalmente incapaces
de ver en Cristo al Hijo de Dios Vivo. Necesitamos renacer, adquirir
otra forma de mirar. Necesitamos ese encuentro con Jesús.
Y ese encuentro es la fe.
Ninguna persona puede dar la fe a otra, ni los padres a los hijos,
ni la mujer al marido ni los profesores a sus alumnos. Está
claro que todo esto puede ayudarnos, y ser el principio para recorrer
ese camino, de la misma manera que nos puede ayudar la presencia
del Señor en el camino de los demás. Pero solamente
Jesús, es el que nos puede abrir los ojos, para llegar a
ese encuentro con Él, que en definitiva, es la fe.
ORACION.-
¡Señor!,
heme aquí postrado esta noche ante ti, a tus plantas, arrepentido
y confuso, como llegó el hijo pródigo a la casa de
su padre.
Cansado de todo, sólo a Ti busco, sólo en Ti hallo
mi bien.
Tú, que fuiste en busca de la Samaritana; Tú, que
abriste los ojos a los ciegos; Tú, que me llamaste cuando
huía de Ti, ábreme mis ojos, dame fe, y de esta manera,
poder tener un verdadero encuentro contigo
.
Señor, estoy triste, bien lo sabes, y nada me alegra; el
mundo me parece un desierto. Me hallo en oscuridad, turbado y lleno
de temor e inquietudes...; te busco y no te encuentro, te llamo
y no respondes, clamo a Ti y se acrecienta mi dolor.
¿Dónde
estás, Señor? Búscame, que prometo poner de
mi parte las aptitudes necesarias para tener un verdadero encuentro
contigo.
Pero
no me cansaré, Ahora que te busco y no te encuentro recordaré
el tiempo en que Tú me llamabas y yo huía.
Jesús,
amigo incomparable, cuando el dolor ofusque mi corazón, cuando
los hombres me abandonen, cuando el tedio me persiga y la desesperación
clave su garra en mí, aquí al pie del Sagrario, aquí
y sólo aquí buscaré fuerza para luchar y vencer.
LECTURA.- (Jn 9,1-7,35-41)
REFLEXION.-
¿Qué aptitudes por mi parte, me están
impidiendo un verdadero encuentro Jesús?
¿Pido, como el ciego: ¡!! Señor ¡¡
que yo vea?
¿Veo en los que me rodean la presencia de Jesús en
mi camino?
¿Me hago pequeño y servidor a los demás para
encontrarme en ellos con Jesús?
¿Me considero autosuficiente, para no necesitar nada de nadie?
PLEGARIA.-
Señor,
yo creo, quiero creer en Ti.
Haz que mi fe sea plena:
sin reservas y que penetre en mi pensamiento,
en mi modo de juzgar las cosas divinas y humanas.
Haz
que mi fe sea libre:
que tenga el concurso personal de mi adhesión.
Haz
que mi fe sea fuerte:
sin temor a la contradicción de quien la niega o la discute
Haz
que mi fe sea alegre:
de paz y gozo a mi espíritu,
y lo capacite para orar y tratar con los demás
Haz
que mi fe sea activa:
de al amor las razones y motivos para actuar,
y sea testimonio de esperanza para los demás
Haz que mi fe sea humilde:
que se rinda al testimonio del Espíritu Santo
y que este siempre en comunión con la Iglesia.
COMPROMISOS.-
Esta noche nuestro compromiso es solamente uno: apartar
de nosotros todo aquello que nos está impidiendo un verdadero
encuentro con Jesús. Que en ningún momento, ni por
nada, cerremos nuestro corazón a ese encuentro con Jesús,
a través de los demás.
El jueves pasado meditamos sobre
las aptitudes que hay que adoptar, para poder tener un verdadero encuentro
con Jesús. Este encuentro nos transforma y nos une a Jesús
y a todos los demás hermanos, porque este encuentro, es la
fe. Como decíamos el jueves pasado, la fe es unirse a una persona
y nosotros nos unimos a Cristo y esa unión, esa fe, es la que
cambia nuestra vida.
Cuando una persona recobra la vista, su camino es el mismo, las cosas
que tiene a su alrededor son idénticas, son las mismas personas
que conoce de siempre las que tiene a su lado, pero lo ve y, sobre
todo ve por donde va. El hecho de ver, ha cambiado la vida de esta
persona.
Hay muchas personas que aceptan de hecho vivir toda su vida sin ver.
No se hacen preguntas. Es una rutina diaria, levantarse, coger el
coche, ir al trabajo, dormir………es una rutina que
llega a asquear cada vez a más personas. Es decir no pueden
poner el corazón en lo que hacen, porque su vida no tiene ningún
sentido a sus propios ojos. Están ciegos. Muchas de estas personas
si les preguntamos porque viven, nos responderían.. ¡Por
nuestros hijos¡. Esto es cierto, pero con eso lo único
que hacemos es rechazar el problema y no responderlo. Problema que,
por otra parte, se presenta de nuevo a nuestros hijos y mucho más
agudo porque los jóvenes aceptan cada vez menos el vivir sin
saber porque. ¿A alguno de vosotros, algún hijo os ha
dicho alguna vez?: “Yo no te he pedido que me trajeras al mundo”.
¿Qué le habéis contestado?. Una de las raíces
más hondas de su desconcierto es que nosotros queremos enseñarles
formas de vivir, sin darle primero razones para hacerlo. Enseñarles
primero, porqué vivir.
En este mundo muchos hombres, incluso sin fe, luchan para que todos
los pasajeros de este gran barco, que es el mundo, sean respetados,
sean iguales en su dignidad y estar al servicio unos de otros. Pero
este barco, después de mucho tiempo ha roto sus amarras y perdido
su brújula. Nadie sabe de dónde viene, donde esta, o
adonde va.
No, el problema no está resuelto, y es éste, en definitiva,
el drama de la humanidad actual donde cada vez mas hombre se ven invadidos
por la angustia trágica de vivir una vida de la que no conocen
el sentido.
Necesitamos a Cristo para que nos “abra los ojos”. La
fe, ese encuentro con Jesús y la acogida de su luz, nos permite
ver de nuevo, y ver, desde su punto de vista, es decir ver como Dios
ve.
Ver, que la persona, no para en eso y que tiene que llegar a ser,
no cualquier técnico o científico todopoderoso, sino
mucho más, un hijo de Dios, viviendo la vida de Dios y amando
a todos de la misma manera que Dios ama.
Ver, como la historia humana, es la lenta marcha de todos hacia la
unidad.
Ver, que el universo debe de ser dominado por el esfuerzo colectivo
de los hombres, comprometidos todos en el trabajo humano, y descubrir
que este esfuerzo gigantesco es el de la creación que aún
continua.
Ver, que el sufrimiento y la muerte, han sido vencidos por Jesucristo,
no suprimiéndolos mágicamente, sino entrando dentro
de ellos, para salir al fin victoriosos.
Ver, en definitiva, que todos participamos en esta aventura del mundo,
que todos somos necesarios e imprescindibles y que de nuestros actos
depende el atraso o el progreso de esta vida.
¡¡¡ SI, LA FE LO CAMBIA TODO ¡¡¡
Por ella sé quién soy, hacia donde voy junto con mis
hermanos, y porque lucho.
ORACION.-
Padre,
a veces nos asalta la idea de bendecirte,
por lo que vemos en los grande comercios,
sorprendidos ante tanto avance y desarrollo.
Te
bendeciríamos, sí, por la sociedad del bienestar
si fuera fruto de una imaginación desinteresada
al servicio del bien común y solidario,
y si no generara tantas necesidades falsas
y hábitos de subordinación que engañan y adormecen.
Pero
hemos encontrado personas lúcidas
que desaconsejan lo engañoso de esta cultura.
Nos
hemos encontrado con Jesús y su Evangelio,
que son la alternativa limpia y espiritual
a tanto interés corrompido y áspero.
Nosotros,
Padre, solo queremos seguir a Jesús,
que no tuvo más pretensión que cumplir tu voluntad,
que adoptó posturas de desprendimiento y comunión,
que amó hasta olvidarse de sí mismo.
Por
eso creemos en El, y nos encontramos con El en cualquiera de nuestros
hermanos.
LECTURA.- (Rom. 13, 11-14)
REFLEXION.-
¿He visto con claridad durante estos jueves que
es la fe?
¿Le doy a mis hijos razones para vivir?
¿Veo todo lo que hay a mi alrededor, personas y
cosas, con la misma mirada de Dios?
¿La fe, ha cambiado mi vida?
PLEGARIA.-
Gracias,
Señor, por el don de la fe. Ayúdanos a aprovecharla
como recurso, como motivación que impulsa y entusiasma.
Ayúdanos
a depurarla, superando esquemas infantiles, concepciones deformadas.
Enséñanos
a cimentarla en una religiosidad saneada y auténtica.
Gracias,
Señor, por las provocaciones de la fe: porque nos abre los
ojos, nos descentra de intereses secundarios, para centrarnos en
tu revelación y en tu Reino.
Gracias,
porque la fe, nos proporciona una mirada contemplativa para poder
traspasar la superficie de las cosas y llegar hasta lo profundo
de lo que pasa.
Gracias,
Señor, por el sentido de la vida desde la fe.
COMPROMISOS.-
Mi compromiso de esta noche, es darle la vuelta a mi vida,
me voy a dejar descolocar por Jesús. En este tiempo que vamos
a comenzar de adviento, mi compromiso es prepararme para un gran
encuentro con Jesús, que este encuentro cambie mi vida en
todos los aspectos, y mis aptitudes y comportamiento con todos los
demás, sean quienes sean.
La meditación de esta noche la comenzamos con
esta pregunta: ¿Es peligroso ser cristiano? Ser discípulo
de Jesucristo no es fácil. San Mateo en el pasaje del evangelio
que después escucharemos ha reunido, algunas advertencias
muy claras del Señor: seguirle es exponerse a la persecución.
Quizás penséis que no hay que exagerar, y que eso
es verdad para los cristianos que viven en países donde
los derechos del hombre son pisoteados, pero no para nosotros.
Nosotros no somos espiados, fichados e inquietados por haber acudido
esta noche aquí o por decir públicamente que somos
cristianos, como durante años les ocurrió a los
cristianos de los países comunistas cuando no podían
practicar públicamente el culto.
Claro, que si ser discípulo de Cristo fuera únicamente
venir a misa los domingos, un ratito aquí lo jueves con
el Señor y como mucho, mucho, no hacer ninguna clase de
daño a nadie, respetar lo de los demás, dar un poco
de dinero para la lucha contra el hambre en el mundo y meditar
en el fondo del corazón los misterios del Señor,
es cierto que lo más probable es que no nos molestará
nadie. Pero ser discípulo de Jesús no es solamente
practicar una religión, sino también y al mismo
tiempo, vivir el Evangelio, es decir ponerlo en práctica
con todo lo que somos y hacemos. Si así lo entendemos entonces
corremos el riesgo de que se nos acumulen los problemas y tengamos
que retroceder ¿por qué?
Porque vivir el Evangelio es, en primer lugar dar testimonio con
obras y con palabras de que Jesucristo está vivo, que Él
transforma nuestra vida y la vida del mundo. Pero es también
trabajar con Él, en esas transformaciones. Es amar a los
demás como nos amamos a nosotros mismos, es decir, querer
para los demás lo que queremos para nosotros e incluso
no vivir tranquilo ni feliz en solitario, mientras haya personas
que ni tiene para vivir, y no son felices. Es querer construir
un mundo donde todos nuestros hermanos puedan desarrollarse como
hombres y como hijos de Dios.
Vamos a ser realistas, el que empeña su vida en esta empresa,
la empeña en la lucha, y no en una lucha cualquiera. Porque
combatir con Jesús es batirse respetando a las personas
e incluso amándolas. Es esperar ser atacado por ambos lados,
por aquellos que dicen que luchar no es cristiano y por lo que
declaran que lo único que importar es luchar, no importa
con qué medios, con tal de solucionar los problemas de
la humanidad. Por eso tenemos miedo a comprometernos. Y es comprensible.
Miedo por nuestra tranquilidad, nuestra situación, nuestra
familia; miedo a ser incomprendidos, rechazados, perseguidos etc.
Y esto está pasando a diario y entre nosotros mismos.
Un obrero, ve como se está cometiendo una injusticia con
un compañero y como mucho, mucho no reacciona, eso sino
se pone de parte de la empresa. Lógico, se expone a perder
su empleo. Hay políticos que no están de acuerdo
con lo que hace o dice su partido, pero se callan para que no
le vuelvan la cara sus propios camaradas. ¿Cuántos
colegios religiosos hay concertados que no luchan claramente contra
la Educación para la ciudadanía? Porque? Por miedo
a perder la subvención. Y así podíamos ir
analizando muchos casos más……seguro que en
alguno encalábamos también muchos de nosotros. Veis
como es peligroso ser cristiano. Tenemos miedo. Pero el Señor
nos dice con insistencia: ¡No temáis ¡ primero
porque lo que os da miedo no es lo esencial, y segundo no tenéis
nada que temer, porque yo estoy aquí y os amo.
Entonces….¡ fuera nuestros miedos¡ no nos avergoncemos
de Jesucristo. Vamos a luchar con Él y por Él. No
seamos meros espectadores, sino actores comprometidos. Dios nos
ha entregado un mundo por construir, una humanidad por levantar,
y a todos nuestros hermanos para que los amemos. ¡Con Jesús,
y comprometiéndonos hasta el fondo, construiremos el Reino¡
ORACION.-
Señor,
hoy estamos contentos, porque vemos,
como después de Jesús, son muchos los testigos,
que han contribuido a la unión y a la fraternidad
de los hombres a través de la historia,
dejándonos la herencia de un cielo anticipado.
Son
muchos los creyentes comprometidos,
que han sacrificado su salud y su energía,
poniendo incluso su vida en peligro,
en proyectos humanitarios transidos de Evangelio.
Miles
de voces y de gestos nos aseguran
que tu Reino es de este mundo,
que se ha abierto el tiempo definitivo de tu gracia.
Queremos
ser los que continúen con este trabajo,
transformas nuestras vidas y transformar el mundo,
aunque para ello tengamos que sufrir persecuciones
y estemos en peligro por ser cristianos.
Señor,
Tú has puestos en nuestras manos,
el Evangelio y el futuro de tu Reino,
danos fuerzas para que no defraudemos.
Llénanos de tu Espíritu, para saberlo contagiar
y que nuestro primer empeño,
sea poner todas nuestra fuerzas
al servicio de tu Reino y al servicio de todos los hombres.
LECTURA.- (Mt. 10, 26-33)
REFLEXION.
¿Tengo miedo a vivir mi fe con un verdadero compromiso?
¿Por mi forma de vivir mi cristianismo, puedo
ser perseguido?
¿Está antes mi bienestar que mis obligaciones
como cristiano?
¿Cuáles son los valores esenciales y primarios
para mí?
¿Qué es lo que más temo perder en
este mundo?
PLEGARIA.-
Señor,
quiero gastarme por los demás,
irme entregando a los otros día a día,
en el trabajo en la acción de cada hora.
Quiero
ser esa siembra de trigo,
que cae en la tierra y muere, para dar mucho fruto.
Quiero
vivir como Jesús,
dándome a los demás,
vivir para los demás
y morir por los demás.
Quiero
que el esfuerzo de cada hora,
que me va gastando la vida,
sirva para que los otros tengan más vida y crezcan.
Señor,
quiero que este sea el valor
que tenga mi trabajo desde la fe,
porque quiero ser esa persona que cree
y quiero transformarme a mí mismo y al mundo.
COMPROMISOS:
Esta noche el único compromiso que vamos a adoptar
es: Trabajar por los demás, ponernos a su lado siempre
que lo necesiten, sin miedo a nada ni a nadie, defendiendo sus
derechos, como hermanos que somos y de estar formar poner nuestro
trabajo para transformar el mundo.
Comenzamos nuestra oración. Estos jueves la dedicaremos
a pensar un poco sobre este tiempo tan importante para nosotros.
El tiempo de adviento. El tiempo de Aviento es la entrada al año
litúrgico, pero a la vez, es la preparación para recibir
al Señor. Estos dos motivos nos dan claramente la idea de
lo que tiene que ser para nosotros este tiempo. Tiempo de Esperanza,
tiempo de oración y tiempo de penitencia. Estas tres causas
son las que ponen de manifiesto la profunda inquietud, que en forma
de pregunta nos hacemos todos lo humanos, creyentes y no creyentes.
¿Cual será nuestro futuro y destino último?
La repuesta de esta pregunta está en Cristo. Por eso no podemos
dejar pasar esta nueva oportunidad que nos ofrece este tiempo, para
recibirlo y comprometernos con Él y con su causa. Por eso
la necesidad de estar siempre preparados para acoger la salvación
que Jesús nos trae. Este es el lema de este primer domingo
de Adviento. San Pablo, como escucharemos después en la lectura
y lo escucharemos de nuevo el domingo, nos dice: “Daos cuenta
del momento en que vivís; ya es hora de espabilarse, porque
ahora nuestra salvación está más cerca”
Pero…. ¿Cómo esperamos al Señor los cristianos?
¿Cómo esperamos la venida de Jesús? Ante esta
pregunta creo que nos encontramos ante tres clases de cristianos.
Primera, la de aquellos cristianos, que esperan pacientemente, pero
solo pacientemente, a que Cristo vuelva. Son los cristianos individualistas
que se encierran en su contexto social interior. Creen que el Reino
de los cielos, se gana con la sola relación personal con
el Señor. Miran tanto al cielo esperando que venga el Señor,
que se olvidan de la tierra, donde Dios ya se ha encarnado y vive
en cada uno de los hombres que nos rodean.
Segunda, la de aquellos cristianos, que lo único que pretender
es construir esta tierra. Esto es un programa maravillo, porque
en la tierra tenemos que trabajar para hacer crecer el Reino de
Dios, pero desde la fe. Estos cristianos, son los que creen en Dios,
sin Dios, es decir, miran tanto a la tierra que han perdido de vista,
la perspectiva del cielo, Por eso a sus programas de justicia social
y de acciones directas a favor de los necesitados, les falta la
espera y la esperanza que un cristiano debe tener. Y todo porque
les falta la vida de la fe. Generalmente esto son los que más
protestan sobre la Palabra de Dios, sobre todo si es a través
de las predicaciones de obispos y curas.
La tercera, son todos aquellos cristianos, que esperan la venida
de Cristo, realizando el bien aquí en la tierra. Veis, esta
es la postura armonizada de las dos anteriores. Hay que esperar
al Señor, pero no pasivamente, no por inercia, no con los
brazos cruzados, no solo rezando o de rodillas, sino también
proclamando el Evangelio, con palabras y con hechos y de esa forma
ser levadura, que lentamente, pero con seguridad, hace crecer la
masa, que es el mundo.
Esta es nuestra tarea, nuestro trabajo, la evangelización,
a la que nos obliga el ser cristianos y estar convocados en el nombre
del Señor.
Para nosotros, vivir el Adviento es acoger con agradecimiento la
venida redentora de Dios, pero en la actitud que antes hemos comentado.
Adviento tiene que ser para nosotros, ese toque en nuestra vida
cristiana, en nuestra vida personal de relación con Dios
y con los demás. Este adviento tenemos que convertir la espera
en esperanza gozosa y alegre, porque Dios nos ha salvado, y esa
salvación llena de plenitud y sentido toda nuestra vida.
En este tiempo de Adviento, preparémonos a abrir nuestro
corazón de par en par a Jesús, que viene y llama y
dejemos que su luz inunde de paz nuestra vida.
ORACION.-
Dios,
Padre nuestro,
que bien lo haces saliendo a nuestro encuentro
y metiéndote, como un vecino más,
en la convivencia de nuestro pueblo.
Nos regalas tu Espíritu
y nos confías el empuje de tu Reino
para hacer de la vida un paisaje de hermandad.
Padre nuestro,
te bendecimos a pesar del pecado que nos divide.
Te cantamos agradecidos
porque has cumplido la promesa de salvarnos.
Jesucristo, tu Hijo, ha inaugurado un modo de vivir
en lo que lo mejor siempre está por alcanzar.
Tu Reino es un ideal, una utopía posible,
que nos atrae y nos transforma.
¡Conviértenos, Padre,
ya que has tenido la genial corazonada de salvarnos!
¡Afírmanos con fuerza en el cimiento de Jesús!
Estamos convencidos de que no hay otra raíz
que aporte mejor savia,
ni otro ejemplo en la historia que despierte mayor admiración.
Unidos a Jesús Redentor,
te pedimos abras nuestro corazón en este tiempo de Adviento
para llegar a una sincera conversión.
LECTURA.- (Rom. 13, 11-14)
REFLEXION.-
¿Cómo espero al Señor, en este tiempo
de Adviento?
¿Pienso que el Reino se gana con sola mi relación
con el Señor?
¿Es para mí el Adviento un toque a mi vida de cristiano?
¿Me descoloca la venida de Jesús?
¿Veo en los demás a Jesús que ya ha venido
y esta a mi lado?
PLEGARIA.-
Señor,
Deseamos y esperamos.
La esperanza se alimenta de deseos,
pero no siempre los deseos se visten de esperanza.
Deseamos tantas cosas inalcanzables,
cosas que no se pueden esperar.
Deseamos y esperamos porque es Adviento.
Deseamos y esperamos tu Reino.
Ese Reino que ya es realidad,
pero que para nosotros esta tan alto.
Por eso esta noche te decimos.
¡ Ven Señor Jesús ¡
Ven a decirnos palabras vivas, como aquellas de las bienaventuranzas.
Ven a curar nuestras heridas, algunas ya gangrenadas.
Ven a enseñarnos a rezar a ese Dios que tu llamabas Abba.
Ven como niño, y enséñanos a ser niño.
Ven como amigo, porque estamos necesitados de verdadera cercanía.
Ven como pobre, porque nos encantan las compras y el dinero.
Ven como paz, porque se imponen los odios y las violencias.
Ven como salvador, porque solo un Dios, puede salvarnos.
