![]() |
Julian Cano Tames El Cantinero
Soleando el alma |
|
Hace unas semanas me comentaron que Julian Cano a lo largo de su vida había ido escribiendo de su puño y letra algunos textos y poemas sobre sus vivencias y parece ser que había sido entrevistado en Telemerida sobre esos escritos, un familiar común me hizo llegar un documento y le encargué que que hablara con Julian por si quería que le publicara algo en la pagina a lo que este accedió generosamente, enviándome unos cuantos folios, algunos de los cuales voy a exponer en esta pagina, por considerar que son un reflejo del pensamiento de parte de la sociedad rural de posguerra. Espero que a Julian le guste el titulo SOLEANDO EL ALMA |
Recuerdos
de niño |
|||
| Me
acuerdo cuando era niño cuantas veces me llegaron a pegar, porque
llegaba tarde a casa con la ropa rota y sucia y la cara araná, porque
me subía a jugar en aquellos viejos olivos que había en el
moral. Por eso, cuando paso ahora, y veo que llanos están, me entra una pena y una tristeza, que no lo puedo remediar, cuando me acuerdo que en aquellos olivos viejos todos los niños de Calamonte alguna vez fuimos allí a jugar. Y de aquel cementerio viejo que estaba junto a la Iglesia, que los muchachos de mi barrio íbamos a jugar. Me acuerdo de Don Paulino, el cura, que se asomaba por la ventana de la sacristía y empezaba a regañar, y salíamos corriendo y nos escondíamos en el molino sansinela o en los olivos viejos del moral. Y de aquel pozo Mirabobo, que estaba en un puntal, cuantas cosas buenas y malas habría visto salir y entrar. Y de aquel pozo y aquel pilar que estaban a la entrada en la ciudad, de frente al camino de Mérida, allí iban todos calamonteños a darle agua a sus animales. Y el pozo dulce que estaba junto al matadero, cuantos moros en el se llegaron a lavar, que iban al frente de Don Benito y sé quedaban allí tiraos y no regresaban más. Y aquellas calles de piedras que los niños íbamos a jugar, corriendo por ellas descalzos, y nunca nos pasaba na. Y la fiesta de San José, que venía la banda de Valverde a tocar, e íbamos todos los muchachos detrás para oírlos tocar. Y aquella ermita de San José que estaba en lo alto de la plaza de España, frente al Ayuntamiento, cuantos alcaldes habría visto salir y entrar. |
||||
| Recuerdos
del Abuelo |
Me gusta mi tierra | |
| El
la puerta del cortijo un hombre sentado está, en una silla de madera,
el asiento de bayón, y entre sus manos un bastón. El cabello blanco, la cara llena de arrugas, la barba de unos días sin afeitar, su petaca de tabaco, el librito de papel y el mechero. Con sus manos temblorosas el cigarro no dejaba de liar, la mirada triste y apena, miraba para la montaña sin dejar de susurrar. A donde habrán ido aquellos pájaros que acudían a bandas. Ya no se ven cuervos, ni buitres, ni avutardas, ni Águila real, ni aquellos pajaritos que en primavera entre las ramas de los árboles empezaban a anidar. Con su voz temblorosa y apaga le decía a su mujer Josefa: Mira Josefa, mira para la montaña, está triste y desoía, ya no se ven aquellos pájaros que en las rocas y en las copas de los árboles se solían aposar. Que pena de aquellos tiempos, tiempos que ya no vendrán, ver la montaña verde y ver los pájaros volar, y el río con sus aguas puras y cristalinas, ahora están todas sucias y todas contaminas. Me acuerdo cuando éramos jóvenes y a él ibas a lavar, con el cesto de ropa en la cabeza la vereda abajo y a los chiquillos detrás, yo la panera te iba a llevar. Mientra tu lavabas la ropa, los chiquillos se metían en el agua sin dejar de chapotear, yo mientras cogía unos peces para por la noche cenar. Que pena da mirar todo esto, ver la montaña tan triste y desoía, y ver aquel río con sus aguas puras y cristalinas en el que se veían los peces nadar. Esto es lo que ha conseguido el hombre con tanta mecanización, que estén todas las atmósferas contaminadas, Josefa esto ya no tiene solución. |
Cuando
voy por esos campos, pena y tristeza me da ver los embalses secos, los ríos con sus aguas sucias y contaminas y ver los montes secos y negros porque los pirómanos no los dejan de quemar. Me gusta ver nacer el nuevo día, el sol por la mañana alumbrar, los arroyos llenos de agua y los labradores cuando van al campo a sus tierras labrar. Me gusta la noche clara la luna en ella alumbrar, ver caer la lluvia y la montaña nevá. Me gusta ver los campos y montes verdes, las aguas por sus cañadas bajar a los pajaritos volando, los labradores haciendo sus labranzas y los pastores con sus rebaños pastar. Me gusta la primavera, ver los árboles florar, el easépo con sus espigas el campo lleno de flores y los ríos con sus aguas puras y cristalinas que no estén contaminas. Me gusta ver a los jornaleros cuado van al campo a trabajar las mujeres y los hombre todos felices y contentos cuando ganan su jornal. Me gusta que llegue el 15 de mayo, ver a los romeros con sus carrozas adornas detrás de su patrón San Isidro hasta llegar a su ermita y el cura les diga la misa para ponerse a rezar. Para rogarle e implorarle que proteja sus cosechas de toda clase de mal y para que llueva y se llenen los embalses para cuando llegue el verano sus cosechas poder regar. |
