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Art.20

Antes de crear esta sección he intercambiado algunos correos con José, una persona que aunque no es de Calamonte, me ha dado a entender que ha estado algún tiempo entre nosotros y nos tiene en buena estima,pero ultimamente no tiene la posibilidad de conocer el estado de las cosas locales, por lo que me alentaba a crear una página de política general en la que el estaría dispuesto a colaborar, así llego mi compromiso de crear la sección en el momento que el me enviara el primer articulo y aquí esta la sección y el articulo del amigo José.

EL MIEDO A LA DEMOCRACIA



Me considero un hombre de izquierdas, crítico, demócrata, ciudadano del mundo (internacionalista), tolerante y respetuoso.
Por todo ello y tras algunos correos con Andrés, cuya página web me parece bien y que creo sinceramente, que con estas nuevas aportaciones de política general puede ganar algo, me he atrevido a redactar este artículo.
El título creo que ya dice algo, y justifico el porqué: En este país tan cainita que llamamos España, todos somos la releche hasta que nos tocan nuestras ideas, y no estamos habituados a que nadie nos las cuestione o que las tenga diferentes. Vamos al grano del asunto: la inmensa mayoría nos consideramos demócratas, tero en realidad la democracia nos da miedo. Sólo hay que ver la que se arma en cuanto alguien intenta plantear cuestiones que se salen de lo "normalmente aceptado", recientemente hemos podido ver, escuchar y leer en los medios de comunicación que cuando alguien saca a colación el debate de la Jefatura del Estado (Monarquia o República), parece como si se atacase a la esencia misma del ser humano y para una reflexión sensata, deberiamos de hacer algo de memoria.
En esta nuestra tierra en la que "nos ha tocado vivir" (y bastante suerte tenemos de no haber nacido en Etiopia, Somalia, etc.etc.), durante la inmensa parte de nuestra historia nos han gobernado personas que por el hecho de haber nacido en cierta cuna y tras la formación durante su etapa de "puer-i", alguna que otra intriga en la que se llevaban por medio a hermanos, padres y otra parentela y alguna guerra que otra, la cual se hcaia de la sangre, el sudor y lágrimas del pueblo, pues se erigian en regidores de nuestros destinos y como se suele decir el que más pudiese se llevase el gato al agua y a "joderse y aguantazrse". Pero llegó un momento en que algunos se cuestionaron estos principios (por entonces me imagino que a la mayoría se les tacharia de locos) y decidieron romper las reglas del juego, reglas en las que nunca participaron en su redacción (lease llegó la Revolución Francesa) y entonces el pueblo se dio cuenta que podía ser actor y director de su destino.
Pues bien, en nuestra España eso también sucedió, la última vez con la proclamación de la II República Española, pero rápidamente sin apenas haberse echado a andar, ya se conjuraron los poderes fácticos para hacerla morir, cuarenta años hubo que sufrir la dictadura, es decir lo mismo que las monarquias absolutistas, por los cojones de un caudillo salvador de patrias. Y este mismo, nos impuso a un sucesor para regir nuestros destinos. Algo falló, por diversos motivos este regidor impuesto (llamese Rey Juan Carlos I por la gracia de...), no se ajustó al guión establecido y tras ciertas maniobras posibilitó el que surguiese una democracia en España, democracia que en agradecimiento a ese tránsito no cruento, en su Carta Magna y para en ese momento evitar males mayores, lo promulgo Rey en una Monarquia Parlamentaria.
Sin entrar en mayores disquisitudes y tras su papel en el 23-F, los españolitos aceptamos aún de mayor grado a este impuesto. Su papel en los años de democracia y el de la Casa Real no ha sido malo, muy al contrario es de agradecer el que sean, en cierta forma discretos y den algunos de los espectáculo a los que estamos acostumbrados en algunas monarquias europeas.
Pero de ello, a que ya no se pueda plantear en que momento los españoles queramos volver a ser totalmente dueños de nuestro destino, hay una gran diferencia.
Suele plantearse sobre el tema diversas cuestiones para no tocarlo, el miedo a la involución,, el que nos va muy bien como estamos, etc. Cada uno de los argumentos a favor o en contra de la actual monarquia podría en sí mismo ser tema de debate. Pero no quiero referirme al presente, me gustaría palntear ¿ Y cuando este Rey muera qué? ¿Por qué no podríamos opinar los españoles sobre nuestra futura jefatura del estado? Si no hay nada malo en ello.
No me digan que la Constitución, pués para asegurar la igualdad de sexo en la línea dinástica, estamos dispuestos a modificarla, ¿Por qué no para esta cuestión?
Simplemente un referendum y tras hablar el pueblo, pues todos aceptaremos los resultados. Pero yo me planteo ¿Por qué silenciar a la democracía?

Espero con este artículo suscitar un debte sosegado sobre el tema y pido disculpas por la redacción sexista que he tenido, prometo en un futuro utilizar la @ (lo considero más acertado que estar continuamente con el Los-Las) para no serlo, pero como justificamos en la mayoría de los caso: son ya usos de muchos años y pereza en la corrección.

Un saludo para ti Andres y para tod@s los calamonteñ@s.

 




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