COMPROMISOS.-
Nuestro compromiso de esta noche, es mantener viva nuestra esperanza
siempre, no solo en este tiempo de Adviento, sino toda nuestra
vida. Una esperanza compartida con los demás. Vamos a poner
nuestra vida al servicio de todos los hombres, aunque como veíamos
estas noches de atrás, corramos peligro por ser cristianos,
para que el mundo entero se abra a la venida de Jesús.
Esta
noche vamos a meditar y reflexionar sobre la Palabra de Dios, que
nos propone la Iglesia, para este segundo domingo de Adviento. Esta
palabra nos convoca por diferentes medios a realizar la conversión
total en nuestra vida, como camino necesario para poder acoger la
salvación de Dios, manifestado en Cristo Jesús.
La conversión presupone en primera lugar, la capacidad de
estar convencidos de que todo lo podemos realizar. El Reino de Dios,
está ya presente entre nosotros, como lo vió y lo
describe el profeta Isaías en la lectura de este domingo.
Frente al aburrimiento, la apatía y la falta de ilusión,
en la que esta sumergida la vida del hombre hoy día, los
cristianos, tenemos que poner la alegría y el entusiasmo
del Evangelio, que nos tienen que dar la fuerza y ánimo,
para asumir el compromiso diario de vivir ilusionados y comprometidos
en la construcción del Reino. Frente al realismo exagerado,
de nuestra sociedad, que predice la muerte de todo tipo de sueños,
los cristianos hemos de seguir apostando, y fuerte por el sueño
de Dios, para quien nada hay imposible. Apostar por ese sueño
de Dios, es iniciar el camino de la conversión de la fe,
que pasa de ser una mera teoría a una realidad viva y práctica.
En segundo lugar, la conversión tenemos que entenderla, como
una auténtica revolución que cambia todos nuestros
parámetros. Es decir, la conversión supone una nueva
mentalidad, un nuevo estilo de vida, porque la salvación
operada por Dios en la historia es radicalmente nueva. Aquí
podemos aplicar las palabras del Evangelio de San Maros: “A
vino nuevo, odres nuevos” En muchas ocasiones, a los cristianos
nos sucede como a los fariseos y saduceos del Evangelio, que escucharemos
ahora y volveremos a oír el próximo domingo: pensamos
que porque creemos en Dios desde el inicio de nuestra vida ya estamos
salvados y, en consecuencia, no necesitamos la conversión.
La conversión decimos es para esos otros que no creen o no
practican. Nada más lejos de la realidad. Si creemos en Dios,
si creemos verdaderamente, tendríamos que estar en una actitud
de conversión constante y sincera ante el Señor.
En tercer lugar, la conversión se traduce en una aptitud
de dejarse podar, de dejarse limpiar, de dejarse convertir por Dios,
que toca en nuestro corazón, para así poder dar el
fruto que pide la conversión. Pero el problema está
en que estemos dispuestos a dejarnos transformar por Dios y querer
entrar en la dinámica divina.
Los cristianos pasamos la mayor parte de nuestra vida, pensando
en formas de ser mejores, de actuar de otra manera, en una palabra
en maneras de conversión, pero, sin concretar nada. La conversión
no pasa de ser para nosotros una cosa fantástica, en la que
hemos confundido el nivel de pensar con el de ser, sin darnos cuenta
que la conversión del corazón se materializa en unos
signos externos, en unas acciones contantes y sonantes, como son
los frutos de la conversión, o lo que es lo mismo las obras
de la fe. Tomarse a Dios y a los hombres en serio, es decir creer
en ellos. Por eso Jesús que nos conoce muy bien a los hombres
dice estas palabras “Por sus frutos los conoceréis”.
Una cosa tiene que quedarnos clara esta noche, la conversión
supone retornar de nuevo en la vida el sentido de la vida misma;
es decir volver a la fuente donde brota la vida, volver a Dios.
Pero esto no nos será posible si no nos despojamos del hombre
viejo y nos revestimos del hombre nuevo. Si estamos llenos de las
cosas que paradójicamente no llenan el corazón del
hombre, si estamos satisfechos de nosotros mismos, la conversión
será inútil y, por tanto el anunció de la nueva
creación no despertará interés alguno en nosotros.
Esta noche vamos a tener en cuenta lo que decía Ortega y
Gasset muy acertadamente: “quién quiera enseñarnos
una verdad, que no nos la diga, sino que nos la transmita a través
del testimonio de su vida”.
No tengamos miedo a la conversión que viene de Dios. Dejémonos
conducir por Él, para que demos buenos y abundantes frutos.
Estos frutos, serán la carta que avale nuestra verdadera
identidad de cristianos.
ORACION.-
Bendito seas, Padre, Dios del cielo y de la tierra,
por Jesucristo, nuestro hermano y salvador.
Él es el regalo de altísima calidad que os habías
prometido,
la viva fotografía de tu identidad,
el ideal que nos ayuda a vivir.
Su verdad nos ilumina y fortalece;
su santidad nos desafía y estimula.
Él despeja todos nuestros misterios
y nos impulsa a gastar la vida haciendo el bien.
Padre Santo, te damos gracias por Jesús,
que vivió la aventura humana con elegancia y con pasión;
la fuente de su energía eras Tú.
Por eso estuvo siempre en comunión contigo,
desbordante de oración y lleno de mística.
Él es para nosotros evangelio que entusiasma.
Padre Santo, te abrimos todo el interior
para que tu Espíritu salvador nos ventile.
Con todos los que te sienten y te admiran, te decimos esta noche:
Ven. Ven, Señor no tardes.
LECTURA.- (Mt. 3, 1-12)
REFLEXION.-
¿Estoy dispuesto a dejarme transformar por Dios?
¿Quiero entrar realmente en la dinámica que Dios
me propone?
¿Tengo algo que ocupe mi corazón y no deje sitio
para la buena noticia?
¿Pienso que por ser cristiano no tengo necesidad de conversión?
¿Cómo he empezado a vivir el Adviento?
PLEGARIA.-.
No desistas, Señor;
sigue insistiendo en venir a nosotros,
en hacerte vecino del dolor y de las lágrimas.
Ven más cada mañana,
no dejes nunca de acercarte.
Sucede que la arcilla es así,
que está regada de añoranza y de amor
y nuestro cántaro se nos queda sin sol, y sin agua.
Sigue empeñado a pesar de nosotros;
ven a nuestra sed.
Llegará un día en que todo estará como Tú
quieres.
COMPROMISOS.-
Nuestro compromiso de esta noche es: Apartar de nosotros
todas aquellas cosas que de una manera u otra nos puedan impedir
vivir este tiempo de Adviento con una verdadera esperanza. Esperanza
que prometemos transmitir a todos los de nuestro alrededor, con
nuestras palabras, con nuestros compromisos y con nuestros testimonios.
Esta
noche, nuestra oración, tiene que hacernos reflexionar en
profundidad, como Dios nos está invitando a realizar en nuestra
vida cambios profundos y significativos y, al mismo tiempo, a apostar
por actitudes valientes y decididas. La venida de Jesús al
mundo, ha supuesto la abertura de una brecha, que se abre en la
humanidad, tanto para los creyentes como para los no creyentes;
para los que creemos porque de un modo decidido hemos apostado por
Cristo con todas sus consecuencias; y para los no creyentes porque
tienen el comezón de la duda, tienen que dar un paso de audacia
que, o bien no se atreven a dar, o bien necesitan de una mano amiga
para darlo. Por eso este tiempo de Adviento, es para todos los hombres
creyentes y no creyentes, una llamada que se nos hace para que nos
situemos, para que tomemos postura por la causa de Jesús.
Ante estas fiestas, ya estamos viviendo de alguna manera y sintiendo
en el ambiente todo ese movimiento. Decoramos nuestros hogares con
luces, con el árbol de navidad e incluso con belenes. Nos
reunimos entre compañeros, en familia y entre amigos, para
celebrarlo. Pero es necesario que esta noche reflexionemos, si todas
estas fiestas dejan en nosotros un lugar y un tiempo para Dios,
si la Navidad nos deja en lo profundo de nuestra alma una mayor
paz interior o, por lo contrario, todo es oropel y algo ficticio,
puramente mundano. Jesucristo nos pide en esta Navidad mucho más
que una alegría transitoria, nos pide que en esta vida tomemos
parte por El, que llenemos nuestra existencia de su ideal y que
actuemos de su misma manera, si es que realmente queremos ser felices.
La lectura que escucharemos esta noche, es muy clara respecto a
esto, Juan Bautista llenó su vida con la causa de Dios, con
el testimonio de la verdad. San Mateo, en su evangelio, incide en
la importancia de la predicación de Juan y la grandeza de
la obra de Jesucristo. Por ello Juan el Bautista, por medio de sus
discípulos pregunta a Jesús. ¿Eres tu el que
ha de venir o tenemos que esperar a otro? La repuesta de Jesús
es rápida. Decidle a Juan lo que estás viendo y oyendo.
“los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los leprosos
quedan limpios y a los pobres se le anuncia la Buena Noticia. Es
decir, el Reino de Dios ya ha irrumpido con fuerza en la historia
humana y la salvación de Dios es ya una realidad, no un sueño.
Estos es lo que significan los milagros a los que se refiere Jesús,
cuando les habla a los discípulos de Juan. Más que
lo portentoso del milagro, más que la dimensión física,
de lo que se habla es de la capacidad del Evangelio para ilusionar,
para llenar el sentido de la vida. Así que no se trata de
que un ciego vea la luz o de que un leproso quede curado, sino lo
verdaderamente importante es que ese ciego ha vuelto a ver la luz
de la ilusión y ha comenzado a descubrir un nuevo ideal,
un nuevo sentido y una nueva orientación que llena su existencia.
Todos nosotros estamos ciegos y necesitamos hallar en Jesucristo
esa brecha, que hablábamos al principio, que Él no
ha abierto y por la cual nos quiere conducir siempre en su sendero.
Él es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Los
curados se han encontrado de frente con el Evangelio, es decir con
la Buena Nueva, y la han aceptado; han entendido que la plenitud
del sentido de la vida está por encima de todo, y tiene que
ser firme en cualquier circunstancia, tanto si esta es de salud,
como de enfermedad.
Las Navidades simbolizan la ternura del amor de Dios que se ha hecho
hombre por nosotros. Por tanto, esta noche, le vamos a pedir al
Señor, que estas próximas fiestas, más que
de oropeles y cosas vanas, aunque también disfrutemos con
todo esto, nos conceda un profundo amor y una gran unión
familiar en estos tiempos tan necesitados de ello. Una profunda
sensibilidad para la solidaridad para la justicia y para la paz.
Pero sobre todo, vamos a pedirle que nos dé un agudo sentido,
para descubrirlo a Él en medio de las fiestas, luces y folklores
de estos días y en cada una de las personas que están
a nuestro lado.
ORACION.-
Señor, abre mis oídos
a tu Palabra.
Señor, despierta mi corazón a la esperanza.
Tú vienes, vienes siempre a mi encuentro.
Tú vienes siempre con amor.
Haz que me ponga en camino para recibirte.
Te abriré la puerta de mi vida.
Nos daremos el abrazo entrañable.
Y al oír los pasos de tantos caminantes del mundo,
me sentiré hermano de todos
y compartiré con ellos mi paz y mi esperanza.
Y todos juntos te decimos.
Ven, Señor, que te esperamos
LECTURA.- (Mt. 11, 2-1)
REFLEXION.-
¿Qué es para mí la Navidad?
¿Se queda solo en la fiesta externa, o es algo
más profundo?
¿Tengo un lugar para Dios o lo llenan todo las
fiestas?
¿Pienso más detenidamente en estas fiestas,
en los que no tiene nada?
¿Estoy preparándome en este Adviento para
un verdadero encuentro con Jesús?
PLEGARIA.-
La pronta venida, de tu
Hijo Jesús, nos recuerda
que tenemos que estar en estado de cambio,
De búsqueda incansable;
Estar desprendidos de las cosas que tenemos.
Poner nuestras cualidades al servicio de los otros
Ser sencillos y no creernos superiores a los demás
Dar gracias a Dios por lo que de él cada día recibimos
Tener coraje para superar las dificultades de cada día.
Admirar lo sencillo de cada día
Valorar más lo bien hecho, que el hacer muchas cosas
Vivir cada día con la ilusión renovada
Amar y defender la vida y vivirla con entusiasmo
Tener esperanza de que todo irá mejor
Vivir este adviento con actitud de no detenerse;
en el encuentro con el hermano.
Y con todos aquellos que dieron su vida
al servicio de los más necesitados,
Y todo ello esperando la venida de Jesús en Belén,
sobre un pobre pesebre, lejos de la riqueza de los palacios
y ante todo esto, esta noche, te adoramos, esperando la venida
te hijo.
COMPROMISOS.- Esta noche nuestro compromiso es: Tener
presente en toda la Navidad que lo importante de estas fiestas
es la venida de Jesús, y con ella todo lo que nos obliga
a nosotros, cristianos de verdad esta venida. Vamos a disfrutar
también de la fiesta pero ayudando a los demás que
están solos y necesitados.
El
Evangelio de este cuarto domingo de Adviento, que luego escucharemos,
tiene como personaje central a San José. Nada mejor para
nosotros que terminar este ciclo de adviento de nuestra oración,
teniendo presente al patrón de todos los Calamonteños.
San José, padre legal de Jesús, tiene sus dudas. Dudas
referente a la honestidad de María y dudas sobre su propia
dignidad. Se pregunta si puede estar tan cerca del misterio de Dios,
que se ha introducido en su vida. ¿Veis como a San José,
también se le cruzan los planteamientos humanos con los divinos,
como a cualquiera de nosotros?
Las dudas de San José, al mismo tiempo que tienen mucho mérito,
nos dan una gran lección a todos nosotros, porque simbolizan
al hombre que cree en las cosas a pesar de los temores y las adversidades.
Es el hombre de la fe en Dios y en su palabra y por lo tanto se
fía de las decisiones divinas. José es el hombre que
se sabe unido a Dios, y esta unión le da las fuerzas necesarias
para afrontar con entereza los problemas de la vida, sabiendo que
está cumpliendo en todo momento la voluntad de Dios. Todos
los hombres somos proyecto de Dios. Nosotros como José entramos
de lleno en los proyectos de Dios. Desde que nos creó, Dios
cuenta con nosotros. Por eso es necesario que esta noche no preguntemos.
¿Contamos nosotros con Dios? ¿Somos fieles intérpretes
y servidores de su voluntad? Pensad que para responder a estas dos
preguntas tenemos que tener presente la fe. Pero esa fe de la que
ya hemos hablado otra noche en nuestra oración.
Dios nos manifiesta diariamente sus planes sobre cada uno de nosotros,
pero hay que descubrirlos. No penséis que a San José,
porque tuvo la revelación en sus sueños, se le allanó
el camino de la fe. Lo único que José descubre en
sus sueños es la voluntad de Dios, pero no el Misterio mismo
de Dios, ni el porqué de la actuación de Dios, aparentemente
contraria a toda lógica humana.
Cuando San José va notando en María los signos de
la maternidad, recuerda las palabras del ángel y sobrepone
las condiciones de Dios a los principios de la cultura de sus tiempos,
la dignidad de Dios a la dignidad humana.
Pero en José la fe va estrechamente unida a la justicia.
El Evangelio nos dice claramente que José era un hombre justo.
Tened en cuenta que esto no se refiere solamente a la justicia como
bondad, equiparando así, ser justo con ser bueno. Aunque
en este sentido también lo demuestra José en el momento
que no quiso denunciar a María y decide repudiarla en secreto,
pero el sentido de justo en la persona de José llega mucho
más profundo. La justicia de José hace referencia
a que era un hombre cumplidor de la ley, profundamente religioso,
fiel y honesto. Justo es toda persona que adopta en cada situación
la actitud adecuada, el que sabe ser y estar.
Esta noche en esta última oración del tiempo de Adviento,
nuestro patrón San José, nos da una tremenda lección:
Que tanto en lo próspero como en lo adverso, en las circunstancias
fáciles como en la difíciles, en las situaciones de
oscuridad de la fe así como en las de claridad, siempre tenemos
que seguir los designios del Señor. Que por encima de nuestro
honor, nuestro orgullo y nuestra propia vanidad, pongamos la voluntad
de Dios, que sabe lo que mejor nos conviene.
La figura de San José es hoy nuestro modelo. Si de verdad
somos justos, buenos y comprometidos cristianos, sentiremos como
José, el peso de nuestras debilidades y miserias humanas
frente a la grandeza de Dios. Sin embargo nada debemos temer. Dios
se hace hombre, se acerca a nosotros, se hace uno más de
nosotros y compartir nuestra vida, para de esta manera elevar todo
lo humano a divino.
ORACION.-
Señor, en esta Navidad,
ante un mundo materialista en el que dinero cuenta más
que las personas
Queremos construir una comunidad formada por personas que tratan
de conocerse, de unirse más, de ayudarse y com¬partir
desinteresadamente. En la que no haya discriminacio¬nes, superiores
e inferiores, sino hermanos y hermanas.
Ante un mundo sin interés por los problemas de los demás,
que se desentiende de los ancianos, aparca a los enfermos, rechaza
a los inmigrantes.
Queremos construir una comunidad en la que la Palabra de Dios
ocupe un lugar preferente, en la que la Palabra sea más
escuchada y vivida y no está alejada sino inserta en los
que¬haceres de cada día.
Ante un mundo en el que las personas son objetos de pro¬ducción
y consumo y actúan como si los otros no existiesen.
Queremos construir una comunidad cada vez más misionera,
con la ilusión y el gozo de comunicar la fe que hemos recibido.
Ante un mundo de gente desalentada o resentida que no en¬cuentra
ya sentido a la vida.
Nosotros queremos construir una comunidad que contagie la alegría
de la reconciliación del Cristo resu¬citado.
Ante un mundo que dilapida la creación y no piensa más
allá de su presente.
Queremos construir una comunidad que cree en la vida, en la paz
y fraternidad de la Humanidad, siempre en camino hacia la casa
del Padre.
LECTURA.-
REFLEXION
¿Cómo actúo yo cuando se me cruzan los planteamientos
humanos y divinos?
¿Me fio yo de Dios de la misma manera que lo hizo San José?
¿Estoy dispuesto a colaborar con Dios en sus proyectos?
¿Pongo por encima de todo, la voluntad de Dios?
PLEGARIA.-
Gracias, Señor,
porque me invitas a allanar los senderos,
a preparar el camino para que vengas.
Gracias, Señor,
porque quieres contar conmigo.
Gracias, Señor,
porque quieres entrar en mi casa
y hacer de ella una morada nueva.
Gracias, Señor,
porque te acuerdas de nosotros
y de mí,
y te pones en el camino
por el que yo voy caminando,
para que te encuentre
porque Tú me has encontrado.
Gracias, Señor, porque
vienes, porque estás y porque estarás
Gracias Señor.
COMPROMISOS.-
El principal compromiso de esta noche, es que en cualquiera
de las situaciones de mi vida, sea cual sea, seguiré siempre
los designios del Señor y que por encima de todo lo mío
estará siempre la voluntad del Señor. Además
me comprometo en esta Navidad a hacer todo lo que esté
a mi alcance para tener un verdadero encuentro con Jesús:
En nuestra
oración de esta noche vamos a pedir por todas las familias
del mundo, por las familias de Calamonte, por las familias aquí
presentes pero de una manera especial por estos matrimonios que
durante ete año han cumplido sus cincuenta y veinticinco
años unidos y en familia.
Determinadas transformaciones están afectando a la familia.
La familia de estos tiempos camina en dirección opuesta a
lo que nos dice la lectura del libro del Eclesiástico y que
escucharemos después. Es verdad que la sociedad actual poco
se parece a la de antaño. Los hijos de ahora no cuidan a
sus padres con la mima intensidad que lo hacían los hijos
de entonces. Por una parte el ritmo que a todos nos impone la sociedad
moderna, nos conduce irremediablemente a dar prioridad a las obligaciones
laborales, antes que a las obligaciones familiares. Por otra parte
el aumento de mayores y la disminución de los más
jóvenes provoca que sea mayor el número de personas
mayores que hay que atender. A esto hay que añadirle otros
dos factores, la incorporación de la mujer al mundo del trabajo,
que incide directamente en una atención más directa,
más personal y con más tiempo a la atención
de los mayores. Esto en tiempos anteriormente era una cosa usual.
Y por último, aunque aquí no se dé ese caso
es la falta de espacio en las viviendas para acoger a los propios
padres en ellas.
A pesar de los muchos problemas de hoy día, la familia permanece
como uno de los valores más cotizados. Pero la familia es
muchos más que una palabra que oímos o pronunciamos
con frecuencia. Es más que el lugar donde solucionamos nuestras
necesidades básicas. La familia es un don, pero también
un proyecto y un campo de trabajo. Sostiene a la persona en su realidad
más profunda y singular; la familia envuelve a la persona
en todas sus dimensiones, físicas y espirituales. La familia
acompaña a la persona en todo momento, desde su nacimiento
hasta la muerte. En la familia aprendemos a llenar nuestra vida
de sentido.
Pero nosotros, esta noche, no vamos a considerar solo la familia
desde la naturaleza y la cultura, sino también desde la fe
y el Evangelio. El concilio Vaticano II, que como todos sabemos
es abierto y dialogante con el mundo, dice que la familia es escuela
del más rico humanismo y constituye el fundamento de la sociedad.
Por eso podemos asegurar que la familia es de lo más humanos
que tenemos, quizás la mayor fuente de humanidad que existe.
Cada uno de nosotros somos importantes en la familia, simplemente
porque existimos, y pensemos que no existimos solos, sino con otros.
Por eso la familia es lugar de encuentro y un encuentro de gratitud.
La familia tiene que cocerse en el caldo del cariño, de la
comunicación y del respeto y tejerse con la aportación
y el trabajo de todos sus miembros. Por eso es tan humana y nos
marca tan profundamente.
Pero esta familia ideal de la que estamos hablando, es una excepción.