|
![]() |
| Mi Pueblo | Orgullo de ser Calamonteño |
| En las Vegas Bajas del Guadiana, adonde
las aguas bajan serenas y calmadas y las gentes trabajan y se afanan,
el sol alumbra fuerte y con rabia, hay un pueblo que está al resguardo
de una sierra, "Los Mártires de San Servan" adonde se
esconde el sol por la tarde cuando se va. Metido entre dos autovías, la Nacional V y la Vía de la Plata, tiene a San José por patrón, adonde las gentes se levantan por la mañana a trabajar con alegría e ilusión. Hubo tres grandes hombres que nunca se podrán olvidar: Felipe Álvarez, alcalde cuando la República, Don Ricardo, maestro nacional que lo mataron sin tener compasión de na y un curandero, Don Natalio que todos los huesos sabía curar. Hoy, al cabo de los años, la luz vuelve a brillar, la brisa de la mañana es fresca y sana. Esta bonita ciudad parece una tacita de plata donde la luna por la noche se refleja en su cara y el sol le tiene envidia al verla tan resplandeciente sin dejarnos de alumbrar. Donde la juventud disfruta y se divierte y canta, las mocitas son preciosas y guapas, donde la aurora sus caras resplandece por la mañana cuando se van a levantar. Es un pueblo adonde hay camaradería y amistad, lleno de ilusión donde los mayores disfrutan y descansan y van a la Casa de la Cultura y al Hogar del Pensionista a echar un rato con los amigos y juegan a las cartas y van a bailar. |
Cuando llega el
mes de marzo ya va a llegar la Primavera, ya se ven las golondrinas volar,
y también se ven los forasteros por el pueblo paserar. Llega San José, de Calamonte su patrón, que todos los calamonteños lo adoran con fe y devoción. Cuando voy por las calles no me dejo de encontrar, aquellos viejos amigos de la juventud y de la infancia y nos empezamos a saludar, recordando viejos tiempos, que nunca podremos olvidar. Cuantos recuerdos y añoranzas de aquellos tiempos atrás, de aquellos viejos amigos que se marcharon un día a buscarse la vida, y muchos, por desgracia, no volverán a regresar. Calamonteños divinos, de nobleza sin igual, el cualquier sitio del mundo o lugar que estéis, siempre llevaréis con orgullo la bandera de los tres cerditos, de esta vuestra bonita ciudad. Por eso, cuando llega San José, no lo podéis remediar, que por muy lejos que estéis, como podáis nos venís a visitar, para ver a vuestro Patrón y a vuestros seres queridos poderlos besar y abrazar. Por eso, cuando os marcháis, siempre lleváis en vuestros corazones el nombre de esta ciudad extremeña, que se llama Calamonte, y que es vuestra ciudad natal. |
| A los Jornaleros | Mi niña está enamorá | |
| Ya
empieza a rayar el nuevo día Para que a sus
hijos Los puedan alimentar y criar. |
José,
que le pasará a la niña, la veo como disgusta, tiene la
carita triste y no tiene ganas de jugar, ya no juega a la rueda, ni salta
a la comba, ni tira piedras al río, ni va con sus amiguitas al
campo a pasear. No te parece extraño en una niña de su edad, mira María que soy perro viejo, a mi la niña no me la da, que ya tiene quince años, seguro que está enamora. ¡ Vigila hombre, vigila! Y los ojos de mi padre fueron dos centinelas vigilando por toda la ciudad. Hasta que un domingo por la tarde nos vio en la plaza sentados en un banco, haciéndonos caricias, sin dejarnos de besar. Mi padre se fue pa casa sin decirle a nadie na, y cuando llegó le dijo a mi madre, ¡María, la niña está enamora!. Que la he visto con un muchacho sentados en un banco, en la plaza, haciéndose caricias, sin dejarse de besar. ¿ Con quien José?- Con el hijo del panadero el de la calle de atrás. No le vayas a regañar, que eso nos pasaba a nosotros cuando teníamos su edad. Descuida, mujer, descuida. Mi padre encendió un cigarrillo, se enteró como te llamabas de nombre, a mi me compró una peineta y una bata de lunares, y a ti un sombrero cordobés y unos zajones de hombre. Y nos dio su jaca alazana engalana, para que nos fuéramos a la ferie de Sevilla a pasear. Y yo, feliz y contenta, te regalé dos cintas rojas que engalanaban mis trenzas. Y la grupa de la jaca a tu cintura yo iba agarra, y era la novia más feliz y contenta que paseaba por el recinto ferial.
|
|
| LA GOLONDRINA | LA FIESTA DE SAN JOSE EN CALAMONTE | |||
| Golondrina,
tú que todas las mañanas en la reja de mi ventana estás
posada y alborotada, no dejas de trinar y me haces despertar.
|
Cuado llega
el mes de marzo, la primavera está al llegar,
|
|||