Lo normal es que las crisis, los problemas y las tensiones zarandeen
la vida familiar. Y lo lamentable es que nos dejemos llevar y esto
termina en una actitud agria en la familia, o lo que es peor en
corrupción. Todos sabemos que hay familias en la que en vez
de amor, hay frio; en vez de alegría hay angustia; en vez
de liberación hay opresión; en vez de un hogar hay
una fonda. Hay familias que no educan para la solidaridad, sino
para la injusticia y para los privilegios; no educan para la responsabilidad,
sino para el conformismo. Hay familias que no han aprendido a compartir,
sino a consumir, no han aprendido a dialogar, sino a gritar, no
enseñaron a orar, sino a maldecir. La sociedad necesita de
una familia sana y estable. En este sentido las familias cristianas
tenemos un gran reto: ser ejemplo, fermento y sacramento. Por lo
tanto son muchos los aspectos que tenemos que atender en la vida
familiar, muchos los valores que hay que cultivar y respaldar; pero
por encima de todo esto, el amor, porque el amor lo encierra todo.
Tenemos que tener en cuenta esta noche, que los conflictos no faltaron
ni siquiera en la familia de Nazaret. El Evangelio lo expone claramente.
Pero el conflicto en sí mismo, no es malo; al contrario,
mucha veces es una consecuencia lógica de los diferentes
modos de entender o interpretar la realidad; incluso puede enriquecernos
si la confrontación de pareceres fortalece la convivencia,
afirma la vida personal y favorece la educación mutua. Vamos
a poner todo de nuestra parte para que en nuestras familias, ayudado
por nuestro patrón San José, nazcan, crezcan y se
desarrollen los grandes valores de la humanidad: el valor del amor,
el valor de la vida, el valor de los hijos, el valor de la educación
y el valor de la convivencia.
ORACION
Señor, algo de bueno,
debe de tener la familia
cuando, Tú mismo elegiste formar parte de una de ellas.
Cuando, quisiste ser Padre en el cielo
y, por una familia,
Padre de todos los hombres y mujeres de la tierra
Cuando, teniendo todo…quisiste una mujer como Madre
un José como padre
y una casa donde entretejer la más bella historia de amor.
Algo, fuera de serie, divino
y humano, tiene la familia
cuando pusiste en el tiempo señalado por los profetas
al Verbo Encarnado en el corazón de la misma.
Algo, grande, noble, insustituible y santo
posee la familia cuando, has querido que tu Hijo,
siendo Dios, se deje abrazar, acariciar
cuidar, querer, sostener, mimar, educar y corregir en una de ellas.
Esta noche te pedimos Señor,
para que haya muchas familias en este mundo
Como la familia de Jesús, la familia de Nazaret
LECTURA.-
(Eclo, 3, 2-6. 12-16)
REFLEXION.-
¿Qué es para mí la familia?
¿Actúo yo en mi familia, como he oído
en la lectura o voy en dirección opuesta?
¿Cómo actúo yo ante las crisis de
mi familia?
¿Mi casa es solamente la fonda donde como y duermo?
¿Cómo me porto yo dentro de mi familia?
PLEGARIA.-
Padre santo, unidos en familia,
te damos gracias por todo lo bueno del mundo,
por las huellas de ternura que has dejado
en las personas y en las familias.
Hemos nacido y crecido a la sombra de tu Alianza.
La fe y la razón nos aseguran
que has alumbrado y bendecido nuestra vida familiar.
Te damos gracias porque nos sentimos hijos tuyos
y porque nos has enseñado la dinámica del cariño
autentico.
No es fácil amar como nos dice el Evangelio,
ni seguir tantos ejemplos como hemos recibido desde niños.
Edúcanos en el arte de amar y en el servicio que humaniza,
según la herencia que nos lleva a ser un hogar abierto.
Bendice, Dios amoroso, a todas las familias
con la paz, el trabajo y el alimento diario.
Derrama tu presencia entrañable en los hogares con problemas
y acuérdate de nuestros familiares fallecidos.
Todas las familias reunidas aquí esta noche, te decimos unidas.
Gracias Señor.
COMPROMISOS.-
Nuestro compromiso de esta noche es: Crear en nuestros hogares un
ambiente con los verdaderos valores humanos y aportar a la sociedad
un testimonio saludable y cristiano, como lo hizo la familia de
Nazaret.
Terminamos
estas de fiestas de ciclo de Navidad, con la fiesta de Epifanía,
popularmente conocida como el día de reyes, una fiesta tan
entrañable como familiar, porque nos recuerda a todos, que
hemos de vivir la vida llenos de ilusión y de esperanza,
porque Dios ya ha operado la salvación por medio de su hijo
Jesucristo.
La palabra Epifanía, significa manifestación, es decir
la manifestación de la salvación de Dios en la tierra.
La reflexión sobre el misterio de Dios, manifestado en Jesucristo,
conduce a hacer de esta fiesta de los Magos un modelo de vida para
cada uno de nosotros. Lo primero que los Magos nos enseñan,
es saber seguir con rumbo fijo y constante una estrella: la estrella
del sentido de la vida, la estrella de la fe. Sin sentido, sin fe,
andamos vagabundos, errantes, desorientados. Sin fe nunca realizaremos
nuestro deseo de unirnos plenamente a Dios. Quien va por la vida
sin más ilusión, si es que así se le puede
llamar, que la de levantarse, trabajar, comer y dormir, no vive
porque ya ha muerto; y la pena es que hay mucho cadáveres
andantes. Quién camina por los senderos de no querer saber
nada de Dios, vive y camina como un difunto.
En segundo lugar, los Magos son para nosotros ejemplo de constancia,
de valor, de coraje, y de entrega en la fe, porque hicieron de su
vida una búsqueda permanente de Dios, hasta que lo encontraron.
Nosotros los cristianos, tenemos que estar siempre dispuestos a
comenzar el camino, un día y otro, lanzarnos a una aventura
nueva cada mañana. Lo contrario supone sumergirnos en el
mar del aburrimiento, de la monotonía, de la comodidad de
lo repetitivo, todo esto es muy característico en los tiempos
que nos ha tocado vivir. Si somos cristianos de verdad no podemos
contentarnos con lo de siempre, sino que tenemos que abrirnos constantemente
a la Palabra de Dios, que nos exige vivir en la tensión permanente
de la fe.
En tercer lugar, los Magos nos enseñan a asumir las dificultades
de cada día, como algo indispensable en el camino de la fe.
La fe no es cosa de un momento ni de un día; la fe se aquilata
en el correr de todo una vida en la que no siempre brilla la luz
porque, porque como le sucedió a los magos, también
a nosotros se nos oculta la estrella. Lo importante es no perder
nunca la dirección, y pensar de que aquel de quién
nos hemos fiado siempre permanece, a pesar de nuestras caídas
e infidelidades. Lo importantes es caminar.
En cuarto lugar. Los Magos nos enseñan a vivir con generosidad,
a entregarnos sin reservas a Dios, y en Dios a todos los demás
hermanos. Cómo los Magos, tenemos que ofrecerle a Dios lo
mejor de cada uno de nosotros mismos, comprometiéndonos activamente
en las causas de los más desfavorecidos. Los Magos reconocieron
a Dios en el hombre, un niño pobre e indefenso, se postraron
y lo adoraron.
En último lugar como los Magos hemos de volver por otro camino.
Después de haber encontrado a Jesús, tenemos que llevar
una nueva vida, un nuevo camino, una nueva forma de caminar. Jesús
cambia nuestra vida.
Esta noche en vez de pensar en que los Magos nos echen cosas, vamos
a pensar en hacer nosotros de Magos. No se trata de ir por la vida
recibiendo y pidiendo, sino dando, regalando ilusiones, esperanzas,
cariño, entusiasmo, para, así, devolver a nuestro
mundo un rostro más humano, que sea la expresión del
rostro de Jesús.
Pensad esta noche en la siguiente frase. “Lo que no das, lo
pierdes y en consecuencia solo posees de verdad, aquello que regalas
a los demás.” La vida es un don que Dios nos ha dado.
Vamos a vivirla en plenitud. Solo si somos generosos, como los Magos,
seremos enormemente felices.
ORACION.-
Señor, quiero ser estrella.
Para alumbrar a los que
quieren salir de la oscuridad a la luz
Para llevar a los hombres a la aventura
Para guiar a los que buscan sin encontrar
Para levantar ilusiones
y apagar temores
Para levantar el ánimo de los que andan caídos
Para sacar, a quien lo desee, de las mazmorras de su egoísmo
Para que, en el cielo, se
escriba una palabra: ESPERANZA
Para que, en el la tierra, se firme un pacto: AMOR
Para que, en el corazón, suene una melodía: DIOS
Para que, el hombre, piense
y nunca olvide el cielo
Para que, el hombre, siempre se ponga en camino
y nunca permanezca quieto
Para que, el hombre, descubra lo grande que se es
cuando a, Dios, se le pone ante todo y sobre todo.
Para que muchos descubran
el gozo de la fe
Para que otros dejen de adorar a lo que, Dios, no lo es
Para que otros tantos, vayan y vean que Dios
apuesta, cree y vive por el hombre en Jesús.
LECTURA.-
(Mt. 2, 1-12)
REFLEXION.-
¿Estoy abierto constantemente a la palabra de
Dios?
¿Asumo las dificultades de cada día con una fe profunda?
¿Me comprometo por la causa de los más necesitados?
¿Reconozco a Dios en cada uno de los demás hombres?
¿Vivo mi vida como un regalo de Dios?
PLEGARIA.-
Te doy gracias, Señor,
porque –sin ser Mago- he visto una estrella.
Una estrella que, en la noche oscura,
me ha invitado a seguirle, incluso en las horas amargas,
y, sus destellos, han hablado a mi corazón,
despertando mis sentimientos y mi curiosidad.
Una estrella que ha hecho posible el que yo,
hombre y débil,
me postre ante Ti con la misma fe y con la misma emoción
de aquellos Reyes Magos.
Haz Señor, que después de haberte contemplado y
rezado
Después de haberte ofrecido mi pobreza
vuelva a mi hogar con la firme promesa
de que tu nombre sea conocido, amado y publicado
por todos los confines de la tierra.
¡Gracias, Señor! ¡Gracias, mi Rey!
COMPROMISOS.-
Señor, esta noche nuestro compromiso, es: ser
estrella, y nos comprometemos a iluminar nuestro camino, con las
luce de la paz, del amor, de la perseverancia, de la alegría
y de la fe, para que de esta manera, sean muchos los que puedan
seguir nuestros destellos.
Jesús
de Nazaret, ese niño, cuyo nacimiento hemos celebrado hace
unos días, es el hombre que Dios acreditó con signos
y prodigios, porque es el mismo Dios encarnado en la persona de
Jesús. A este Jesús es a quién a través
de la oración de los jueves, vamos a intentar conocer en
más profundidad y de esta manera poder tener un verdadero
encuentro con Él.
Vivimos en la época de la persona secularizada, de la persona
que no le preocupa Dios. De hecho muchas de ellas, prefieren no
mencionar siquiera a Dios. Otros dicen que no existe y no falta
a quien le molesta que incluso se hable de qué clase de creencia
tienen.
Pero también existimos muchas personas que nos interesamos
por Jesús de Nazaret, nos fascina su persona, sus mensajes
y sus opciones. Muchas de estas personas son jóvenes desencantados
del consumismo, de la violencia, de la guerra, de la poca solidaridad
que hay en nuestro mundo. Buscan en Jesús, sentido para sus
vidas. Nosotros también, a través de nuestras oración
de los jueves, vamos a buscar un conocimiento más profundo
de la `persona de Jesús, para que ese encuentro con Él,
que tantas veces hemos hablado, nos lleve a cambiar nuestra vida.
Tened en cuenta que Jesús, no es patrimonio exclusivo de
los cristianos y mucho menos de las iglesias Jesús ha nacido
para todo el mundo, por eso podemos decir que Jesús es patrimonio
de la humanidad. Un filósofo marxista gritaba a las iglesias.
“Devolvednos a Jesús de Nazaret”. Este mismo
es el grito de muchas personas que no están inscritas en
ninguna iglesia, algunas quizás hasta digan que no creen
en Dios. Pero para todos ellos Jesús se convierte en repuesta
para sus interrogantes, la solución a muchos problemas que
el hombre de hoy, no tiene resueltos.
Jesús despierta el interés de las personas que creemos
y de las que no creen. Se le busca, se le ama y se le sigue. Jesús
siempre es actual. El movimiento de Jesús vuelve a notarse
por todas partes, vemos montones de slogans refiriéndose
a Él.
Lo que siempre tenemos que tener presente y muy claro, es que Jesús
Resucitado, el que tenemos ahora mismo aquí con nosotros
es el mismo Jesús de Nazaret, que fue calumniado, condenado
y asesinado, a través de quien Dios se nos ha manifestado,
por eso Jesús es el único camino para nuestro encuentro
con Dios. Nadie puede descubrir el verdadero rostro de Dios si no
es a través de Él. Aunque reconocemos a Jesús
como Dios, su dimensión humana también tiene que atraernos,
porque solo a través del Jesús hombre, llegaremos
al Cristo de la fe.
Jesús, asume toda la realidad de un hombre. Se solidariza
con nosotros. Más de una vez nos ha tocado “hacer cola”:
en una taquilla, en el autobús o en el cine…. Cuando
la espera es muy larga se acaba nuestra paciencia, sobre todo si
alguien se quiere colar. Entre la multitud penitente que, “hace
cola” ante Juan el Bautista para recibir el bautismo, como
escucharemos en el evangelio del domingo que viene, está
también Jesús. Este hombre, que aparentemente no es
diferente de todos los demás, en realidad es Dios. Espera
como uno más tu turno. Y la cola en la que espera Jesús
es la cola de los pecadores. Así se mostró Jesús
al mundo por primera vez. Jesús vive su propia historia como
un hombre cualquiera: trabaja, sufre, llora, es traicionado, juzgado,
asesinado. Se hace en todo semejante a nosotros, menos en el pecado.
Jesús es el hombre para los hombres. Desde el principio de
su vida pública se consagra al servicio incondicional del
hombre. A este Jesús humano es el que vamos a intentar ir
conociendo en profundidad nuestros jueves de oración, para
que de esa manera, nuestro seguimiento sea un seguimiento verdadero.
Seguir a Jesús es la forma concreta de creer en él.
No existe fe en Jesús sin seguimiento. Y no se trata de un
sentimiento gregario, es decir formar parte de una masa de personas,
aunque se viva en comunidad, como le pasaba a aquellas multitudes
que seguían a Jesús, porque les daba de comer o porque
curaba sus enfermedades. El seguimiento de Jesús, nos exige,
compartir los bienes con el necesitado en lugar de acumularlos y
darnos a la buena vida. Incluso en determinados casos exigirá
abandonarlo todo para dedicarse sin trabas al servicio del hombre
y del reino. El seguimiento a Jesús, está por encima
de los lazos de carne y de la sangre. En ciertos momentos, quizás
sea necesaria la ruptura con la propia familia, como paso con sus
discípulos, sin que esto signifique el abandono de las propias
responsabilidades familiares.
Seguir a Jesús, tenedlo todos presente, no es un camino de
rosa. El que de verdad se pone a seguirlo con la misma actitud de
servicio a los demás hombres y al reino, como él lo
hizo, tiene que estar dispuesto a abrazarse con la cruz de cada
día. Los que no perdonaron a Jesús tampoco perdonarán
a los que como él se pongan a servir al débil y al
indefenso frente a los intereses de los poderosos.
Vamos a intentar a través de nuestra oración de los
jueves, conocer de verdad a Jesús, tener un verdadero encuentro
con él. Repito que la fe no es creer en Jesús, sino
encontrarse con Jesús y actuar como él actuó.
Si nuestro encuentro Jesús nos hace estar con él al
servicio de los hombres y del reino, estad seguros que también
estaremos con él en su reino al lado del Padre.
ORACION.-
Señor Jesús,
tú anduviste por nuestro mundo.
Nos dijiste tus verdades:
Dejad la riqueza para los ricos y avaros,
las armas para los opresores y violentos.
Vosotros, venid y seguidme:
amad a todo hombre como a un hermano,
vestid al que anda desnudo,
dad pan al que tiene hambre,
librad de sus cadenas al que está preso,
haced siempre el bien, aunque nadie os lo tenga en cuenta.
Señor Jesús,
haz que durante estos jueves de oración, te conozcamos
a fondo,
y llevemos a todos los hombres la buena noticia que tú
nos enseñas.
Hemos descubierto a Jesús
que vivió y murió por el hombre.
¡Venid, sigámoslo.¡ -
Merece la pena vivir como
él vivió y morir por lo que murió.
Sabemos Jesús que si estamos contigo, con nosotros esta
Dios.
Danos valor para seguirte,
aunque no tengas una choza para dormir,
ni una dura piedra para reclinar tu cabeza.
LECTURA .- (Mc. 8, 27-31)
REFLEXION.-
¿Trabajo para que la Iglesia sea una familia de
hermanos y una comunidad de amigos?
¿Pongo la llamada de Jesús por encima del
dinero y de los intereses personales?
¿Hago de mi vida un servicio para los pobres,
y enfermos?
¿Estoy buscando un verdadero encuentro con Jesús?
PLEGARIA.-
Jesús, tú
eres el Dios con nosotros,
la palabra viva del Padre,
el Salvador que necesitamos, el amigo y compañero del hombre.
Unos creen que estás muerto y montan la guardia en tu sepulcro.
Pero nosotros sabemos que hay hombres y mujeres,
que son testigos de que estás vivo y aseguran que te han
visto:
Pedro y Andrés, Mateo el publicano,
Juan y Tomás, el que necesitaba tocar para creer,
María, la mujer que amó mas que había pecado.
Jesús, sabemos que tú estás donde hay un
hombre
que ama y ríe, lucha, llora y trabaja para ganarse el pan.
Queremos descubrirte en el hombre que se esconde
detrás de cada nombre.
Tú plantaste tu casa entre las nuestras.
Queremos verte, contarte nuestras vidas,
seguirte a donde quieras.
Nos alegra saber que eres uno de los nuestros,
que pasaste hambre y tuviste frio,
que amaste a los hombres y abrazaste a los niños,
que tomaste partido por los pobres y no por los poderosos y los
ricos.
Los poderes de las tinieblas no perdonan y te mataron.
Pero el Dios de la vida se puso de tu parte.
Sabemos que estás vivo y que nos invita a seguirte.
Cuenta con nosotros, nos vamos contigo.
COMPROMISO.-
Nuestro compromiso de esta noche, Señor, es hacer de nuestra
vida un servicio a los pobres, enfermos, oprimidos y maltratado
por la vida y por la sociedad, como tú hiciste en tu vida
humana.
Nuestra cultura es una cultura de
la palabra. Las técnicas de la comunicación nos abruman
de palabras: de discursos políticos, de cuñas publicitarias,
de palabras leídas, cantadas, etc. Los hombres de hoy decimos
tantas palabras y la creemos tan importantes, que no damos cabida
a otras palabras, aunque sea la Palabra de Dios. Por eso los hombres
de hoy a fuerza de no escuchar a Dios, muchos terminan por desentenderse
de él y por negarlo.
El problema religioso de nuestro tiempo no está en el silencio
de Dios. Nuestro Dios ha hablado siempre y sigue hablando también
hoy. El problema está en la falta de disponibilidad del hombre
para la escucha y por supuesto en lo poco que admitimos su palabra
Dios ha hablado. Dios sigue diciendo al hombre palabras de vida. Dios
no habla hoy día desde muchas maneras. En la flor que se abre
cada mañana, en el niño que ríe, en el obrero
que se gana el pan con el sudor de su vida , en los millones de boca
que piden pan, en el profeta que denuncia y en el samaritano que venda
las llagas de la humanidad enferma.
Dios habla desde los acontecimientos de la vida, desde la historia.
La Biblia es fundamentalmente la historia de las intervenciones de
Dios a favor de su pueblo. Recoge los signos de su presencia, percibida
y vivida, por la comunidad creyente. El pueblo de Dios tiene conciencia
de que Dios hace el camino con él. Les habla en los acontecimientos
felices y también en sus decepciones y fracasos.
LA Palabra de Dios se hizo hombre en Jesús de Nazaret. Él
es la nueva forma de presencia de Dios en medio de su pueblo y la
nueva forma de palabra. Dios nos habla por el Jesús hombre.:
La Palabra que estaba junto a Dios y era Dios, nos dice S. Juan como
oiremos en la lectura: se hizo hombre y acampó entre nosotros.
El evangelista Juan concede especial importancia a Jesús como
Palabra reveladora de Dios: no solo dice palabra de Dios, dice: él
es la palabra de Dios.
Nosotros ante esta palabra lo primero que tenemos que ser es: oyentes
de la palabra que Dios nos dice en Jesús. En segundo lugar
tenemos que ser obedientes a la palabra. Para esto nada mejor que
tomar de modelo a María. Ella acoge la palabra de Dios en una
aptitud de fe obediente. No basta venir a la iglesia y escuchar la
palabra de Dios. Hay que creer, guardarla en el corazón y permanecer
fieles a ella y en tercer lugar tenemos que ser hacedores de la palabra.
Nuestra aptitud de escucha de la palabra, tiene que traducirse en
aptitudes de vida. Jesús proclama dichosos a los que escuchan
la palabra de Dios y la llevan a la práctica. El que es simplemente
un mero oyente, es como el que se mira en el espejo y al instante
se olvida de cómo es su cara. Solo el que la recibe con humildad
y la pone en práctica, encuentra en la palabra su felicidad.
La oración y la meditación es la mejor forma de estudio
de la palabra. Además hace falta dedicarle tiempo para estudiarla
y conocerla. Son muchos los cristianos que carecen de un conocimiento
serio y profundo del libro a través del cual la Palabra de
Dios llega hasta nosotros. Y desconocer la escritura, es desconocer
a Cristo.
Todos los creyentes somos servidores de la Palabra de Dios, San Pablo
no dice claramente” proclama la palabra, insiste a tiempo y
a destiempo. Trabaja en propagar la buena noticia, desempeña
bien tu servicio” Este servicio de que nos habla San Pablo fue
el que Cristo mandó hacer a todos sus discípulos, entre
ellos a todos los que estamos aquí presente: Id y predicad
a todo el mundo. Cada cristiano tenemos que sentir la responsabilidad
de anuncia al mundo la palabra de Dios y esta responsabilidad nos
tiene que llevar a prepararnos para esa misión de la forma
que sea, catequesis, curso de formación sobre la Biblia, grupos
de reflexiones bíblicas y todos los medios a nuestro alcance.
Si, estudiamos, meditamos, memorizamos y aplicamos su verdad a nuestra
vida diaria, la Palabra de Dios nos santifica. El Espíritu
Santo toma la palabra y revela la voluntad perfecta de Dios en nuestras
vidas. Crecemos en su gracia por medio del conocimiento de su verdad.
Mientras cedamos en obediencia a Su verdad seremos santificados
por la verdad de esta palabra y llegaremos a ser felices.
ORACION.-
Señor Jesús,
tu eres la palabra de Dios a los hombres.
Tú eres palabra
de vida, palabra creadora;
palabra reveladora de la intimidad de Dios.
Ilumina lo más
profundo de nuestros corazones.
Señor, que
no seamos solo oyentes,
sino hacedores de tu palabra.
Que la acojamos y
la meditemos en el corazón.
Señor, que
cumplamos siempre en nuestra vida tu palabra.
LECTURA.-
(Jn. 1, 1-14)
REFLEXION.-
¿Estoy convencido, que Dios me habla a través
de su hijo Jesús?
¿Soy de los que solamente escuchan la palabra de
Dios?
¿Me preocupo de conocer la escritura en profundidad?
¿Aplico la palabra de Dios a mi vida social?
¿Me siento obligado a anunciar a los demás,
la palabra de Dios?
PLEGARIA.-
Señor, nos
asedia la palabrería de demagogos y políticos,
del periódico, de la radio, la tele y el video.
Frente a palabras
de muere y mentira,
emerge tu palabra de vida en la flor y en el árbol,
en el hombre que suda y trabaja para ganarse su pan,
en la abuela que reza en su soledad,
en la madre que balbuce en secreto su primera nana.
Tú rompes nuestros
silencios de hombre,
y los llenas con tu inmensa palabra.
Tu palabra llena de
vida se albergó en nuestra tienda,
y lleno de gozo a pastores, niños y prostitutas.
Jesús, tu eres
la palabra de Dios en palabras de hombre.
Dile al Padre nuestras
cuitas;
dile al hombre tus verdades.
Dinos otra vez tus
palabras, que llenan de luz a los ojos del ciego,
que ponen en pie a los tullidos y dan valor a los cobardes.
Tú eres la
palabra que nunca miente ni engaña.
Hágase, Señor,
tu divina palabra,
en el niño, en el joven, en el pobre y en el rico,
en el terrorista y en el hombre pacífico.
Señor, Jesús,
en ti la palabra se hizo hombre,
y plantó su tienda entre los hombres.
Sabemos que las palabras
vuelan,
solo las tuyas permanecen para siempre.
COMPROMISO.-
Señor esta noche nuestro compromiso, es aprovechar
todos los medios a nuestro alcance para conocer en profundidad tu
Palabra en la Escritura, pero también nos comprometemos a
escucharte cuando nos hables, desde la realidad de la calle, desde
la prisión, desde el hombre roto, triste, humillado y oprimido.
Cuando nos hables desde los profetas de hoy, desde, los corazones
limpios e inocentes.
Los Evangelios, como todos sabemos,
no son una biografía de Jesús, pero nos dan datos sobre
la situación social en que nace, vive y se mueve Jesús
a lo largo de su existencia en esta tierra.
Jesús pasa la mayor parte de su vida en la aldea de Nazaret.
Allí se crió y allí trabajo. Nazaret, era en
época de Jesús, un pueblo sin categoría social,
hasta tal punto que, como leemos en el evangelio la gente se preguntaba
¿De Nazaret, puede salir algo bueno? Jesús pasa desapercibido
entre los vecinos, como uno de tantos., prueba de esto es que al comenzar
su predicación, sus vecinos son los primeros sorprendidos,
porque lo conocen desde niño.
Por sus raíces populares Jesús va directamente a los
problemas de la gente, saltándose los protocolos y legalismos.
Se preocupa de las personas, sin perjuicios y sin buscar intereses
personales. Los beneficiarios primeros de sus milagros son los enfermos,
viudas y personas que pasan por situaciones difíciles.
Todo el mundo lo conoce por el hijo del carpintero. Todos sus parientes
pertenecen a las gentes sencillas del pueblo de Nazaret. En el seno
de una familia Jesús vive su experiencia humana y religiosa.
Crece como un hombre y participa en las celebraciones religiosas del
hogar, del templo y de la sinagoga.
No solo se le conoce como el hijo del carpintero, en el evangelio
de Marcos, se le da el nombre de carpintero. Este es su trabajo y
profesión. Se ganó el pan como cualquier artesano de
su tiempo, como cualquier obrero de hoy agrícola o industrial.
Sus problemas económicos seguramente eran más agudos
que los de cualquier obrero de nuestros días.
Situaciones como la de Jesús las viven muchos obreros hoy en
muchas partes del mundo, en las fábricas y el campo. ¿Cuantos
obreros trabajan de sol a sol sin que su trabajo sea suficientemente
valorado y retribuido? Aún hoy se sigue señalando con
el dedo a muchas gentes en tono descalificativo: ese es un pastor;
ese es un campesino, ese es un obrero. Es el mismo tono empleado por
las gentes cuando llamaban a Jesús, el carpintero.
A Jesús lo trataron de todo: de borracho y comilón,
de blasfemo, de amigo de descreídos y prostitutas, de enemigo
del pueblo y de la ley. De lo que nunca pudieron acusarlo fue de estar
con los que ostentaban el poder político y religioso, con los
que tenían el control del dinero, con los que explotaban al
pueblo sencillo. Estos no pudieron soportar la toma de postura de
Jesús. Los que oprimen y hacer sufrir al pobre, esos mismos
fueron los que eliminaron a Jesús.
En el trabajo de cada día y en la preocupación por los
que padecen necesidad y son víctimas de la injusticia encontramos
el reto de ser hoy, los testigos de Jesús trabajador y defensor
de los pobres. De nuestro compromiso con Dios y con Jesús tiene
que arrancar el compromiso radical a favor del hombre, en especial
del que sufre, del pobre, del vejado en sus derechos, del injustamente
explotado en su trabajo o en la privación de él. Tenemos
que despertar la solidaridad con las personas que sufren mayor abandono
por parte de la sociedad.
Existen injusticias que afectan a los trabajadores en multitud de
trabajos y profesiones. Es urgente conseguir una mayor dignidad personal,
social y económica para los trabajadores de las zonas más
abandonadas. Igualdad en todas las prestaciones y ayudas en todos
los países.
Seremos discípulos de Jesús en la medida en que seamos
capaces de poner en juego nuestros intereses personales, sin egoísmos,
para defender la causa de la gente que en muchos casos vive abandonada
a su suerte. Hay algunos tipos de trabajos que tiene que dejar de
ser la cenicienta de nuestra sociedad. Han soportado un desarrollo
sin ninguna contrapartida y ahora les toca padecer las consecuencias
de la crisis económica. Y no me digáis que esto ya no
existe, porque solo con ver los periódicos, la televisión
o cualquier medio de comunicación, nos podemos hacer una idea
de cómo está el mundo.
Jesús, nos mandó id por todo el mundo, así que
los problemas del cualquier persona del mundo son nuestros problemas,
para eso somos hermanos.
Pero tened en cuenta una cosa, en esta lucha, nunca estamos solos.
Cuando dos o más nos reunamos para luchar por lo que Jesús
luchó y servir a los que el sirvió, en medio de nosotros
está siempre Él.
ORACION.-
Señor Jesús, gracias
por haber escogido un pueblo sencillo para vivir,
por ganarte el pan con sudor y trabajo, como un obrero de tantos.
Gracias
por no querer ser un “hijo de papá”,
con una vida fácil y el futuro asegurado.
Preferiste la penuria
y el riesgo.
Señor, que
todos dispongan de un pueblo para vivir,
de un trabajo y de un hogar, de libertad y de pan.
Que el obrero se sienta
feliz en su fábrica,
el labrador en su campo, el minero en su mina,
el barrendero y la enfermera en su lugar de trabajo.
Que todos, hombro
con hombro, construyamos un mundo más feliz,
para los que carecen de amor y bienestar.
LECTURA.- (Mc. 6,1-6)
REFLEXION.-
¿Doy gracias a Dios por tener un trabajo?
¿Ayudo a superar las situaciones de miseria e injusticias
del mundo?
¿Dejo a los más débiles y necesitados
abandonados a su suerte?
¿Aprovecho la astucia para aprovecharme del sudor
de los demás?
¿Trabajo para conseguir un mundo más justo
y un trabajo más digno para todos?
PLEGARIA.-
Te alabamos a ti,
Señor Jesús, el hijo del carpintero,
que viviste en un pueblo pequeño como los nuestros.
Te ganaste el pan
con el sudor de tu frente;
y no te avergonzaste de tener callos en las manos
Te pedimos, que cuando
todos les vuelven la espalda,
tú no te olvides de los hombres y mujeres que en los pueblos
se ganan su sustento trabajando de sol a sol;
de los ancianos que se han dejado lo mejor de sus vidas
en las veredas y rastrojos para dar de comer a sus hijos.
Danos fuerzas para
no desfallecer en nuestra lucha
en favor de tantas gentes que aún malviven en nuestros pueblos.
No queremos solo pan. Queremos sobre todo justicia.
Que en el reparto del bienestar y del trabajo,
les toque más a los que menos tienen.
Danos una fe robusta
que no se quiebre a las primeras de cambio:
la esperanza de que no hemos luchado en vano;
el amor sin fronteras, empezando por los vecinos de nuestro pueblo.
Con todos los creyentes
proclamamos:
que tú eres camino, verdad y vida:
amigos de los humildes, de los que trabajan honradamente,
de los abandonados a su suerte y de los pobres.
COMPROMISOS.-
Esta noche nuestro compromiso es: En un mudo insolidario
ser solidarios con todo el que lo necesite, no solo en nuestro pueblo,
en nuestro país, sino en el mundo entero, y nos comprometemos
a trabajar, para conseguir que todo el mundo tenga un trabajo, con
un sueldo digno, y que nadie sea explotado.
Los Evangelios
colocan el relato de las tentaciones a continuación del bautismo
de Jesús. La misión de Jesús proclamada en
su bautismo, se ve sometida a prueba. La conexión entre los
dos relatos, bautismo y tentación nos ofrece la clave de
la interpretación de la vida de Jesús: el cual vive
la prueba de fidelidad a su misión, desde el Jordán
hasta la cruz. La superación de la prueba por Jesús,
significa renovar su “si” a Dios sin condiciones.
Este es el primer relato de las tentaciones, aunque durante toda
su vida Jesús está sometido a prueba permanente. Esta
situación en que vive Jesús la reflejan los evangelios
en esta presentación de las tentaciones y sirve de clave,
como he dicho antes, para la interpretación de la vida y
actuación mesiánica de Jesús. En varias ocasiones
a lo largo de los relatos, aparece la expresión “para
ponerlo a prueba”
Jesús revive la situación del pueblo sometido siempre
a prueba. Los evangelistas nos dicen, que Jesús repite el
itinerario de su pueblo y pasa por las mismas situaciones de prueba.
El desierto, cuarenta días, tentación, son una referencia
clara a una etapa significativa de la historia de la salvación.
En la etapa del desierto, Dios pone a prueba a su pueblo, al pueblo
de Israel. La etapa del desierto es la etapa que está marcada
de una manera especial por la prueba. Dios, pone a prueba a su pueblo
y este a la vez tiene el atrevimiento de tentar a Dios poniéndolo
a aprueba en Masá y Meribá como sabemos por la biblia.
La única diferencia que hay en todo esto, es que tanto el
pueblo de Israel, como nosotros teníamos que haber respondido
a la prueba como respondió Jesús.
En esta escena de las tentaciones, no nos encontramos ante un Jesús
inducido al pecado, nos encontramos ante un Jesús sometido
a la prueba de cómo va a poder cumplir esa misión
que Dios le ha encomendado en este mundo, como va a ser su forma
de vivir y a realizar su mesianismo. Si escuchamos atentamente la
lectura de esta noche, nos daremos perfecta cuenta que las tentaciones
van buscando el milagro fácil, el espectáculo, el
recurso al poder y al dinero. Esas tres tentaciones, o mejor dicho
tres variantes de la tentación, se reducen a una sola prueba
para Jesús: Optar por el éxito popular y por un mesianismo
espectacular y político, frente al mesianismo humilde y doloroso
que has escogido Jesús. Jesús vivió la tentación
como un reto de fidelidad a Dios y a su misión.
Las tentaciones de Jesús son nuestras tenciones de hoy. La
tentación del tener. Queremos tener más. Que todo
se nos convierta en dinero para engordar nuestras cuentas corrientes.
Queremos tener más para comprarnos un coche más lujoso
y más potente que el de mi vecino o el de mi amigo. Queremos
tener más y comprarnos cosas para usar y tirar. La tentación
del poder. Queremos tener el poder para que nadie esté sobre
nosotros, para darle un escarmiento al que no piensa como nosotros
o no sirve a nuestras ambiciones, al que nos dicen las verdades
que duelen. Queremos más poder para dominar y estar siempre
por encima, aunque se asfixien los demás. La tentación
del placer. Queremos que nadie ponga fronteras al placer de comer,
de beber, de la droga, del sexo, y de todo aquello que nos apetece.
Queremos gozar de la vida, sin pensar que Dios nos la ha dado para
cosas muchos más importantes, que pasárselo bien.
La verdad es que nosotros, todos, queremos un Dios arregla-problemas.
Nuestra relación con Dios, no nos dispensa de nuestras responsabilidades
en las tareas, sociales, económicas, culturales y religiosas.
No podemos exigir a Dios, lo que podemos y debemos hacer nosotros.
Es evidente que en este mundo hay que producir pan para todos, pero
el camino no es hacerlo a golpe de milagros. Esto es una provocación
a Dios, para que actúe de forma sorprendente. No existe nada,
ni nadie que pueda forzar a que Dios eche mano al milagro, ni siquiera
la restauración del Reino. Por encima de todo interés
está Dios y su Palabra. Dios está con nosotros, pero
nunca utilizará el milagro como arma para impactar en nosotros.
La tentación de utilizar los poderes del mundo, como la prepotencia,
el dinero y el prestigio, para implantar el Reino no es el camino
que Dios eligió para salvarnos. Utilizar los poderes del
mundo para construir el Reino de Dios, termina por convertirse en
una forma de dominación. Si alguno de nosotros, buscamos
a Dios como ventaja, como forma eficaz de conseguir algo o hacer
un buen negocio, incluso en lo religioso, encontraremos dioses,
pero nunca al Dios de Jesús.
Jesús salió triunfante de la prueba. Nosotros tenemos
que tener la plena seguridad de superar también las tentaciones
que nos ronda, pues Dios que es fiel, no permitirá que la
prueba supere nuestras fuerzas.
ORACION.-
Señor, nos cerca la
tentación, nos abruma la prueba.
Nos creemos como dioses, con fórmulas para todo;
incluso para hacer surgir panes de debajo de las piedras.
Buscamos signos contundentes para creer;
queremos que nos soluciones los problemas a golpe de milagros.
La tentación de poseer, de dominar y disponer de los demás,
nos acecha cada día.
Señor, danos la fortaleza de Jesús para superar
la tentación
del milagrismo, del triunfalismo y de las nuevas idolatrías.
LECTURA.
( Lc. 4, 1-13)
REFEXION.-
¿Estoy convencido plenamente, que Jesús sufrió
pruebas igual que nosotros?
¿Hasta qué punto me afecta a mí, la tentación
de tener, poder y placer?
¿Paso y salto por encima de los demás, para conseguir
lo que deseo?
¿Vivo cada día, como hombre y como cristiano?
¿Me preocupo, trabajo y ayudo, para que a ninguna persona
le falte lo necesario?
PLEGARIA.-
Jesús del Jordán
y del desierto,
el del pan de vida y el agua para saciar sedientos.
Tú venciste la tentación de construir el reino a
golpe de prodigios,
de multiplicar panes para ahorrarte trabajo,
de adorar dioses de oro viejo y tarjetas de banco.
El Espíritu te hizo fuerte.
Acosado no cediste; puesto a prueba permaneciste fiel.
Señor, nuestra vida es un desierto,
donde las huellas de Dios se borran.
Los diarios nos sorprenden cada mañana,
con las pruebas de la existencia de otros dioses:
tener, poder, placer, gozar, consumir.
Doblamos ante ellos la rodilla y nos sentimos felices.
Señor, tú nos dices: la tentación está
servida;
sed fuertes, resistid.
Llénanos de tu Espíritu, para no exigir milagros
a cambio de creer, para no rendirnos a los nuevos ídolos,
para que seas Tú el único Dios a quien amar y servir.
COMPROMISOS.-
Señor, esta noche, ante la tentación de tener, poder
y placer, nuestro compromiso es: estar siempre disponibles a los
demás, compartir y trabajar para construir un mundo más
habitable y más humano.
El itinerario de Jesús arranca en Dios. Él,
que es la Palabra que estaba junto a Dios, hizo su entrada en el
mundo. Acampó en medios de los hombres.
Llegada su hora, y realizada la obra de Dios, vuelve de nuevo al
padre. El final del itinerario es el mismo que el principio. La
partida y la meta la resume Jesús con estas palabras: “Salí
de junto al Padre y vine a estar en el mundo, ahora dejo el mundo
y me vuelvo con el Padre”.
Los evangelistas nos presentan la vida pública de Jesús,
como un caminar continuo a Jerusalén. Más que un itinerario
geográfico, los evangelistas nos describen un itinerario
teológico. Jerusalén es la capital social y religiosa
del pueblo de Dios; allí está el templo y los servidores
del culto. En Jerusalén se anudan, la historia del pueblo
de Dios, la historia de Jesús y la historia de la iglesia.
En Jerusalén tienen que realizarse los acontecimientos culminantes
del itinerario de Jesús: muerte, sepultura y resurrección.
El itinerario de Jesús, está jalonado por tres anuncios
de la pasión estratégicamente colocados. Es como tres
momentos de anticipación del final, en una historia contemplada
a la luz de la Pascua.
Jesús sorprende a los discípulos, con el llamado primer
anuncio de la pasión. Sirve para dejar en evidencia sus concepciones
mesiánicas. Lo que Jesús anuncia no encaja en las
ideas de los discípulos. Pedro trata de desviarlo del camino.
Jesús califica su intento de idea de Satanás, el tentador.
La aptitud de Pedro es nuestra aptitud diaria. Nosotros intentamos
imponer a Jesús, nuestro itinerario, aunque no concuerde
con el itinerario de Dios.
En el segundo anuncio Jesús insiste “Meteos bien esto
en la cabeza, a este hombre lo van a entregar en manos de los hombres”
Los discípulos siguen sin entender nada, pero si están
discutiendo sobre quién ocuparía el primer puesto.
Todavía están pensando en un mesianismo político,
conciben el itinerario de Jesús como una marcha hacia la
conquista del poder. Lo que importa es asegurarse el primer puesto.
En el tercer anuncio, Juan y Santiago le hacen una atrevida propuesta
a Jesús; “Queremos colocarnos, cuando estés
en tu reino, uno a la derecha y otro a tu izquierda”. Esta
es la versión con nombre propio, como nos pasa a nosotros,
de la lucha por el primer puesto. Aquí le explica Jesús,
la paradoja que encierra su itinerario, el que quiera ocupar los
primeros puestos, tiene que hacerse el servidor de todos. Igual
que el hijo del hombre, que no ha venido a que le sirvan, sino a
servir.
El itinerario de Jesús culmina en Jerusalén., con
su muerte, su sepultura, su resurrección y la manifestación
a sus discípulos. Ahora es cuando los discípulos ven
claro el itinerario de Jesús. Ellos son los primeros en seguirlo
y anunciarlo. También son los primeros testigos de la validez
y verdad de su camino.
Hoy nosotros nos encontramos en una gran encrucijada donde parten
distintos itinerarios: El itinerario del poder, del dinero, del
placer, del consumo, de la droga y el itinerario de Jesús
(Jerusalén, Calvario y la Pascua). A cada uno nos corresponder
elegir libremente el itinerario que deseemos.
El itinerario de Jesús, Dios lo ha elegido en itinerario-tipo,
para todos aquellos que queramos realizarnos, según el proyecto
de Dios. Realizarse como hombre según este proyecto, exige
encauzar nuestra vida con el itinerario de Jesús. No podemos
negar que tenemos deseos muchas veces, de ocupar los primeros puestos.
Ser primeros en el escalafón de la popularidad, en la política,
en cualquier lugar o puesto donde se manipule alguna clase de poder.
Buscamos un puesto al lado de los que gobiernan y mandan, incluso
muchas veces haciéndoles las pelotas y bajándonos
a sus caprichos. Es ahí donde esperamos hacer carrera y ser
hombres influyentes.
Jesús nos dice que hemos equivocado el camino del reino.
Ocupar el primer puesto en el reino que anuncia Jesús, resulta
una tarea difícil. Su itinerario está lleno de zancadillas,
de incomprensiones y de renuncias. Este itinerario pasa necesariamente
por la cruz y ésta tiene muchos nombres. El sufrimiento nacido
del entorno social, la incomprensión, la persecución,
tantos y tantos sufrimientos, si de verdad somos cristianos comprometidos.
Incluso la muerte forma parte de este itinerario, de Jesús
y del itinerario de todos o que apostemos por Él. Una cosa
sí que podemos tener segura, el que haga su itinerario de
cruz, tendrá su mismo final, la resurrección...
El itinerario de Jesús sigue siendo difícil de comprender
y mucho más en nuestros tiempos. Para unos es una necedad,
para otros es una locura, para otros algo anticuado. Pero algo tenemos
que tener muy claro esta noche: Solo para los que lo han descubierto
y le siguen con fidelidad se ofrece como oportunidad para realizarse
plenamente según el proyecto de Dios.
Marchemos por el camino nuevo que Jesús ha abierto para nosotros
y aunque no veamos claramente donde va, confiemos en las palabras,
que después escucharemos en la lectura: Yo soy el camino,
la verdad y la vida. Nadie se acerca al Padre si no es por mí.
ORACION.-
Señor Jesús,
son muchas las ofertas y las voces de sirena;
itinerarios de vida, itinerarios que conducen a la muerte.
Nos sentimos perdidos en una encrucijada de caminos.
Muchos dicen que no existe salida;
que el caminar, como la vida, agoniza sin esperanza.
Señor Jesús, nosotros sabemos que la trayectoria de
tu vida
toda ella es camino y está llena de sentido.
Enséñanos a descubrir tu itinerario y a caminar por
tus caminos.
Queremos caminar codo a codo con los hombres;
y cogidos de la mano hacer el itinerario contigo.
LECTURA.- (jn. 14, 1-9)
REFLEXION.- Entre los itinerarios que se me presentan: ¿Cuál
de ellos he elegido?
¿Arranca mi itinerario en Dios y me esfuerzo para que termine
en Él de nuevo?
¿Quiero imponer mi propio itinerario, aunque no coincida
con el Jesús?
¿Trabajo para conducir a los demás, por el itinerario
de Jesús?
¿Soy testigo de la validez y de la verdad del camino de Jesús?
PLEGARIA.-
Señor, Jesús nos dijo que el reino es un proyecto
en marcha;
hay que caminar duro, sin volver la vista atrás.
Jesús caminó por ásperas sendas, con lluvia
y a pleno sol;
entre gentes maltrechas y pobres sin pan.
Jesús caminó entre los hombres e hizo camino; pasó
y dejó huella.
Señor, muéstranos su camino de muerte y de vida, de
cruz y de Pascua.
Nuestras calles se nos han convertido en charangas de feria.
Las gentes no saben muy bien de donde vienen y a donde van.
Señor, abre caminos nuevos al que anda errante sin familia
ni hogar,
al delincuente, que roba y asesina sin piedad,
al que la vida ha maltratado y no sabe esperar.
Diles que Jesús fue caminante y es camino,
para aquel que lo busca y lo sigue de verdad.
Porque tu senda se oscurece y nos quedamos sin camino;
porque tus huellas se borran y no sabemos hacia donde van:
Jesús tú que eres ingeniero y caminante,
vente con nosotros, que se hace larga la jornada y duro el andar.
COMPROMISOS.-
Nuestro compromiso de esta noche es: Seguir el camino de Jesús,
tomando nuestra cruz de cada día, dar ejemplo a los demás
y animarlos a tomar también este camino, sin cansancio ni
decaimiento, hasta llegar a la Pascua, junto con Jesús.
El jueves pasado, meditamos en nuestra
oración, el itinerario que Jesús llevó durante
su vida. Hoy vamos a meditar, como seguir nosotros a Jesús
a través de ese itinerario. La cosa está muy clara,
para ser discípulo de Jesús, hay que convertirse en
su seguidor. Podemos decir: “Creo en Jesús”,
pero si no seguimos su itinerario, no es cierto que creemos en Jesús.
El seguimiento de Jesús se convierte en el camino para llegar
en directo a Dios y para ir al encuentro del hombre, por los senderos
marcados por Dios. La propuesta de Jesús es clara: “quién
quiera ser mi discípulo que me siga”. Esa es la única
alternativa que tenemos.
No todos los que siguieron a Jesús
en su vida humana, ni todos los que los seguimos ahora somos sus
verdaderos seguidores. Los evangelistas hablan de gente que les
seguían por todas partes. Unos admiraban su nuevo estilo
de enseñar, su autoridad, otros se quedaban atónitos
ante los milagros que realizaba. Este seguimiento masivo, curioso,
por pura simpatía, no pasa de ser la mayoría de las
veces un exponente de la sicología de masas. Esto no tiene
que ver nada con el seguimiento que exige Jesús. Muchos de
nosotros actuamos también arrastrados por esa sicología
y lo seguimos por simpatía o por admiración.
Existe también el grupo de seguidores
interesados, tanto en tiempos de Jesús como en nuestros tiempos.
Ellos seguían a Jesús para tocarlo y obtener salud,
para que los curase, solamente por eso. Muchos de nosotros seguimos
también a Jesús mirando nuestros intereses personales
y utilizando dicho seguimiento solo para nuestro propio aprovechamiento.
Estos tampoco son los seguidores que busca Jesús. Y Jesús
nos sigue echando en cara nuestro seguimiento interesado como lo
hizo a los de su tiempo: “Me buscáis porque habéis
comido hasta saciaros”
Los verdaderos seguidores, son los que escuchan su llamada y lo
siguen. Jesús no espera una adhesión libre, Él
es quien nos llama: “yo soy quien os ha elegido” y nos
llama con autoridad: “Ven y sígueme”. El verdadero
seguidor, es el que da una repuesta radical. A Jesús, repito,
solo se le conoce siguiéndolo, viviendo de acuerdo su estilo
de vida y uniéndose a su persona, con fe firme y personal.
En la lectura del evangelio de San Lucas
que escucharemos esta noche, Jesús nos habla muy claro de
las condiciones necesarias para seguirle. Y una de las principales
es la ruptura. Estas rupturas nos alcanzan y nos llegan a lo más
profundo de nuestra persona. Romper con nuestra vida anterior, y
nunca mejor que ahora en este tiempo de cuaresma, romper en algunos
casos hasta con nuestra profesión, con lazos familiares e
incluso arriesgar nuestra propia vida, por seguir a Jesús.
La ruptura con la riqueza se presenta con insistencia en el evangelio.
Tiene que darnos mucho que pensar la radicalidad con Jesús
exige esta renuncia a sus seguidores: “Vende lo que tienes
y repárteselo a los pobres”. Hay que renunciar a mirar
solo por tener riqueza, no se trata, sea mucha o sea poca, se trata
de la aptitud de que para nosotros sea siempre lo primero el dinero.
Y lo es. Lo propio del seguidor de Jesús es compartir lo
que tiene. Los que no seamos capaces de tomar esta postura radical,
no podemos apuntarnos al seguimiento de Jesús. Es una pena,
pero es así. Hay muchos que retrocedemos y nos ponemos triste
por no tener el suficiente valor de dar este paso. Nos pasa exactamente
como al joven del evangelio.
La fidelidad a Jesús, a su estilo
de vivir y relacionarse con Dios y con el hombre, forma parte del
seguimiento. Aunque el Jesús terreno ya no está presente,
si de verdad somos sus seguidores, tenemos que permanecer en su
palabra, en su espíritu y en su amor. El seguimiento reclama
una toma de postura ante los hombres a favor de Jesús. Nosotros
solo tenemos que estar siempre confrontados a la alternativa de
pronunciarnos por Jesús o en contra de Jesús. No cabe
un término medio. No se trata de apuntarnos a una doctrina;
los seguidores somos testigos del ser y actuar de Jesús.,
sobre todo en la práctica del amor. Ahí nos han de
reconocer a los verdaderos seguidores de Jesús, en que estamos
dispuestos a todos, incluso a dar la vida por los demás como
la dio Jesús.
El seguimiento de Jesús es un camino
de cruz y de servicio. Los que seguimos a Jesús no podemos
esperar mejor suerte que Jesús. Tenemos que realizar nuestro
trabajo de cristianos comprometidos en medio de las mismas contradicciones
y rechazos por parte de los que disponen del poder político,
económico e incluso religioso.
El seguimiento, como hemos dicho anteriormente,
exige renuncia, humillación y sacrificio. Si queremos irnos
con Jesús hemos de estar dispuesto a colocarlo en primer
lugar de nuestra vida, antes que al padre, antes que a la madre,
la mujer, hijos y hermanos, incluso también antes que nuestra
propia vida.
La trayectoria de Jesús no terminó
en la muerte. Tampoco nuestra trayectoria terminará con ella.
Jesús esta en el cielo al ladro del Padre, pues en el mismo
lugar estarán todo sus seguidores, no lo dudéis.
Pensad esta noche, que en la misma medida
que participemos de su camino de contradicción y sufrimiento,
participaremos de su gozo, cuando se manifieste en su gloria.
ORACION.-
Señor Jesús,
muchos se pusieron a seguirte en la primera hora,
pero pronto se cansaron y abandonaron.
Otros tienen miedo a dar el primer paso.
A os que hemos echado a andar en tu seguimiento,
danos coraje y valentía para o volver la vista atrás,
para no añorar los privilegios y los reinos perdidos.
Sabemos adónde vamos; también sabemos el camino.
Señor Jesús, con cruza o sin ella,
tu seguimiento se nos hace cuesta arriba.
En esta hora de dudas, miedos, abandonos, cobardías,
danos tu decisión y valentía para mantener el tipo,
y seguir paso a paso tus huellas en la dura brega,
en tiempos difíciles y bajo el rigor de la canícula.
LECTURA.-
(Lc. 9, 57-62)
REFLEXION.-
¿Tengo yo clara cuál debe ser mi manera de seguir
a Jesús?
¿Soy de los que pongo mi mano en el arado y vuelvo
la vista atrás?
¿Me digo seguidor de Jesús, sin renunciar
a mi situación de privilegio?
¿Estoy dispuesto a romper con todo, riqueza, poder,
etc. y seguir de verdad a Jesús?
¿Estoy dispuesto a dar todo, si fuera necesario,
para seguir a Jesús?
PLEGARIA.-
Señor Jesús, a
tu paso por el mundo,
inauguraste un nuevo estilo de ser persona;
una formas nueva de ser hombre entre los hombres.
De entrada renunciaste al poder y al tener.
Por no tener, no tenías ni un palmo de tierra para recostar
la cabeza.Para ti el amor nunca fue propiedad privada.
Derribaste la barrera entre el pariente y el extraño,
el amigo y el enemigo, el pecador y el santo.
Tú amaste a corazón abierto; a nadie negaste la amistad
y el trato.A libertad ninguno pudo ganarte.
Andabas por calles y plazas diciendo tus verdades;
saltaban de gozo los pequeños, rechinaban los dientes los sagacesUnos
te odiaban, otros te aclamaban,
y tú sin reparar en colores, te dedicabas a hacer el bien a
manos llenas.
Nunca te faltó un grupo de incondicionales, amigos de verdad.
Los Herodes y los Pilatos de turno no perdonan; un día acabaron
contigo.Pero una mañana de Pascua alguien gritó:
“El que matasteis está vivo; aquí hay unos testigos”.Señor
Jesús, como ayer, hoy nos dices: Amigos veniros conmigo;
no traigáis ni cayado de mando ni cartera;
dejad los dividendos y vuestra abultada cuenta de egoísmos;
el servicio de aquí es de valde y a fondo perdido.Desde hoy
nos vamos contigo.Aunque no tengas madriguera ni nido, te seguiremos
a donde vayas,
entre los más pobres, los más sucios, los más
proscritos y perdidos. COMPROMISOS.-
Señor, esta noche nos comprometemos a confesarnos
públicamente seguidores de Jesús. Nos comprometemos
a no abandonar por nada, ni por miedo, ni por tentación del
poder ni del dinero. Nos comprometemos a poner la mano en arado
sin volver la vista atrás y ser luz del mundo y sal de la
tierra.
Vamos a continuar este jueves, el camino que hemos comenzado
hace dos semanas, la primera elegimos el itinerario a seguir:
El de Jesús. La semana pasada meditamos sobre el seguimiento
de Jesús a través de ese itinerario. Hoy vamos a
reconocer que para seguir a Jesús, es necesario, la conversión.
El miércoles de Ceniza, el sacerdote repitió sobre
cada uno de nosotros la misma llamada a la conversión,
con la que Jesús comienza su predicación: “Convertíos
y creed en la Buena Noticia”. Convertirse, en el Nuevo Testamento,
significa un cambio consciente de mentalidad; una reorientación
total de la vida hacia Dios. La conversión significa romper
con un estado de maldad y de pecado. Jesús encarna esta
actitud de ruptura en unos personajes concretos: el que se ha
creado una buena posición a base del dinero injusto, debe
reparar la injusticia; el rico debe abandonar su riqueza y distribuirla
entre los que son víctimas de su acumulación injusta;
el hipócrita ha de abandonar su fingimiento y dejar de
hacer teatro.
La conversión que exige Jesús, no basta con la ruptura
de una situación de culpabilidad. En la dinámica
del Reino que anuncia Jesús, convertirse, significa cambiar
de señor: Dejar el mal para entrar en la dinámica
del Reino de Dios. Esta situación es tan radical como un
comenzar a vivir de nuevo. El término de la conversión
es, un hombre nuevo con un corazón nuevo, puesto al servicio
de la justicia y santidad del reino.
La conversión es una revolución, un cambio, en nuestra
mente y en nuestro corazón, un cambio en nuestra manera
de pensar, en nuestra manera de sentir, de actuar y de relacionarnos
con Dios, y con todos los hermanos.
Juan, el bautista, hace una llamada a la conversión
metiendo miedo: “El hacha esta aplicada ya a la base del
árbol”. Para Jesús la urgencia de la conversión
tiene una nueva motivación: “Ha llegado el Reino
de Dios” El amor de Dios, descubierto en su hijo es la raíz
última de toda conversión.
Jesús predica la conversión, anuncia el Reino y
llama para el ministerio apostólico a los primeros discípulos.
No hay conversión sin Jesús, no hay reino sin Jesús
ni hay llamada sin Jesús. No podremos comprender el alcance
y sentido de los tres conceptos, unidos o separados, sin una referencia
central: Jesús. Se impone, pues, acercarse a Jesús
en cuerpo y alma. Así lo hicieron los discípulos
y quedaron, convertidos en hombres nuevos: He ahí las tres
preposiciones que señalan el movimiento de la conversión.
Convertirnos a Jesús, entran en su reino; y ser luz y sal
en la tierra. Hay que escuchar a Jesús, hay que seguir
a Jesús, hay que tornarse en Jesús. Recordemos,
por contraste, al joven rico: no siguió a Jesús,
no se convirtió.
Cada uno de nosotros debe tomar partido positivo en el
proceso de convertirse y predicar la conversión, de ser
reino y anunciarlo con nuestra vida, de escuchar la palabra de
Cristo y seguirla con prontitud.
La conversión es motivo de gozo: Es gozo compartido por
Dios y por nosotros. El que de verdad ha sentido dentro de él,
una verdadera conversión y se ha encontrado con el perdón
y el amor del Padre, no puede tener en su rostro signo de tristeza.
La aptitud de tristeza, puede ser signo de una conversión
mal entendida o falseada. Jesús invita a celebrar la conversión
con aires de fiesta. Dios experimenta el gozo de que hemos reencontrado
el verdadero sentido a nuestra vida, con la conversión.
Goza como el pastor que ha encontrado la oveja perdida. Dice San
Lucas en su evangelio: “hay más alegría en
el cielo por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve
justos que no necesitan conversión”.
Pero eso de los noventa y nueve justos no va para nosotros. La
conversión exigida por la llegada del reino es, dejar toda
una vida anterior y ponerse en el camino del seguimiento de Jesús,
seguir el itinerario que él escogió. Nadie podemos
darnos por convertidos de una vez para siempre, y nadie podemos
pensar que nuestro seguimiento a Jesús haya llegado a su
total radicalidad. La conversión es una actitud dinámica:
tenemos que estar en estado permanente de conversión, manteniendo
un ritmo creciente en el seguimiento de Jesús.
Convertirse al seguimiento de Jesús, lleva consigo una
serie de rupturas, como ya vimos la semana pasada. La ruptura
incluso con los miembros de la familia, en cuanto sean un obstáculo,
para servir al reino al estilo de Jesús. Ruptura con la
riqueza y con los poderes del mundo. La riqueza se presenta siempre
en el evangelio como un obstáculo al seguimiento de Jesús.
La renuncia a ella y ponerla al servicio de todos, era una de
las exigencias en las primeras comunidades. Dice San Lucas en
su evangelio: “que era el signo visible de la verdadera
conversión al seguimiento de Jesús.
Una vasija rota de nada sirve y es incapaz de retener el agua.
Así somos nosotros sin una verdadera conversión.
En lugar de ser fuente de agua viva, nos hemos convertido en cisternas
vacías.
Esta noche vamos a intentar transformarnos, según la nueva
mentalidad, para ser capaces de discernir lo que es voluntad de
Dios, lo bueno, lo conveniente y lo perfecto.
ORACION.-
Señor, nos sentimos
pecadores y lo somos de verdad.
Sabemos que tenemos que dar un giro en redondo en nuestra vida,
en nuestras ideas, en nuestros sentimientos, en nuestro corazón.
Jesús nos dice, que convertirse es creer en la buena noticia,
dar frutos abundantes de justicia, de paz, de amor.
Señor, haz nacer un hombre nuevo en cada uno de nosotros,
donde hasta ahora sólo ha existido un egoísta, un
pecador.
Que sigamos a Jesús, que solo sabía hacer el bien.
LECTURA.-
(Ef. 4,17-32)
REFLEXION.-
¿Tengo claro que significa convertirme?
¿Estoy aprovechando este tiempo de cuaresma, para
una conversión sincera?
¿Dejo todo lo que pueda ser un obstáculo
para el seguimiento a Jesús?
En mi seguimiento a Jesús ¿Qué lugar
ocupan mis hermanos?
¿Responde mi aptitud a una verdadera conversión?
PLEGARIA.-
Señor Jesús,
tú anduviste por los caminos,
llamando a penitencia, ofreciendo perdón.
Buscaste con empeño al que daban por perdido:
al recaudador Zaqueo, a María la prostituta,
a la mujer adúltera y al ladrón.
Lo tuyo eran los pecadores, los descreídos, los proscritos,
aunque se irritaran los incondicionales de la ley,
y la cofradía de los buenos.
Jamás pudieron comprender, que donde había una prostituta,
pudiera renacer una mujer, que estrenó corazón para
amar otra vez.
Señor, es hora que comprendamos que nos has perdonado mucho;
que va siendo tiempo de que empecemos a amar de verdad.
Tú nos convocas de nuevo a la vida, al amor,
al gozo de perdonar y a la dicha de compartir.
Danos un corazón con inocencia de niño, con simpleza
de paloma,
con la ternura del Padre Dios, con el amor al rojo vivo.
Haz de nosotros, Señor, hombres nuevos, en los que no sea
ya más posible,
el odio, el resentimiento, la zancadilla.
Un hombre que no ceda a la tentación del momento:
oportunismo, edonismo, consumismo.
Hoy queremos celebrar con todos los pecadores,
la fiesta del perdón, el gozo de la conversión.
Seguro que tú estás con nosotros en la fiesta. Comerás
a nuestra mesa.
Gracias por habernos aguardado, por habernos perdonado,
por habernos invitado a seguirte entre los primeros
COMPROMISOS.-
Prometemos esta noche, aprovechar este tiempo de cuaresma,
para convertirnos de hombres rotos a hombres nuevos, con un corazón
nuevo y recién estrenado, para amar y hacer felices a los
demás. Prometemos ser seguidores fieles de Jesús,
dando ejemplo y fruto abundante, en todo nuestro entorno.
En nuestra vida diaria oímos decir muchas veces,
tanto en la calle como en muchos medios de comunicación,
frases como estas: “Dios no existe”; “Dios ha
muerto”, y no provocan ningún escándalo en
la mayor parte de la gente. Esto es la constatación practica
de una dura realidad: Dios, aunque exista, a muchos ni le preocupa
ni les interesa. Viven tranquilos sin contar con El para nada.
Ante esta realidad, que no es una buena noticia para nosotros,
Jesús habla constantemente de Dios y no cesa de hablar
con Dios. Para el, “Padre”, es el nombre de Dios.
Es su Padre y nuestro Padre. En Jesús llega la manifestación
de Dios al hombre de una forma nueva. En su vida, en sus acciones,
en su mensaje, en su muerte y resurrección, Jesús
nos está diciendo que Dios es el Padre, que está
cerca de nosotros, de nuestro trabajo, de nuestro sufrimiento
y de nuestras aspiraciones mas profundas, que nos ama y quiere
liberarnos de todos los ídolos y esclavitudes. Dios, es
el Padre que no quiere que unos hombres se impongan a otros, que
los entendidos agobien a los ignorantes, que los ricos se sigan
enriqueciendo cada vez más a costa de los pobres y que
los jefes de las naciones opriman a los pueblos.
La gran noticia que Jesús nos ha traído es que Dios
es Amor y por eso es Padre. Un Padre, al que conocemos a través
de Jesús, y como Jesús sus preferidos son: los pobres,
los que sufren la opresión de los poderosos, los indefensos,
los maltratados y para tantos, que por una causa u otra están
marginados, de alguna manera, por la sociedad en que vivimos.
Jesús vive y actúa como hijo del Padre, y su primera
actitud con el Padre es el Amor. El Amor, con Dios Padre, tiene
que ser la relación fundamental de los que somos seguidores
de Jesús. Y esta relación de amor con el Padre,
tiene que traducirse en una confianza absoluta con El, y ser sus
testigos en un mundo de increencia.
El hombre de hoy, está interesado en silenciar a Dios.
Es la mejor manera de dejar morir su presencia en la vida de la
sociedad actual, por eso en muchos personas están pasando
de una fe floja, somera, a una increencia, aunque la verdad es
que también es una increencia somera y floja. Hoy a la
hora de programar nuestra vida, nuestro trabajo, nuestra diversión,
o nuestras relaciones con los demás, no contamos con Dios
para nada. En esto, los mismos creyentes, pasamos de Dios en una
gran mayoría. El hombre que ignora o pasa de Dios, no se
ve libre de los ídolos. Si rechazamos o pasamos de Dios,
ante aquello que nos inclinemos y nos quite el sueño, ese
será nuestro ídolo. Cada época y cada persona
fabrica sus propios ídolos. Hoy nuestros ídolos
pueden ser: El dinero, el placer, el orgullo, la ideología,
el tener más para usar y tirar, el dominar para crecer
económicamente y políticamente, el querer ser más
que los demás etc. etc.
Hay que rescatar la fe en Dios de todos estos ídolos que
la tienen secuestrada, por eso los que de verdad no consideramos
cristianos tenemos que ser testigos del Dios vivo en un mundo
de increencia. Nuestra aptitud no tiene que ser la del escándalo
o el acoso a los que abandonan la fe en Dios. Nuestra aptitud,
ante el silencio vergonzante sobre Dios por parte de muchos, es
hablar, obrar y vivir como creyentes de verdad en Dios, Padre
de Jesús y padre nuestro. No podemos seguir sirviendo a
Dios y al dinero, al poder al orgullo o a las ideologías.
Nuestra vida de testigos tiene que ser, la señal del Dios
y Padre verdadero, para el que busca, para el que duda y para
confirma la fe en los que siguen creyendo.
Terminamos esta reflexión, teniendo muy claro, que creer
en Dios como Padre, exige creer en todos los demás, repito
en todos, como hijos de Dios y por lo tanto como hermanos nuestros.
Tenemos que ser hombres a la medida de Dios, y el ser hombres
a la medida de Dios exige para los demás ser, misericordiosos
como el Padre es misericordioso, perdonar hasta setenta veces
siete, es decir siempre; hacer el bien sin fronteras, sin distinciones,
como el Padre hace salir el sol para buenos y malos.
ORACION: Señor, cuando
muchos dicen que no existes, nosotros con todos loa creyentes,
te invocamos con el nombre de Padre.
Cuando muchos dicen que no te necesitan, nosotros encontramos
en ti el sentido a nuestras vidas y a nuestro trabajo.
Señor, no queremos ni podemos vivir sin ti.
Antes de que fuésemos en tu busca, anduviste tú
un largo camino para venir a nuestro encuentro.
Nos has amado el primero y nos sigues amando a pesar de nuestros
desplantes; nos sigues esperando, a pesar de nuestras rebeldías.
Tú no te cansas nunca de amarnos, aunque un día
nuestras madres, cosa que nunca ocurre, se olvidaran de querernos.
Con Jesús proclamamos que tú eres su Padre y nuestro
Padre, su Dios y nuestro Dios.
LECTURA (1 Jn 2,29-3,10)
REFLEXION
¿Qué significa para mí la palabra
“Padre”, en referencia con Dios?
¿Tengo presente a Dios Padre en todos mis proyectos,
o paso de El?
¿Busco a Dios con todos los medios a mi alcance,
charlas, meditaciones, catequesis, lecturas etc.?
¿Si Dios es Padre de todos, porqué no me
porto con todos los demás como un verdadero hermano?
¿Trato con mi manera de actuar en consolidar mi fe y despertarla
en los que la tienen dormida?
PLEGARIA
Padre nuestro que
estás donde el amor está; donde los hombres se quieren,
viven la vida y crecen en libertad.
Donde un hombre
y una mujer se aman con corazón de madre y padre, y llenan
de ternura las cuatro esquinas de su hogar.
Proclamamos que
tú eres Santo, aunque falte mucho para que tu nombre sea
alabado y respetado, en la calle, en la fábrica, en la
mina, en el campo.
Venga pronto a este
mundo tu reino, con su ración de justicia, de amor y de
paz.
Tú quieres
que te reconozcamos como Padre y nos amemos como hermanos.
Señor, hágase
ya mismo tu voluntad.
De todos los rincones
del mundo se elevan voces de muchos niños: “Papá,
yo quiero pan”.
Que no falte en
ninguna mesa la ración cotidiana para vivir; ni tu palabra
viva, para que nadie se quede con hambre de ti.
¡Padre del
cielo y de la tierra! No somos buenos, como tú eres bueno;
odiamos, explotamos, nos matamos.
No uses nuestra
medida a la hora de perdonarnos.
Nos ronda la tentación
del dinero, el ídolo del poder, la pasión del sexo;
líbranos de adorar ídolos que se nos pueden romper.
Líbranos,
Padre, de hacer el mal, aunque nos lo hagan los demás.
Padre, tú
eres amor, enséñanos a amar.
COMPROMISOS:
Nos comprometemos, Señor, aprovechando todos los
medios a nuestro alcance, a reavivar y aumentar nuestra fe. A
trabajar para que vuelva a los que la han perdido, y despertarla
en aquellos que la tienen dormida.
Adquirimos, esta noche, el compromiso de ser auténticos
testigos de fe, con nuestro comportamiento social, y de esta manera
ayudarnos unos a otros a continuar manteniendo viva nuestra fe
en Ti.
Hemos llegado a la última noche
de nuestra oración antes de la gran fiesta de la Resurrección.
Esta noche es la propicia para que meditemos, cada uno de nosotros,
si somos de verdad cristianos convencidos y actuamos consecuentemente
con este convencimiento. Esta noche es la propicia para pedir perdón
a Dios, pero no antes de haber perdonado nosotros a los demás.
Es la noche propicia, para prepararnos y poder vivir unidos con
Jesús su pasión y gozar con El en su Resurrección.
Por nuestra forma de vivir el cristianismo, damos la sensación
de que lo vi¬vimos sin mucho convencimiento y que muchas veces
nos dejamos guiar por la rutina y hacemos las cosas porque siempre
las hemos hecho así, pero sin mucho convencimiento:
Vamos el fin de semana a celebrar la Eucaristía del domingo
y en ella escucha¬mos el mensaje de la Palabra de Dios que nos
pide unos ciertos compromisos, pero luego no se nota en nuestra
vida, que sigue igual que siempre, con los mismos defectos, las
mismas rutinas... y lo peor, sin intención de intentarlo.
Tenemos mucha devoción a nuestro patrón San José,
le pedimos por todas nuestras necesidades, le encendemos una vela
en el lampadario, pero luego no somos capaces de intentar imitar
la manera de vivir en el seguimiento a Jesús como él
lo vivió.
Cuando nos encontramos en el bar., en una tienda, o en cualquier
otro lugar público y oímos que se está comentando
algo contra alguien y nosotros sabemos que es mentira, nos callamos
cobardemente y por miedo no levanta¬mos la voz para acallar
aquella injusticia.
Cuando oímos que se está atacando a la Iglesia de
una manera atroz, y aun¬que a veces tengan motivos por errores
de la propia Iglesia, pero otras muchas veces sin razón,
nos callamos para aparecer como tolerantes, que vamos con los tiempos
modernos y que no somos "carcas".
En definitiva, no estamos convencidos de los que creemos, ni de
lo que cele¬bramos y suele haber entre nosotros un divorcio
entre nuestras creencias y nues¬tra vida.
Y no creo que haya que ir por la calle dando voces y diciendo "soy
cristiano" "voy a Misa", no; se trata de que en la
familia, en la calle y donde quiera que nos en¬contremos demostremos
con nuestras palabras y con nuestra vida, con nuestra forma de actuar
y con nuestro comportamiento con los demás, que estamos convencidos
de lo que creemos; y si hace falta decirlo, se dice sin miedo a
nada, ni a nadie.
Jesús cuando curaba a los enfermos les decía que no
se lo dijesen a nadie, pe¬ro se lo decía porque no le
gustaba el espectáculo, ni que la gente le siguiese por los
milagros que hacía; sino que si tenían que seguirle,
tenía que ser por convenci¬miento de que Él era
el camino, la verdad y la vida.
Sin embargo, cuando Pilato le pregunta si es Hijo de Dios, Jesús
no duda en responder: "Tú lo dices, yo lo soy";
no tuvo miedo a lo que le podía venir, pues se estaba equiparando
al mismo Dios y eso era una blasfemia, sin embargo es va¬liente
y demuestra su convencimiento.
Nosotros tenemos que ser cristianos convencidos de lo que creemos,
de lo que celebramos y por consiguiente de lo que vivimos por la
coherencia de nuestra fe
Si celebramos la Eucaristía del
domingo, que es la fiesta de la fraternidad, te¬nemos que ser
eucaristías vivientes y nos tenemos que dar y destrozar,
si hace falta, por los demás; pues no podemos asistir el
domingo a Misa y salir de ella como si nada hubiese pasado y ya
hasta el próximo, ¡si Dios quiere! Por eso tenemos
que aceptar el compromiso social que supone la Misa.
Si creemos y celebramos, tenemos que ser coherentes en la vida y
expresarlo con nuestra palabra y con nuestras obras, ya que de lo
contrario continuaremos siendo cristianos sin convencimiento y lo
que hacemos, lo hacemos por la inercia y por la rutina, como siempre
lo hemos hecho.
Vamos a pensar un poco detenidamente en nuestros comportamiento,
y vamos a pedirle a Dios nos perdone, de la misma manera que nosotros
perdonamos a los demás.
ORACION.-
¡Ojala, Señor,
se conociera en mi aptitud y en mi coherencia de vida y de conducta,
que soy seguidor tuyo! Que lo soy de verdad y que no puedo, ni quiero
disimularlo.
Aunque por eso me persiga
el mundo, como también a Ti te persiguió.
Concédeme, Jesús,
que mis obras y mis palabras den testimonio de Ti Que todo el que
se acerque a mi persona, encuentre en mí esa coherencia entre
mi fe y mi manera de vivir, de tal manera que vean en mí
un verdadero discípulo tuyo.
Señor, el lenguaje
y el sello inconfundible de los tuyos es el del amor, como tú
mismo nos dijiste y nos distes ejemplo, con tu coherencia de vida.
Yo quisiera hablar siempre
este lenguaje, como testimonio auténtico de la verdad, pero
aún me queda mucho por aprender, por eso no me reconocen
como discípulo tuyo, porque en verdad no lo soy, sino muy
a medias.
Por eso no te encuentran
a Ti los que buscan en mí a ese seguidor de Cristo, porque
mi aptitud y mi comportamiento los desorientan y se van decepcionados.
Haz, Señor, que mi
amor y mi coherencia con mi fe, den testimonio de tu verdad.
LECTURA. - (Flp 2, 1-11)
REFLEXION.-
¿Se lo que supone ser cristiano convencido?
¿Estoy dispuesto a ser cristiano con todas sus consecuencias?
¿Me callo, cuando hablan mal de la Iglesia o la defiendo?
¿Hay una separación entre vida cristiana y mi vida
social?
¿Vivo con coherencia, lo que creo y lo que celebro?
PLEGARIA.-
Te bendecimos, Padre, y te
damos gracias.
Estamos contentos de pertenecer,
a esta comunidad
que vive el Evangelio hacia dentro y hacia fuera.
Tenemos la suerte de sentirte
entre nosotros
y de sentirnos todos hermanos.
Te damos gracias por los
dones recibidos,
por nuestros encuentros fraternos y de oración,
por nuestras celebraciones y unión entre todos,
por nuestro compromiso con el conjunto de nuestro pueblo.
Reconocemos, sin embargo,
que algunas veces
escurrimos los deberes, no colaboramos lo necesario,
y no damos testimonio ni somos coherentes como debíamos.
Contemplando hoy el amor
y la coherencia de Jesús,
nos avergonzamos de nuestra falta de coherencia,
de nuestro testimonio tan poco convincente.
Padre, que tu Espírito
nos ilumine
para que avancemos unidos y decididos
en la construcción de tu Reino
Refuerza nuestras convicciones,
para ser evangelios vivos
que irradien tu amor misericordioso y redentor,
con nuestro ejemplo y nuestra coherencia de vida.
COMPROMISOS.-
Esta noche, nuestro único compromiso, Señor,
es: Vivir nuestra vida social, con una coherencia perfecta, entre
lo que creemos y celebramos. Que nuestra vida de cristianos se conozca
por nuestra forma de actuar con los demás, y que seamos verdaderos
testigos de Jesús, con valentía y sin miedo
Hace tres días, celebramos la Resurrección
de Jesús. Estamos aún sintiendo esa alegría
y ese gozo de saber que nosotros también resucitaremos con
Él. Pero antes tenemos que recorrer el camino que Él
recorrió, y de la manera que Él lo recorrió.
Somos sus seguidores, como hemos meditado en otras noches de nuestra
oración, y por eso estamos aquí. Queremos conocerlo
cada vez más a fondo. Queremos vivir, actuar y ser como Él,
por eso es muy importante conocerlo cada vez más.
Por eso a través de nuestras noches de oración, además
de conocer más en profundidad a Jesús, vamos a meditar
sobre las obligaciones que para nosotros los cristianos se derivan
de este seguimiento a Jesús.
La noticia que Jesús viene a pregonar de parte de Dios es
esta: Se ha cumplido el plazo, llega el reinado de Dios. Esta es
la buena noticia que hay que creer para ser discípulo de
Jesús.
La palabra reino no tiene aquí el sentido que le damos en
nuestro lenguaje corriente. La palabra Reino de Dios, equivale a
reinado de Dios; actuación de Dios. Una actuación
que se hace realidad a favor del desvalido, del pobre, del huérfano,
del necesitado. El Reino de Dios y el reino de los poderosos de
este mundo no se parecen en nada. El reino de los poderosos se apoya
en el poder y en las armas y el de Dios se apoya en el amor. El
reinado de Dios, es una toma de postura radical de Dios a favor
del hombre, pues su mayor gloria consiste en el que el hombre viva
y alcance su plenitud. Cuando el hombre alcance su verdadera cuota
de humanidad, de autonomía y de libertad, entonces estará
a punto de hacerse realidad el reino de Dios
El reinado de Dios está presente entre nosotros, pertenece
a nuestra historia, se ha hecho una realidad en Jesús y está
aconteciendo a favor de los ciudadanos de nuestro mundo. El reino
de Dios acontece cuando Jesús se hace solidario con pecadores
y publicanos, come con ellos, le promete y le otorga el perdón,
como un don del reino; cuando aporta soluciones a los males del
hombre que sufre una enfermedad y cuando libera a los oprimidos.
Lo que nos tiene que quedar claro a nosotros esta noche, es que
Jesús no solo anuncia el reino de Dios, si no que lo hace
realidad, lo hace perceptible a los hombres. Lo importante es que
no lo hizo teoría, como lo hacemos nosotros, sino lo hizo
una práctica diaria. Jesús está poseído
por el reinado de Dios, empeñó su vida y afrontó
la muerte para hacerlo posible entre nosotros.
El reino de Dios acontece también cuando cualquiera prepara
una comida e invita a mendigos y pobres, que no le pueden pagar;
cuando un padre acoge con gozo al hijo que se fue; cuando un patrono
paga a sus obreros lo que es justo.
Los hombres y mujeres que formamos la Iglesia de Cristo, tenemos
que poner toda nuestra disponibilidad al servicio del reino de Dios
entre los hombres de nuestro mundo. Donde estemos nosotros, debe
estar también el reino de Dios. Tenemos que hacerlo presente
en todas nuestras situaciones, con nuestras obras y de esta manera
poder decir al mundo: si yo vivo y actúo de esta manera,
es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
El reino de Dios se manifiesta hoy día, cuando cualquiera
de nosotros haga valer los derechos de los oprimidos, reclamemos
justicia para los indefensos, trabajemos para que haya pan para
todos los hambrientos, cuidados para todos los enfermos, con derecho
o sin derecho a sanidad.
Mientras continúen situaciones de injusticia, de esclavitud,
de explotación del hombre por el hombre, de poder opresor
y de falta de amor al servicio del hombre no puede existir reinado
de Dios.
Esta noche no vamos a analizar la forma de actuar de los demás
para que se manifieste el reino de Dios, sino la nuestra propia,
por eso esta noche cada uno de nosotros vamos a reflexionar sobre
la siguiente pregunta. Yo que me digo cristiano y formo parte de
la Iglesia de Cristo. ¿Mi forma de actuar es coherente, comprometida
e idónea para que el reino de Dios se manifieste a mí
alrededor?
ORACION.-
Señor Jesús,
tú lo proclamabas a los cuatro vientos, para los que lo quieran
oír: Ha llegado el reinado de Dios. Alegraos con la buena
noticia.
El Dios del reino ha creado
un mundo para el hombre; la gloria de su reinado es que el hombre
viva y sea feliz.
Sabemos que el reino de Dios
está activo entre nosotros, ayúdanos a descubrirlo;
el reino de Dios exige hombres decididos, ayúdanos a construirlo.
Te pedimos que llegue a todos
el reino y que todos nos empeñemos en hacerlo venir.
Cuando tantos se empeñan
en construir reinos sin Dios, haz que nuestro mejor culto a Dios
sea el servicio a su reino.
LECTURA (Rm 14,16-19)
RELEXION
¿Soy consciente de que el reinado de Dios aunque
no es de este mundo, tiene que comenzar ha hacerse realidad en este
mundo?
¿Trabajo para que el reinado de Dios, se manifieste
a mí alrededor?
¿Medito con frecuencia que el reino de Dios, es
reino de paz, de justicia y de amor?
Jesús, dedicó su vida, su actividad y su
tiempo al servicio del reino. Y se jugó la vida en el empeño.
¿Pongo en mis obras ese empeño? o ¿mi actuación
es solo de palabra?
¿Coopero en mi parroquia, con los distintos grupos,
asociaciones, cofradías y distintos movimientos pastorales
para hacer realidad el reino de Dios entre nosotros?
PLEGARIA.-
Señor, en nombre de
las gentes sin voz te decimos: Venga pronto tu reino.
Que se acaben los que venden
al justo por dinero, aplastan contra el polvo al débil y
ponen zancadillas al inocente.
Señor, que baje a
nuestras calles tu reinado.
Que no tengan lugar en nuestras
ciudades y pueblos, los que edifican sobre la injusticia de sus
fortunas, y oprimen a analfabetos e indefensos.
Que se acaben los especuladores,
que juntan casa con casa y campo con campo, y para los demás
no dejan tierra, aire, ni espacio.
Venga tu reino a nuestros
barrios, donde tanta gente no tiene cobijo ni trabajo.
Señor, venga tu reino
a nuestros códigos; que se haga justa nuestra justicia, que
no fabriquemos leyes para garantizar privilegios; que no pierdan
otra vez los pobres y ganen los de siempre.
Señor, haz brotar
en nuestra tierra, el reinado de tu justicia frente a nuestras injusticias,
el reinado de tu paz frente a nuestras guerras y violencias, el
reinado de tu amor frente a nuestros odios, el reinado de tu misericordia
frente a nuestras intransigencias, el reinado de tu perdón
frente a nuestros rencores, el reinado de tu ternura frente a nuestro
corazón de piedra, el reinado de tu inocencia frente a nuestras
manos sucias.
Señor, que venga tu
reino pronto. Lo esperamos con urgencia: que venga hoy mismo.
Quizás para mañana
se nos haga demasiado tarde.
COMPROMISO.-
Señor sabemos que tú nos envías a
anunciar y a construir tu reino. Esta noche, como cristianos, nos
comprometemos a que tu reinado llegue a los sencillos y a los humildes.
Nos comprometemos en poner todo nuestro empeño
para construir un mundo con más amor y más paz. Una
sociedad donde reine la justicia y la solidaridad y en la que los
pobres ocupen el lugar que le corresponde dentro y fuera de la Iglesia.
En el Evangelio que escucharemos después, proclama
dichosos a los que han creído, a los que escuchan la palabra
de Dios y la llevan a la práctica, a los que no se escandalizan
de Jesús.
El mejor resumen del evangelio del Reino, anunciado por
Jesús, es la proclamación de las Bienaventuranzas.
Todas comienzan con una palabra de felicitación: “Dichosos
vosotros”. En estas dos palabras tenemos el meollo del evangelio
de Jesús. Son palabras de gozo, de alegría. Nosotros
los cristianos y solamente nosotros, somos los que convertimos muchas
veces nuestra religión, en una religión triste.
Las Bienaventuranzas nos hablan de unas aptitudes del
corazón: hambre de justicia, deseos de construir un mundo
en paz, limpieza y transparencia de corazón, persecución
por causa de Jesús y de la justicia, pero también
nos hablan de situaciones reales de dolor: pobreza, hambre sufrimiento.
El dichosos vosotros pronunciado por Jesús va dirigido a
todos estos hombres y mujeres.
Dios ama a los pobres, pero no bendice la cifra de pobreza
y hambre que hay en el mundo. Dios proclama dichosos a los pobres,
pero no aprueba las estructuras injustas, que hacen que los ricos
sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más
pobres.
Las Bienaventuranzas son un programa de vida. Este programa
no está formulado como una ley, pero entraña una exigencia
radical. Contienen la exigencia clara de ser pobres en la vida y
en el Espíritu; no buscando apoyos en el dinero, optando
por los pobres, compartiendo lo que tenemos con el necesitado. La
pobreza de unos, se debe en gran medida a la injusticia de otros.
La paz es otro de los dones del Reino. No existe paz sin
amor, sin reconciliación, sin justicia. Serán bienaventurados
los que trabajen para eliminar las guerras, pero también
los que trabajen para eliminar las grandes desigualdades entre pueblos
ricos y pueblos pobres, con las cuales se hace imposible la paz.
El que opta por las Bienaventuranzas, tiene que ser hombre
de corazón sincero y esto en esta sociedad en que vivimos
parece mas bien una paradoja ya que hoy para triunfar y crecer no
dudamos en usar los trucos y la falsedad, porque lo que nos interesa
es crecer, el como carece de importancia.
Los cristianos convertimos muchas veces las Bienaventuranzas
en un bello poema, cuando la verdad es que las bienaventuranzas
llevan para todos nosotros, un fermento de revolución por
dentro. Vamos a pararnos a meditar esta noche detenidamente la sangrante
paradoja de gritar.”Bienaventurados vosotros” en una
chavola, en un suburbio, en un campo de refugiados o en una presión
entre gentes privada de libertad. Este grito cae sobre todos nosotros
como una denuncia.
ORACION. TODOS
Señor, hoy te proclamamos
a ti el primer bienaventurado; porque tú mantienes siempre
tu fidelidad al hombre a pesar de sus fallos; porque haces justicia
a los oprimidos; multiplicas el pan a los hambrientos, proclamas
la libertad para los cautivos, enderezas a los que tropiezan y se
caen, amas de corazón a todos los hombres justos.
Señor, haznos pobres,
sufridos, misericordiosos, pacíficos, y hambrientos de justicia
y de corazón limpio, para que así descubramos a los
hombres en todo tiempo y lugar, el verdadero camino para ser bienaventurados
y felices.
LECTURA
Del Evangelio, según San Mateo. ( Mt 5,1-12)
REFLEXION:
¿Qué son para mí la Bienaventuranzas?
¿Un canto bello o un compromiso?
¿Estoy contribuyendo, en mayor o menor grado a
la pobreza de alguien?
¿Soy un verdadero constructor de paz, entre mi
familia, mis amigos y mi comunidad?
¿Opto por las Bienaventuranzas, con todas sus consecuencias?
O ¿las apartó de mí cuando me estorban para
mis intereses?
El apostar por los pobres, tiene su precio. Para Jesús
fue la Cruz. Para muchos de sus seguidores de hoy, la bala asesina,
el campo de concentración, la tortura o la desaparición
sin dejar huellas. ¿Estoy yo dispuesto a seguir apostando
por la Bienaventuranzas, sea cual sea el precio que me cueste?
PLEGARIA. TODOS.
Señor Jesús,
tu nos sorprendes con una gozosa noticia: Felices los pobres, los
hambrientos, los perseguidos. La verdad no lo entendemos muy bien.
¿No te habrás equivocado?
Señor, tu mensaje
no entra en nuestras previsiones y cálculos, no encaja en
las combinaciones de nuestro ordenador personal.
Aquí los pobres nunca
han sido felices, tampoco los no violentos, los de corazón
noble y limpio ni los que practican la justicia y construyen la
paz.
Los felices siempre han sido
los otros: los de las cuentas corrientes en bancos y chalet de lujo
en la playa, los creadores de bolsas de pobreza para hacer rentables
sus empresas, los constructores de armas para destruir y matar,
los que mantienen el poder a toda costa, los que no quieren que
la justicia llegue a nuestra tierra, porque temen tocar a menos
en el reparto.
Señor, hoy queremos
proclamar dichosos a los que creen en el hombre, a los que aman
y respetan al hombre, a los que rompen cadenas y crean libertad,
a los que responde con la verdad a la mentira, a la explotación
con la justicia, a la violencia con la paz y al odio con el amor
y la amistad.
Señor, haz que sean
tantos los pobres felices, los justos, los hambrientos, los pacíficos
felices, que no tengamos más remedio que darte la razón.
Señor, nos hemos empeñado
en buscar la felicidad en cisternas vacías, y no acabamos
de comprender que la dicha verdadera está en las ocho Bienaventuranzas
y en algunas más.
COMPROMISOS:
Señor, esta noche nos comprometemos a ponernos
a lado de los más pobres y desheredados de nuestro entorno.
Trabajar para que alcancen su felicidad, sin buscar compensaciones
interesadas.
Nos comprometemos a oponernos siempre a todo tipo de violencia,
y crear cauces de encuentro entre nuestra familia, nuestros vecinos,
nuestros amigos. Apostar siempre por la paz y rechazar toda aportación
personal y económica a fabricar artefactos para la guerra.
Finalmente nos comprometemos a alinearnos con los justos;
Apostamos por crear un mundo donde no se hable tanto de justicia,
sino un mundo en que todos seamos justos; tomamos el partido de
los injustamente explotados, humillados y marginados. Quizás
de esta manera podamos contarnos entre los que alguna vez han tenido
que sufrir por causa de la justicia.
Estamos metidos aún
dentro del tiempo de la Pascua. La Pascua es el triunfo de Jesús
sobre la muerte. Pero antes de ese triunfo, antes de su resurrección,
Jesús vivió como uno más de nosotros y se crió
en el seno de una familia. Uno de los momentos más grandes
de nuestras celebraciones es el encuentro entre familia. Esta noche,
estamos celebrando ese encuentro, como familia que formamos la comunidad
de Calamonte y el domingo lo celebraremos en Zafra, como familia
que formamos la comunidad diocesana. Estamos reunidos, con Jesús,
formando una familia, familia,en los momentos buenos y menos buenos,
pero prevaleciendo por encima de todo, la comprensión, la
ayuda y el amor.
En nuestros tiempos, son muchos los peligros que amenazan a la
familia. Estamos viviendo en un ambiente poco acostumbrado al
sacrificio y al esfuerzo. Queremos las cosas enseguida, pero también
nos cansamos enseguida. La espera no llega a ser esperanza, por
la impaciencia, y se convierte en ansiedad. Nos falta constancia
y nos sombran las ansias de cambiar. Nos faltan valores y nos
sobran sensaciones. En una palabra. Nos falta fe. A todo esto
tenemos que unir los problemas derivados del consumismo. Importa
más el tener que el ser. Importa más la casa bien
puesta que las relaciones bien llevadas. No tenemos tiempo para
la convivencia familiar, lo que nos lleva a la falta de diálogo
entre los miembros de la familia y de atención a cada uno
de ellos. El afán consumista nos lleva incluso a tratar
a la persona como un simple medios, las aprecio en tanto en cuanto
saco algo de ellas. Esto es un amor posesivo, no un amor verdadero.
Tenemos que replantearnos la valoración que hacemos del
trabajo fuera de la familia, del tiempo empleado en la televisión,
de la dedicación a los hijos, del exceso de gastos o la
falta de austeridad. Y lo que es lo más importante, el
tiempo que dedicamos a Dios.
La familia, como todas las cosas muy valiosas, se puede estropear,
se puede corromper. Y así puede degenerar en costumbre
y rutina, en incomprensión y abuso, en violencia y terrorismo,
en ruptura y muerte. Por eso además de la oración
se necesita el cultivo diario. La familia no es una casa terminada,
hay que construirla cada día. No es un tesoro que se guarda,
es una semilla que se cuida.
Por eso tenemos que tener muy en cuenta ciertos principios: Tenemos
que propiciar un dialogo sincero, para un mejor conocimiento y
comprensión. Renovar los gestos del amor, aunque sean sencillos,
para evitar la rutina, que mata callando. Crecer en la confianza,
que es donde se encuentra el verdadero amor, sin que anide en
nosotros sombra alguna de engaños o de celos. Sentirnos
responsables del otro, ofreciendo la ayuda necesaria, pero respetando
siempre su libertad. Pedir perdón, si es necesario, por
lo que hemos hecho mal o por lo que hemos dejado de hacer; no
acostarse nunca con resentimiento. No ser blandos y complacientes
a la hora de educar a nuestro hijos, tenemos que saber, dentro
de nuestro cariño y compresión, exigirle para que
mañana sean lo que deben ser. Y por último contar
siempre con la presencia de Cristo y la ayuda de Dios. La fe es
nuestra victoria y la oración nuestra mayor fuerza.
Para el que carece de familia, o para la familia que solo tiene
el nombre de familia, la vida y la sociedad amenazan con degenerar
en una triste pesadilla. El sueño de la familia que todos
anhelamos, no es una fantasía sino una realidad, un futuro
a construir. La sociedad de mañana será lo que decidamos
hoy los que creemos operativamente en la familia. Por eso esta
noche todos juntos decimos ante el Señor: ¡Sí,
la familia es un sueño hermoso y posible!
TODOS:
Bendito seas Dios Padre,
Dios del amor y de la Vida,
vela por estas familias
que quieren siempre agradarte
y hacer tu santa voluntad.
Bendito seas Jesús,
Nuestro Señor,
tu que eres el Camino, la Verdad y la Vida.
Haz que vivamos en familia
el camino del Amor, la Verdad de tu amor
y la Vida desde el amor.
Bendito seas Espíritu
Santo,
tú que eres luz de toda luz,
santifica a cada miembro de estas familias
derramando tus siete dones,
para que se respire entre nosotros
el amor, la paz, la solidaridad,
la acogida, el perdón, la fidelidad,
y la unión.
Bendita seas María,
Madre de todas las familias,
protégenos y protege
a todas las familias del mundo
y ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amen.
LECTURA.- (Col 3, 12-21)
REFLEXION
¿Es para mí un deber, hacer familia?
¿Tengo asumido que hacer familia, es una tarea diaria?
¿Presto mi ayuda a las familias amenazadas que sufren
por un amor roto, por el paro, por la necesidad o por cualquier
otra circunstancia?
¿Aprecio a los demás únicamente cuando
saco algo de ellos?
¿Estoy convencido que el futuro de la Iglesia y de la
sociedad, se juega en la familia?
¿Trabajo para que mi familia sea ejemplo para las demás
familias?
PLEGARIA
Dios Santo, sabemos que nuestra
responsabilidad de familia cristiana crece.
Tenemos que darnos cuenta
de la forma en que utilizamos los dones y carismas que nos hacen
vivir para los demás, tanto como para nosotros.
No tenemos que predicar
desde un estrado, sino lo que es mas difícil todavía,
tenemos que dar testimonio del Evangelio en nuestras vidas de
familia cristianas.
Vivimos en un entorno en
que no se rechaza abiertamente el cristianismo, pero tampoco se
le ama verdaderamente. Un entorno en que todo lo religioso se
convierte un poco en tabú.
Es muy difícil mostrar
quién somos en el momento justo y en el lugar justo. Es
muy difícil sembrar nuestro grano de trigo en ese momento.
Por eso, Señor, te pedimos esta noche, que este encuentro
que estamos teniendo, sea para nosotros un compromiso, que nos
ayudes a derramar esa semilla del ejemplo y del testimonio ante
los demás en cualquier momento y en cualquier lugar.
Que nunca nuestro testimonio
de familiacristiana, sea un signo pobre y débil ante nada
y ante nadie.
COMPROMISOS:
Esta noche nuestro compromiso es: trabajar para apartar de nosotros
todo aquello que pueda impedir que aumente nuestra unión
familiar y para que, con nuestro ejemplo y nuestra ayuda, aumente
también la unión familiar de los que viven a nuestro
alrededor.
Después de
hacer un paréntesis la semana pasada, para dedicar nuestra
oración a la familia, volvemos a buscar, conocer e intentar
seguir a Jesús, para poder tener con él ese encuentro
que todos deseamos.
Dicen que, en el mundo, hay pan y sitio suficiente para todos y
cada uno de los hombres. Pero, en cambio, qué gran paradoja:
nunca, como hoy, tenemos la sensación de falta de espacio,
de falta de oxígeno y muchas personas de falta de pan. Parece
como si el agobio, el afán de tener o de acaparar, junto
con las prisas, nos aturdieran tan profundamente que nos empujasen
a buscar caminos que conduzcan a una cierta paz, verdades que nos
lleven a una cierta tranquilidad, vida que nos ayude a encontrar
la auténtica que, por lo que sea, no podemos alcanzar.
Las habitaciones del cielo, aquellas que Jesús nos señala
en el evangelio del domingo próximo, sólo se pueden
abrir desde el profundo convencimiento y confianza en Cristo.
Hay un acorde, formado por tres notas, que resume perfectamente
dando el tono de la gran melodía del evangelio compuesta
por Jesús, y también la síntesis de toda su
persona: CAMINO, VERDAD Y VIDA
Con esa tonalidad hemos de aprender a vivir y cantar nuestra fe.
Nuestro corazón, será capaz de resistir las embestidas
de los nuevos tiempos, si lo acercamos a esa gran fuente de esperanza
y de serenidad que es Jesús.
Hoy, al escuchar este evangelio pascual, tendríamos que salir
gritando de nuestras iglesias y de nuestras comunidades, de nuestras
eucaristías y de nuestros grupos: ¡QUEREMOS OTRA CIUDAD!
Y, esa ciudad, es posible. Jesús nos habla de una realidad
junto al Padre, que nos debe de animar a vivir según El mientras
estemos en la tierra.
El peor enemigo de la construcción de esa ciudad eterna (con
millones de estancias y con una para cada creyente) es la cobardía.
No podemos aacomplejarnos frente aquellos que se erigen como nuevas
verdades, como ingeniosos caminos o como “interesadas”
maneras de entender y de comprender la vida: vales en cuanto eres.
La Pascua, el paso del Señor por nosotros -entre otras cosas-
ha debido servir para aclararnos el camino que llevamos como cristianos.
No seguimos una ideología. No tenemos como referencia un
punto muerto: es Jesús a quien seguimos y por el que merece
la pena reconducir nuestros caminos, bajarnos de nuestras mentiras
y alejarnos de las fábricas de muerte que se levantan en
nuestra sociedad.
No es cuestión de poner cimientos en el cielo, ni de pensar
en el cómo subir paredes de ladrillo en la ciudad eterna.
Hoy, aquí y ahora, nos toca dejarnos llevar y dirigir por
ese Maestro que nos propone un CAMINO para llevarnos a Dios; que
es la VERDAD que ilumina todo; que nos recuerda que, cuando ahondamos
en El, existe un gran surtidor de VIDA para la de hoy y para la
que nos aguarda el día de mañana.
Demos gracias a Jesús, en este tiempo de la Pascua, porque
nos ayuda a dar el valor equilibrado a cada cosa. A no clavarnos
por la ansiedad infeliz, que nace de lo efímero, del bienestar
que santifica y endiosa el mundo. Jesús, como hombre comprometido
con la causa del hombre, pero como ciudadano del cielo, nos da la
oportunidad de diseñar esa morada, esa habitación
que Dios nos tiene preparada en la ciudad eterna.
¿Sabéis cual es la gran comodidad de esa estancia?
¿Sabéis cual es el artículo de lujo de ese
apartamento eterno? Simplemente que está amueblado de DIOS
y con DIOS. Y, ante eso, no cabe sino pensar en disfrutarla teniéndole
como el mejor compañero.
ORACION.-
Sí, Jesús;
Hace mucho tiempo que me abandoné y hasta me perdí
por caminos aparentemente llanos,
y, al recorrerlos, me di cuenta
que eran inciertos, inseguros y con final oscuro.
Miré, y comprobé que caminabas a mi lado.
Un buen día, comencé
a creerme
lo que, a mí mismo, me decía,
olvidé tus Palabras, dejé de escucharlas.
Me interesaban aquellas otras rojas y blancas
verdes y amarillas que se sostenían
en el altavoz del escaparate del engaño.
Afiné mi oído, Señor, y quedé desnudo
ante la VERDAD de tu persona.
Eres amor que no engaña
Eres amigo que no falla.
Miré, y comprobé, que mi vida era una gran mentira
No sé cómo
ni cuándo,
pero una tarde pensé en la vida y en la muerte,
reflexioné sobre la muerte y la vida,
y, al mirarme a mí mismo,
comencé a sentir llagas de preocupación
heridas de sufrimiento
cicatrices de dolores y de debilidad.
Levanté mis ojos a tu cruz, Señor,
y me quedé asombrado de la VIDA de tu VIDA
de la fuerza de tu VIDA
del amor de tu VIDA.
Por eso, Señor, no
puedo menos en este día
que decirte y pregonar a los cuatro vientos:
TÚ, SI QUE ERES CAMINO, VERDAD Y VIDA.
Y, ¿sabes, Señor?
En mi camino, mi verdad y mi vida,
siempre me haces falta.
LECTURA.- (Jn 14,1-12)
REFLEXION.-
¿Qué me dicen a mí las palabras, CAMINO,
VERDAD Y VIDA?
¿Busco ya en este mundo la morada del Padre?
¿Doy la cara, sin complejos, ante aquellos que propagan
otras verdades?
¿Trabajo para encontrar, juntos con los demás,
el verdadero camino que lleva a Cristo?
PLEGARIA
Yo quiero, Señor,
una estancia del cielo.
Si me preguntas cómo abrirla,
te diré que con la llave del camino que emprendí
en la tierra,
creyendo y esperando en Ti.
Si me preguntas cómo cruzarla,
daré el primer paso desde verdad que descubrí en
tu Palabra,
mientras estuve aquí abajo.
Si me preguntas cómo vivir en ella,
lo intentaré llevar a cabo con las sensaciones de vida,
que el Espíritu marcó en lo más hondo de
mis entrañas.
Quiero, Señor, que me reserves una estancia en la eternidad:
-Donde pueda descansar de las sacudidas que recibí injusta
o justamente
-Donde pueda dormir sin miedo ni sobresaltos
-Donde pueda despertar con un Padre que me acaricia cada mañana
-Donde pueda abrir la ventana contemplando a hombres y mujeres,
santos y apóstoles, que creyeron y murieron pensando y
anunciando ese horizonte
-Donde pueda abrir la puerta y contemplar, emocionado y absorto,
la gran familia de la Trinidad que vive e irradia amor
-Donde pueda salir al corredor celeste, y ver a una Madre que
compartió muchos momentos de la cruz en mis pruebas
Haz que cuando me presente en el recibidor,
lo haga con el calzado desgastado
de haberme comprometido en tu camino;
con mis labios limpios por haber defendido tu verdad
y, con mi mente, lúcida y despierta
por haberte descubierto como fuente de vida.
COMPROMISOS.-
Esta noche nos comprometemos a seguir a Jesús, Camino,
Verdad y Vida y a trabajar, ayudando a todos los que estén
a nuestro lado, para que ellos también encuentren este
camino que todos buscamos, muchas veces por sendas equivocadas.
.
En nuestro seguimiento a Jesús durante los jueves, tenemos
que fijarnos no solamente en su persona si no en su forma de ser
y actuar. Esta noche tenemos que tener presente las palabras de
Jesús.: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que
os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os
injurian. Tratad a los demás como queréis que ellos
os traten. Y todo esto sin esperar nada a cambio.
Nosotros casi siempre nos relacionamos por el interés,
nadie da nada sino tiene una esperanza de recibir. En cambio el
criterio de Jesús es otro. No se trata de si me amas yo
te amare, sino te amare aunque no me ames.
Hemos oído muchas veces la palabra del Señor: “Amarás
al prójimo como a ti mismo”; “Amaos como yo
os he amado”. El amor para Jesús, es más que
un precepto. Es una necesidad vital. “El que no ama está
muerto”. “El que no ama es un asesino”. Estas
palabras que nos suenan tan duro, son del Evangelista San Juan
en su primera carta y que esta noche vamos a escuchar en la lectura.
Para nosotros, seguidores de Jesús, el amor nos es un
artículo de lujo, algo que hace bonito y hasta puede impactar.
El amor es para nosotros, cuestión de vida o muerte, de
ser o no ser cristianos. Así de radical. Esta es la única
forma válida que nos propone Jesús, para relacionarnos
con los demás hombres, porque también es la única
forma válida de relacionarse con Dios. Quién no
ama al hombre, tampoco ama a Dios, así de claro.
Tenemos que amar al hombre y amar a Dios, en el hombre. Jesús
se esconde detrás de cada rostro humano, especialmente
de los rostros doloridos, pobres, hambrientos, olvidados, maltratados.
Estos rostros, como tantos que legan a nuestras puertas pidiendo
una ayuda, tienen que revelarnos con más fuerza las preferencias
de Jesús y nos está reclamando con urgencia, un
amor efectivo. Un amor operativo. Cualquiera que haga algo por
el dolor y dignidad de estos hombres con amor humanitario y solidario,
cualquiera que sea su ideología, su religión o su
fe, escuchará siempre las palabras de Jesús. “Conmigo
los habéis hecho”.
No hay amor cristiano sin justicia. El amor es más que
la justicia, pero no se puede hablar de amor allí donde
no reine la justicia. La situación de pobreza que están
atravesando tantas y tantas personas, es obra de la injusticia.
La forma de amarlos de verdad, es trabajar para que terminen sus
sufrimientos, para que dejen de estar marginados y dejen de estar
indefensos ante los ricos y poderosos. La consecuencia del amor,
es la justicia.
En nuestro amor por los demás, no podemos quedar fuera
a nadie. Tenemos que amar: al pobre y al rico, al oprimido y al
opresor, al negro y al blanco, al que nos quiere bien y al que
nos hace la faena, al asesinado y al asesino. El amor cristiano
o es para todos o no es cristiano.
ORACION. TODOS.-
Señor, tú
eres el amor y pones el amor en el corazón del hombre.
Tú amas siempre y
sin fatigas, de día y de noche, a tiempo y destiempo.
Tú quieres que amemos
a pleno a corazón, a todo hombre o mujer, rico o pobre,
anciano o niño, porque para vivir, Señor, necesitamos
el amor.
Danos un amor grande y
gratuito como el tuyo, un amor sin cálculos ni intereses,
un amor a fondo perdido.
Alimenta, Señor,
el amor que crece en el corazón de cada hombre, para que
te amemos como se ama a un padre, y amemos a cada hombre como
un hermano.
LECTURA.- (1 Jn 3,10-18)
REFLEXION.-
¿De verdad, considero a cada hombre mi hermano, y lo
amo como tal?
¿Amo al hombre por ser hombre? o ¿tengo que buscar
una motivación para amarlo?
¿Amo de verdad al que me ha hecho alguna faena? o ¿soy
de los que perdonan pero no olvidan?
¿Creo sinceramente que amo a Dios, sin ayudar a lo demás
en las necesidades que tienen?
¿He pensado, que al final, ante Dios, lo único
que cuenta es el amor?
PLEGARIA. TODOS:
Jesús, amar es el
verbo más hermoso.
Gastamos la palabra y nos
quedamos sin amor.
A ti que fuiste con la
vida por delante, que amaste antes de decirnos que tenemos que
amar, que curaste enfermos antes de mandarnos visitarlos, que
alimentaste hambrientos antes de decirnos que tenemos que darle
de comer.
A ti te decimos hoy:
Jesús, enséñanos
a amar como tú amaste.
Nos lo has puesto muy difícil:
amar siempre y a destajo, al fariseo, al escriba, al traidor que
te vende, a Pilatos el cobarde, al que traspasó con violencia
tu corazón.
Se puso el sol sobre tu
vida, jamás sobre tu amor.
Enséñanos
a amar, primero al que no tiene amor, ni pan, ni cariño,
ni vestido, ni casa, ni amigos.
Enséñanos
a amar al hombre, a todos los hombres, a la mujer, al niño,
al anciano, a fondo perdido, con un cheque en blanco.
Al final todo se termina:
las palabras bonitas, las cuentas corrientes, los rezos y las
oraciones bellas.
Al atardecer de la vida
solo queda el amor. Solo queda lo que hemos hecho con el hombre.
El amor, el tuyo y el nuestro,
se hará eterno en la mañana de la resurrección.
COMPROMISOS:
En esta noche, Señor, nuestro compromiso: poner todos
los medios a nuestro alcance, para que tanto los que creemos como
los que no creen, trabajemos para eliminar las desigualdades que
humillan al hombre y acabar con el dolor de los hombres y mujeres,
víctimas de la injusticia, sobre todo los que tengamos
a nuestro alrededor.
También nos comprometemos a compartir lo que tenemos con
el que lo necesita, acercándonos a él, sin esperar
que el tenga que venir a pedirnos ayuda.
Ayúdanos para que el servicio alegre y generoso al hombre,
sea la tarjeta de identidad de nuestro amor cristiano.
DIA 8 DE
MAYO DE 2008 ORACION
VIGILIA DE PENTECOSTES
La fiesta de Pentecostés, que celebraremos el próximo domingo,
es una fiesta muy importante en la tradición cristiana. Celebramos
la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia primitiva. El libro
de los Hechos de los Apóstoles, como escucharemos después,
cuenta que estaban todos los discípulos reunidos el día
de Pentecostés y, de repente, un ruido del cielo, resonó
en toda la casa y se llenaron todos de Espíritu Santo.
Debió de ser una experiencia nueva, fuerte, gozosa. En aquella
mañana de fiesta los cristianos salen a las calles poseídos
por una locura especial. Oyen comentarios de gentes que los toman por
borrachos, pero lo que ocurre es que sienten en el alma la presencia maravillosa
del Espíritu de Dios que les inunda.
A los hombres se nos reconoce y aún se nos califica por el espíritu
que nos anima:
El espíritu del poder, nos anima a luchar contra todos para subir,
sin él, posiblemente nos quedaría tranquilamente en nuestra
casa.
El espíritu de la competición nos anima a sacrificarnos
para poder subir al pódium.
El espíritu del dinero y de la influencia nos animan a vivir pendiente
todo el día de lo económico, viviendo solamente por y para
el dinero.
El espíritu de la vanidad que nos anima a estar siempre de actualidad
y en primera fila.
E incluso, hay hombres y mujeres a los que calificamos diciendo: “no
tienen espíritu”. Son los apáticos, los indiferentes,
aquellos a los que resulta difícil saber cuál es el impulso
que los anima, porque más bien parecen “inanimados”.
Esto es así. De tal manera que, al hombre se le reconoce perfectamente
viendo el espíritu que le anima.
Pues al cristiano, también se le conoce por ese Espíritu
que ha recibido de Dios si…
Elegimos siempre el último lugar pudiendo estar el primero por
derecho propio...
Si somos amigo de la verdad y procuramos ser siempre sinceros.
Si no hacemos distinción de personas, sonriendo a los ricos y tratando
despectivamente a los pobres...
Si cumplimos en nuestro trabajo con responsabilidad y nos alegramos de
que otros suban para ir pasando nosotros a un segundo plano, sin sentirnos
molesto.
Si colaboramos, buscando el bien de todos y no estamos pendientes de elogios
y felicitaciones...
Si no dudamos en dar generosamente nuestro tiempo y nuestro dinero a los
demás, para que sean un poco más felices.
Si amamos al prójimo como a nosotros mismo.
Y si todo esto lo hacemos por Dios: seremos un cristiano o una cristiana
al que nos anima el Espíritu Santo y al que se nos reconoce al
primer golpe de vista.
Pero, vamos a ser sensatos. Sinceramente: ¿cuántos cristianos
hay así? Quizá no muchos.
Es posible que, en cuanto a espíritu cristiano se refiere, seamos
muchos, aquellos a los que se nos podía calificar como “hombres
sin espíritu”, porque el espectáculo de nuestra vida
espiritual es el de una vida apática, indiferente y vulgar. Vamos
arrastrando pesadamente la carga de unos actos explícitos a los
que acudimos por “obligación” (Cuántos veces
hemos oído hacen la siguiente pregunta. ¿Vale esta misa
para mañana?,), y después de “cumplir”, apenas
ya nos queda nada de “ESPÍRITU” –con mayúscula-
en nuestra vida. Podría decirse que estamos en una etapa semejante
a la de los apóstoles en Pentecostés: miedosos, indiferentes,
sin captar la gran misión para la que Cristo les había elegido
a ellos y nos ha llamado a nosotros.
Por eso, la frase de Cristo: “Recibid el Espíritu Santo”,
es, o debe ser, una urgencia en la trayectoria de nuestro cristianismo.
Nos hace falta la confirmación de nuestra fe. Nos hace falta vivir
del Espíritu y que su impulso imparable nos sacuda de esa modorra
en la que vegetamos sin ser capaces de ofrecer al mundo el espectáculo
de un hombre o una mujer o una comunidad que cree y porque cree vive de
acuerdo con sus creencias.
Esta noche no puede ser una noche más en la que celebramos ritualmente
la “Vigilia del Espíritu Santo”, y continuamos sin
más, viviendo “sin espíritu”. Esta noche debe
ser una noche plena, trascendente, que deje huella y que nos impulse a
llenar ese vacío que encontramos a nuestro alrededor y que muchos
han llamado “crisis de espíritu” y que, para nosotros,
los cristianos, es crisis de Espíritu de Cristo, es decir, de Espíritu
Santo.
ORACION:
Señor Jesús, desde
el principio estuviste lleno del Espíritu.
El Espíritu te empujó a anunciar la buena noticia del Reino,
a hacer el bien sin distinguir entre buenos y malos.
Haz que estemos atentos para escuchar al Espíritu, el nos lo enseña
todo y nos recuerda todas tus palabras.
Haz que creamos en el Espíritu, que vivamos según el Espíritu,
que nos dejemos guiar por él para ser tus testigos.
Señor, que nosotros, y toda nuestra comunidad, estemos atentos
a lo que nos dice el Espíritu.
LECTURA.- ( Hch 2, 1-11)
REFLEXION:
¿Estoy verdaderamente convencido que el Espíritu de Jesús
está actuando sobre mi?
¿Mi actuación, en mi vida social, coincide con lo que el
Espíritu me aconseja?
¿Animado por el Espíritu, anuncio sin miedo ante todos el
mensaje de Jesús?
¿Soy de los que dicen amar a Dios, pero no me preocupan los problemas
de los demás?
¿Aprovecho mi situación económica y social para ayudar
a los demás, o me aprovecho de los demás para mis fines
particulares?
PLEGARIA:
Jesús resucitado, envía
a tu Iglesia el Espíritu,
que hizo fecundo el virginal seno de María,
que te empujo camino del desierto para estar a solas con el Padre,
que puso en tu boca la buena noticia,
que te lleno de entrañas de ternura para los niños y los
pobres,
que denunció a los poderosos, a ricos e hipócritas.
Como un regalo de Pascua envíanos
tu Espíritu,
que lo haga todo nuevo desde la raíz
el corazón de piedra que late en muchos hombres,
este mundo inhóspito para los nuevos pobres,
las cenizas de los hogares donde el amor no arde,
el automatismo de la máquina, la negra boca de la mina.
Jesús resucitado que vives
junto al Padre,
envíanos tu Espíritu, que grite en nosotros el gozo de ser
hijos,
que nos haga testigos valientes y creíbles,
de que existe el Amor y tiene un nombre: Dios,
de que existe una Esperanza y se llama Jesús.
Envíanos tu Espíritu,
que llene de sus dones el corazón del hombre;
amor, justicia, paz, ternura, sabiduría, verdad.
Espíritu de Jesús,
quédate con nosotros para siempre.
Haz que nuestra vida sea fecundamente
bella como la de Jesús.
COMPROMISOS.-
Señor, sabemos que se nos ha dado el Espíritu para construir
la comunidad y para un mejor servicio al hombre.
Esta noche nos comprometemos a que ninguno de sus dones se quede estéril.
Vamos a trabajar para que estos dones sean activos a favor del hombre
y de esta manera construir el reino.
También sabemos que el Espíritu se nos ha dado en abundancia
para ser testigos. Nos comprometemos a decir a los hombres con nuestra
vida y con nuestro estilo, que existe una nueva forma de ser hombre: la
que encarnó, reveló y vivió Jesús de Nazaret.
DIA 29 DE MAYO DE 2008 ORACION:
MARIA LA MUJER
VALIENTE Y SERVICIAL
MEDITACION:
Vamos a dedicar la oración de esta noche, como último
jueves de Mayo, a María, la Madre de Jesús y nuestra madre,
la mujer valiente y servicial.
En aquel día en que María fue la mujer sencilla y humilde
que dio el sí, como en este día, como en todos, Dios cambio
la hora en el reloj del tiempo y se quiso hacer presente entre nosotros
y entonces, todo comenzó a tener esperanza.
María es la mujer sencilla y humilde, pero también es la
mujer valiente, que se entregó totalmente a Dios. Dejó que
Dios hiciera en ella lo que deseara. Tuvo el valor de ser sincera con
Dios. Cuando el ángel le da el mensaje que había sido elegida
para ser la madre del Mesías, María se ofreció valerosamente
con su sí, sin pensar ni comprender lo que aquello significaba.
Durante todas las etapas de su vida, demuestra ser esa mujer valiente.
Belén, la huida a Egipto, la pérdida de Jesús en
el templo, y sobre todo el martirio y muerte de su hijo. En todo momento
de dolor y sacrificio dio muestras de su valentía.
A los seguidores de Jesús se nos han predicho sufrimientos de toda
índole, tanto en lo físico como a nivel psíquico,
originados por agentes externos o por una fuerza dentro de sí.
Pero el mayor sufrimiento para nosotros, está en la lucha interior
y espiritual, entre continuar siendo el hombre viejo o dejar que Jesucristo
sea el Señor de nuestra vida, dejando como María que Dios
haga en nosotros lo que quiera. Jesús entra en nuestra vida y nos
exige que dejemos todo, pero nosotros continuamos agarrados a nuestras
posesiones, sean de la clase que sean, siendo esto para nosotros lo primero.
Está claro que mientras nuestro seguimiento de Cristo, sea impersonal,
a nivel de observar los grandes mandamientos, es fácil ser cristiano.
Pero cuando Dios nos empieza a pedir un compromiso más total de
nuestra vida en su servicio, entonces ya no es tan fácil. Las cosas
comienzan a ponerse pegajosas, nos retorcemos, nos resistimos, encontramos
excusas y evadimos nuestro sí total. En urna palabra hacemos como
el joven rico del Evangelio, agachamos la cabeza y nos marchamos. ¿Porqué?
Porque no estamos preparados para pagar el precio que Jesús nos
pide. Porque no tenemos la valentía de María para decir
sí, ni la entrega total a Dios, para que este haga con nosotros
lo que quiera.
María, es también la mujer servicial. Se olvida de si misma
para entregarse a los demás. Con su actitud de servicio nos está
hablando de entrega, de comprensión, de saber acoger al más
pequeño, al más necesitado, a todos los que tiene a su alrededor.
Tan pronto se entera del embarazo de su prima Isabel, sin que nadie le
pida nada, allá va María porque pueden necesitarla. En las
boda de Caná allí esta María solucionando su problema.
Y así durante toda su vida
Esta noche tenemos que meditar si nuestra aptitud es semejante a la de
María. Muchas veces nos convertimos en personas voluntarias para
ayudar a través de las tantas ONG que hoy existen, todas dignas
de elogio y ayuda, a aquellas personas que no conocemos, los lejanos y
nos olvidamos que muy cerca de nosotros, a nuestros alrededor, se pueden
crear auténticas ONG sin tener que salir de nuestro ambiente para
ayudar a tantas personas que viven cerca de nosotros, incluyendo nuestras
propias familias, ya que muchas de estas personas no necesitan una ayuda
económica o asistencial, pero quizás si una ayuda de amistad,
de comprensión, de cariño e incluso de esperanza.
María es el ejemplo para nosotros esta noche. Ella ha sabido compaginar
el amor a Dios y el amor al prójimo. Es aquí donde se esconde
una de las grandes lecciones de su vida, María ama a Dios, pero
también al necesitado.
Amar a Dios tiene que ser nuestra repuesta para el que sabemos nos ama
por encima de todo, y amar a los demás es la repuesta clara de
que verdad amamos a Dios.
Amar a Dios y a los demás, a todos los demás es nuestro
gran reto de esta noche.
ORACION:
Virgen y madre de Dios, para buscar
nuestra perfección, tu vida es un ejemplo a seguir.
Fue tan grande el amor que Dios
te tenía, y al que tú supiste responder, que El mismo no
quiso privarse del amor de una Madre.
Se encarnó en tu vientre,
porque supiste decir Si al mismo Amor, que llamó a la puerta de
tu corazón.
Tú porque fuiste siempre
de Dios, respondiste con generosidad.
Haz que seamos de valientes como
tú y que nuestro Si a Dios, sea como el tuyo, una entrega total
a El. Un servicio constante a los hermanos.
LECTURA:(Mc 10,17-23)
REFLEXION
¿Cuál es mi aptitud ante el compromiso con Dios? ¿La
de María o la del joven del Evangelio?
¿Mí Sí a Dios es de total entrega? o ¿está
condicionado por algo o por alguien?
¿Cómo es mi actuación con las personas que tengo
a mí alrededor?
¿Descubro a Dios en lo pobres, en los que sufren, en los enfermos?
Para María, igual que para su hijo Jesús, sus preferidos
son los que sufren, los explotados, los de sin techo. ¿Cuáles
son mis preferidos?
PLEGARIA
María, pensamos que te equivocaste
al olvidarte de ti misma para atender a los demás.
Para nosotros primero somos nosotros
y después si nuestras ocupaciones lo permiten y no perjudican nuestros
intereses, los demás.
Esta noche, siguiendo tu ejemplo,
queremos poner ante ti a todos los hombres, mujeres y niños, jóvenes
y ancianos.
Tú sabes, mejor que nosotros,
de sus sufrimientos y sus dolores.
Tú, mejor que nadie conoces
las heridas profundas que no llegan a curar.
Te ofrecemos los pueblos arrasados,
doloridos, explotados.
Pueblos que han sabido luchar por
su libertad, pero las armas de los poderosos han podidos con ellos.
Pueblos enteros acribillados por
el odio, el orgullo, el poder….
Pueblos que sufren al ver morir
su pasado, su historia, su presente y su futuro.
Pueblos explotados.
Te ofrecemos a los hombres y mujeres
que no tienen un techo, un hogar, una familia…..
Acógelos con el manto de
tu bondad.
Cobíjalos al calor de tu
cariño de Madre.
Tú que olvidabas tus propios
problemas para arreglar los problemas de los demás: atiende nuestras
peticiones para los desamparados.
Enséñanos a nosotros
a ser valientes, serviciales y generosos como lo fuiste tú.
COMPROMISOS:
Esta noche, siguiendo el ejemplo de María, nos comprometemos
a ser valientes, a entregarnos totalmente a tu servicio y al servicio
de los demás.
No comprometemos a tener una mayor disponibilidad y prontitud para dar
nuestro SI, a todo lo que TU quieras de nosotros, aunque, como María,
no entendamos muchas cosas, pues sabemos que tus proyectos son muy diferentes
a nuestro proyectos.
Renovamos, una vez más, nuestro compromiso, de estar siempre,
como hizo María, al lado de los más pobres, de los que pasan
hambre y de tantos y tantos que por ser más débiles, son
arrasados por los poderosos.
Nos comprometemos a poner todo nuestro esfuerzo y trabajo para evitar
y aminorar, todas estas diferencias.
MEDITACION.-
Dios lleva la iniciativa en la historia de la salvación. Pero no
lo hace todo. Necesita de nuestra colaboración. Dios llama, y como
creyentes debemos escuchar, discernir y responder a su llamada
A veces creemos que nuestro papel en la sociedad y en la Iglesia es la
de meros es¬pectadores, "a verlas venir" y en otras ocasiones
somos "simples consumidores" porque asistimos a todo lo que
sucede en la sociedad de una forma pasiva y en la Iglesia nos comportamos
como "clientes" que vamos a consumir aquello que necesitamos,
pero sin complicarnos la vida ni en la sociedad, ni en la Iglesia; eso
se queda para los políticos, para los curas y algunos laicos que
no tienen nada que hacer.
Por ejemplo:
• En la sociedad asistimos impasibles a los acontecimientos que
se suceden diaria¬mente y como mucho, criticamos a los gobiernos de
turno y a quienes tengan responsabilidades; pero no estamos dispuestos
a mover un dedo para aportar so¬luciones, "que busquen ellos
las soluciones que para eso les hemos votado, o son los responsables y
para eso los pagamos"; luego hablando con los demás solo nosotros
parece que sabemos hacer las cosas, los demás no se enteran.
• En la Iglesia sucede lo mismo: con asistir a Misa los fines de
semana, bautizar a los hijos, apuntarlos a la Catequesis para que hagan
la Primera Comunión, ca¬sarse, enterrar a los familiares y
alguna que otra celebración puntual, ya estamos satisfechos. Los
que así se comportan son los "clientes
de la Iglesia",
que van sólo a consu¬mir celebraciones, pero nada más;
eso sí, luego dicen: "la Iglesia no da una cierta", 'la
Iglesia está fuera de este mundo", "la Iglesia no se
en¬tera de lo que está pasando en el mundo", "la
iglesia está trasnochada y antigua", la iglesia no tiene soluciones
a los problemas de hoy" ...a veces tenemos razón con estas
críticas, pero no hacemos nada y no "arrimamos el hombro"
para paliar estas carencias.
Por eso: TÚ, TAMBIÉN ERES NECESARIO:
• Para que la Iglesia sea la auténtica comunidad de los seguidores
de Jesús y no un club de tiem¬po libre.
• Para que la Iglesia sea cercana a las alegrías y tristezas,
a las esperanzas y los gozos de la hu¬manidad de hoy.
• Para que la Iglesia sea capaz de ofrecer solucio¬nes eficaces
y válidas a los problemas que tene¬mos hoy planteados en la
sociedad.
La muerte y resurrección de Cristo nos llama a participar en !a
salvación del mundo:
• Cuando quiso dar de comer a tanta gente que lo seguía "como
ovejas sin pas¬tor", pidió la colaboración de un
muchacho que tenía cinco panes y dos peces y a los apóstoles
les encargó de repartir a todos el pan y el pescado multiplicado.
• Cuando convirtió el agua en vino en Caná, pidió
la colaboración de los criados para que llenasen de agua las tinajas.
• Cada vez que sucede una curación, pide a los que solicitan
su ayuda que tengan fe y se realizará según su fe (Jairo,
el ciego de nacimiento...).
La crítica es necesaria y conveniente; pero para conseguir un mundo
mejor hace fal¬ta, además de la denuncia profética,
tu presencia y la mía para buscar soluciones para que la Iglesia,
en medio de nuestro mundo roto por la violencia, las discordias y la guerra,
sea de verdad un recinto de paz y de fraternidad. No hay que conformarse
con criticar los fallos, nos tenemos que comprometer también en
buscar soluciones porque TÚ, (co¬mo yo) TAMBIÉN ERES
NECASARIO en el mundo y en la Iglesia.
Por eso nunca digas: no se, no valgo, no puedo, no tengo fuerzas, no entiendo,
esas cosas son para los que saben. Ahora en la carta a los Corintios,
escucharemos como el Espíritu Santo ha repartido sus dones s todos,
y esos dones que ha recibido cada uno, son los que tiene que poner al
servicio de los demás.
Para hacer Iglesia y pueblo, todos somos necesarios, todos valemos sabemos
y podemos.
Si tienes cinco, pon cinco, si tienes dos, pon dos, si tienes uno, pon
uno, pero nunca te quedes a verlas venir, como un mero espectador.
ORACION
Padre, somos una pequeña
comunidad dentro de la iglesia grande.
Hemos escuchado tu llamada, para
vivir el seguimiento de Jesús, formando todos juntos un solo grupo.
Te damos gracias por fijarte en
nosotros, por despertarnos de nuestra soñolencia y hacernos vibrar
con una vocación comprometida.
En el proceso de la vida hemos ido
conociendo que toda vocación cristiana arranca del bautismo y se
resume en hacer tu voluntad.
Pero seguimos sin ser fieles a nuestra
vocación. No queremos comprometernos ni complicarnos la vida. Seguimos
anteponiendo nuestras propias cosas, comodidad, apatía, dinero
etc. a tu llamada.
Padre, guíanos hacia la verdad
del Evangelio.
Ayúdanos a no ser meros espectadores
sino, ser consecuentes con tu llamada.
Concédenos el coraje de Jesús,
capaz de arriesgarlo todo, hasta la propia vida, por ser fiel hasta el
final.
Confiamos en ti y agradecemos tu
llamada.
LECTURA.- ( 1Cor, 12, 1-12)
RELEXION.
¿Me encuentro
completamente convencido de la llamada de Dios?
¿Estoy convencido
que mi trabajo es necesario en la comunidad?
¿Soy de los
que pienso que para hacer eso hay otros?
¿Soy valiente
y humilde para descubrir y reconocer los dones recibidos?
¿Pongo estos
dones recibidos del Espíritu Santo al servicio de los demás?
PLEGARIA.-
Padre, hoy recibimos la llamada
de Jesús y la fuerza de tu Espíritu que nos convierte.
Como los primeros discípulos,
nos penetra la invitación a trabajar por tu Reino.
Queremos que nuestra comunidad sea
un lugar de encuentro y de servicio, un canto a la libertad y a la esperanza,
una celebración continua de perdón, un hogar caliente y
una mano tendida a la amistad, una mesa donde haya siempre alegría
y pan.
Nos comprometemos, Padre, a dejar
los enredos y las criticas y arrimar nuestro hombro, para que todos aprendamos
a seguir a Jesús, el ideal de nuestra vocación. A construir
la paz, la belleza y la justicia, a vivir en amor y en caridad evangélica.
Estamos agradecidos por tu invitación.
A pesar de que nos complicas la
existencia, te decimos. ¡Gracias!.
Nos llamas a poner nuestros dones
al servicio de la comunidad y te decimos: ¡Cuenta con nosotros!
Sabemos que no es fácil,
pero merece la pena.
Estás a nuestro lado y esto
nos basta.
COMPROMISOS.-
Señor, me comprometo
esta noche, a vivir mi fe con entusiasmo y entrega.,
A realizar a favor
de la Iglesia, todo aquello que yo pueda, sin pegas, ni trabas, ni excusas.
A ponerme al servicio
de todos con mi palabra y mi testimonio, para que se haga realidad la
frase de la oración de esta noche: “YO TAMBIEN SOY NECESARIO”